« La Flecha 29 | Fractura expuesta
   
Facundo Montes, facundom@diariolaflecha.org artículo 5 de 8
 
 

MAS ALLÁ DE LAS BOCHAS

 
 

Experiencia
…durante dos o tres meses la cosa era a puro beso y las manos quietas. No sé por qué, yo creo que no lo pensé, además de esas cosas no hablábamos nunca pero alguna vez que en su casa no había nadie nos tiramos en su cama y empezamos a abrazarnos fuerte, y un día ella descubrió que yo tenía una cosa dura entre las piernas, casi sin querer. Que increíble, ¿no pato? Yo sabía lo que era coger, claro, todo lo que vos me habías contado primero, y después otros, el naso, el ruso, pero de alguna manera yo lo veía como algo demasiado lejano… (1)

Experientia deriva de experior, que a su vez proviene de intentar. Experimentar es, pues, probar y descubrir las cosas, con lo que se consigue un conocimiento y la pericia sobre ellas. No hay experiencia sin una interacción con un objeto.

La proximidad de aquello ya experimentado puede producir una relación, tanto de rechazo como de apego, de amor, odio y los más variados sentimientos, pero pocas veces de indiferencia. Ésta, por el contrario siempre está presente ante aquello que no se conoce, sobre aquello que está fuera de nuestra órbita y con lo que no hay vínculo posible.

No la tengo
La experiencia de vivir en familia, de trabajar en una empresa, de una pareja, de comprar marcas, de un modo de relacionarnos con los desconocidos, la escuela, el deporte, la forma de vincularnos con los vecinos en un departamento, prácticas que nos van señalando cómo es la vida en sociedad. Qué esperar y qué no.
Experiencias de vida, pericias adquiridas de una determinada interacción humana. Peritus (=docto, práctico).

La sociedad tienen sus características propias, una de éstas es la fragmentación. Nos hemos morfado en pequeños bocados una sociedad caracterizada por la falta de asociaciones y colectivos que trabajen en el ámbito social y político, donde no hay vínculos novedosos o creativos entre los ciudadanos, donde no es fácil encontrar unión en el barrio, ni entre los barrios. En la que no hay asambleas, ni sociedades de fomento más allá de las bochas. Donde no hay debate, ni diálogo, ni espacio de cruce con gente de otra clase.

Sumar muchos NO, da NO. No experiencia, ni práctica de colectivos y lazos sociales.

Y no se extraña ni se desea. No importa, preocupa, ni ocupa. O al menos muy poco. ¿Por qué? Según la hipótesis de este artículo, no sentimos, no nos duele estar en una sociedad fracturada porque nunca experimentamos otra cosa. No nos duele la ausencia de los lazos por que nunca los tuvimos. No conocimos lo que es interactuar con otros ni estar organizados, ni vincularse en el ámbito de lo social o lo político. Por lo tanto no hay conciencia de esa ausencia.

Re pito. No sé, no sabemos lo que nos estamos perdiendo. A no ser en teoría.

No extrañamos.

Imaginación
Sin sexo, a eso de los 13 o 14, uno puede imaginar de qué se trata a partir de algunas caricias y unos pocos besos. ¿Se puede partir de pequeñas experiencias para imaginar o fantasear todo? La imaginación, ¿puede mover el deseo como para que crezca y lo tome todo?

Imaginar. Imaginar es la posibilidad de tener presente la imagen de algo que en el momento está fuera del alcance de nuestros sentidos, de representar idealmente una cosa y crearla aunque sea en la mente.

Si somos vírgenes de colectivo, si aún no experimentamos, ¿podemos imaginar a partir de poco y soñar como es eso? Partir de unas caricias y besos, como aquellas grandes charlas en el bar donde “cambiamos el mundo”, la marcha de la que participé hace tiempo, la juntada de firmas del otro día, el mail que conteste sumándome al reclamo por lo del Riachuelo, aquel proyecto del que me contaron, esa radio comunitaria y los vecinos reunidos... Sólo besos. Pero besos que pueden ayudarnos a imaginar, a fantasear un verdadero encuentro, un entrelazamiento al desnudo.

Imaginar una sociedad sin fractura y como encontrarla, ¿será mucho? Todas las noches, en la oscuridad de mi refugio, te veo pasear. Mi imaginación se despierta, poco a poco mi mente empieza a elucubrar. Desde mi reino imagino el color de tu piel, las sombras me protegen y tras la cortina imaginaria de mi retiro, empiezo a imaginar como seria el contacto de tus pechos... besar tu cuello. No puedo ir mas allá, tras ver la cadencia de tu paseo, ver el movimiento alegre de tus caderas, una vez más... y van tantas, no puedo dejar de ver mi cuerpo encima del tuyo. Una vez más intento recrear tus jadeos en mi oído, una vez más… Todas las noches sueño, algún día, tendré ese valor para darte todo lo mejor de mi... para darte placer. (2)
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(1) Martín Caparrós (2000): “No velas a tus muertos”. Ediciones de La Flor, Buenos Aires.
(2) “Paseo nocturno” Disponible en http://www.literaturaerotica.org/2009/04/paseo-nocturno.html


 
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LF29 pág. 06-07, 2009.
 
 

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