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Facundo Montes, facundom@diariolaflecha.org artículo 5 de 8
 
 

Le temblaban las piernitas

 
  Había un pelado de barba, un gordo de pelo largo, una que estaba irreconocible y otra como si el tiempo no hubiera pasado. Unos 15. Hablamos de Ariana la maestra, de pequeñas anécdotas agrandadas por el paso del tiempo y algo de nuestras trayectorias. Unos cuantos no nos habíamos visto más, era extraño volver a hacerlo. Era la segunda reunión y de las anécdotas pasamos a temas más actuales. Parece que el corralito les había pegado distinto a unos y a otros, incluso hubo beneficiados, no se bien por qué, cosa que escuche desde mi derecha: “Cavallo tenía razón, lo que pasa es que no lo escucharon”... Silencio. Cuando me recuperé del golpe atiné a decir que nunca había oído semejante afirmación con tanta soltura de cuerpo…

Pero no teníamos la misma confianza. Evidentemente habíamos cambiado, habíamos crecido.

Antes compartimos juegos, aprendizajes, experiencias. Pero ahora nuestra posición en la sociedad y ante sus problemas era otra. Profundamente otra. Después de ayer me quedó la duda de si resistimos una reunión más o cuando se acaben las anécdotas nos cagamos a trompadas.

Cada uno tomó sus decisiones. Y parece que de esto se trata crecer: de tomar posición.

Como
Según Martín, vos, yo, nosotros somos libres, pura potencialidad. Teniendo en cuenta las limitaciones culturales y sociales tales como la clase, la estructura económica, la organización política, la historia, costumbres, valores, religión, tradiciones, que no elegimos y nos marcan, igual podemos tomarle que es verdad, algo de libertad nos queda.
Entonces.
¿Cómo es que avanzamos? ¿Cómo crecemos?
Tres palabras robados a otro amigo pueden ayudar a empezar:
1 – Deseo
2 – Decisión
3 – Voluntad

El primero, el deseo, no se refiere a aquello que uno/a quiere en un instante como un antojo, sino a cuestiones un poco más importantes, profundas, existenciales. Deseos que guían la vida u orientaciones hacia la vida anhelada.

Decisiones. Difíciles de tomar, tendemos a retrasarlas o a ignorarlas. A toda costa las queremos evitar. Son jodidas porque implican también una renuncia a todo lo que no elijo, lo que produce angustia y culpa.

Pero para crecer es inevitable tomar decisiones. No tomarlas sería “dejarse llevar por una existencia inauténtica” o, en criollo, que las circunstancias nos lleven, que lo que pasa alrededor me vaya obligando a reaccionar.

Visto positivamente, decidir es una herramienta útil mediante la cual yo, tú, él podemos ir creando nuestro mundo y la realidad que vivimos. Nos construimos en base a decisiones.

Volviendo al antes. En el colegio uno/a se relacionaba con los miembros de su curso por amistad pero también porque estaba ahí todos los días. Cuando eso termina y cada uno elige su camino se da un importante cambio a nivel personal, que se expresa tanto con los amigos como en otros aspectos de la vida.

Tomando posición
Hay un cambio. Estaba allí como todos; ahora estoy parado distinto, en otro lugar que elegí. Si eso es cierto, quiere decir que puedo elegir como y donde posicionarme.

¿Y como se hace eso? Despacito, despacito, despacito. La elección de la carrera y la cursada, quieras o no, es un tiempo de pequeñas elecciones de posición (determinada profesión, un área específica, interacción con unos y no otros actores sociales, etc.). Uno puede dejarse llevar por lo que propone el entorno o pensar por sí mismo. Entonces ese tiempo puede ser una oportunidad para reflexionar sobre cómo es vivir en sociedad y cómo quiero que eso sea, más allá de amigos y conocidos. Cómo quiero construir mi lugar, mi ideología, mi relación con la política, la información que me llega, mi relación con las empresas, partidos, organizaciones, y algo más.

Todo esto no está dado. Podemos elegirlo.

Con deseos en las manos y algunas decisiones tomadas puedo concretar. Es un buen momento para llamar e invitar a la sociedad a tomar algo. Y en un bar, tranquilos, con tiempo, conversar sobre nuestra relación.

Volver a vernos, ahora que somos grandes…


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LF30 pág. 06-07, 2009.
 
 

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