Hoy vi a 20 tipos haciendo una entrevista a la gente de una
organización.
Y tuve un ataque de simpleza.
Todos concurríamos por un trabajo práctico.
Estábamos interesados, al menos eso parecía.
El cuadro era fantástico, 20 que se acercaban, 20 con
pilas, 20 jóvenes para esta organización que necesita
renovación. Si fuéramos 20.
20. solo 20.
¿Y si fuera más fácil?
Nos dedicamos a generar redes sociales entre vecinos y
organizaciones, si quieren pasar, si quieren sumarse -dijo el
coordinador-, si son de la zona, pueden participar, tienen el
teléfono…
Si 20 se sumaban triplicaban la organización.
¿Y si ante la propuesta dijéramos que si?
Al final, ¿es tan complicado?
Si le preguntás a Montes te empieza a decir que esta
es otra época, que no es problema de los jóvenes, que
las malas experiencias, que las instituciones, que malas
propuestas, que para muchos “política” es mala palabra…
Para mí, es que no tenés ganas, que te importa tres
carajos que unos puedan hablar 7000 palabras y otros
se contenten con 500 nomás. No te llega, no entra que el
cuarenta por ciento de los habitantes manejan el 75% de la
guita que se mueve y que el sesenta por ciento restante se
queda sólo con el 25%.
Entonces seguimos así.
Y somos bárbaros y estudiamos y trabajamos y somos
responsables.
Y seguimos así.
Eso que tenemos 20 o 20 y pico.
Creo que es más fácil.
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