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Experiencia
…durante dos o tres meses la cosa era a puro beso y las
manos quietas. No sé por qué, yo creo que no lo pensé,
además de esas cosas no hablábamos nunca pero alguna
vez que en su casa no había nadie nos tiramos en su cama
y empezamos a abrazarnos fuerte, y un día ella descubrió
que yo tenía una cosa dura entre las piernas, casi sin
querer. Que increíble, ¿no pato? Yo sabía lo que era coger,
claro, todo lo que vos me habías contado primero, y
después otros, el naso, el ruso, pero de alguna manera yo
lo veía como algo demasiado lejano… (1)
Experientia deriva de experior, que a su vez proviene de
intentar. Experimentar es, pues, probar y descubrir las
cosas, con lo que se consigue un conocimiento y la pericia
sobre ellas. No hay experiencia sin una interacción con un
objeto.
La proximidad de aquello ya experimentado puede
producir una relación, tanto de rechazo como de apego,
de amor, odio y los más variados sentimientos, pero pocas
veces de indiferencia. Ésta, por el contrario siempre está
presente ante aquello que no se conoce, sobre aquello
que está fuera de nuestra órbita y con lo que no hay
vínculo posible.
No la tengo
La experiencia de vivir en familia, de trabajar en una
empresa, de una pareja, de comprar marcas, de un modo
de relacionarnos con los desconocidos, la escuela, el
deporte, la forma de vincularnos con los vecinos en un
departamento, prácticas que nos van señalando cómo es
la vida en sociedad. Qué esperar y qué no.
Experiencias de vida, pericias adquiridas de una
determinada interacción humana. Peritus (=docto,
práctico).
La sociedad tienen sus características propias, una
de éstas es la fragmentación. Nos hemos morfado en
pequeños bocados una sociedad caracterizada por la
falta de asociaciones y colectivos que trabajen en el
ámbito social y político, donde no hay vínculos novedosos
o creativos entre los ciudadanos, donde no es fácil
encontrar unión en el barrio, ni entre los barrios. En la que
no hay asambleas, ni sociedades de fomento más allá de
las bochas. Donde no hay debate, ni diálogo, ni espacio
de cruce con gente de otra clase.
Sumar muchos NO, da NO.
No experiencia, ni práctica de colectivos y lazos sociales.
Y no se extraña ni se desea. No importa, preocupa,
ni ocupa. O al menos muy poco. ¿Por qué? Según
la hipótesis de este artículo, no sentimos, no nos
duele estar en una sociedad fracturada porque nunca
experimentamos otra cosa. No nos duele la ausencia de
los lazos por que nunca los tuvimos. No conocimos lo que
es interactuar con otros ni estar organizados, ni vincularse
en el ámbito de lo social o lo político. Por lo tanto no hay
conciencia de esa ausencia.
Re pito. No sé, no sabemos lo que nos estamos
perdiendo. A no ser en teoría.
No extrañamos.
Imaginación
Sin sexo, a eso de los 13 o 14, uno puede imaginar de qué
se trata a partir de algunas caricias y unos pocos besos.
¿Se puede partir de pequeñas experiencias para imaginar
o fantasear todo? La imaginación, ¿puede mover el deseo
como para que crezca y lo tome todo?
Imaginar. Imaginar es la posibilidad de tener presente la
imagen de algo que en el momento está fuera del alcance
de nuestros sentidos, de representar idealmente una cosa
y crearla aunque sea en la mente.
Si somos vírgenes de colectivo, si aún no
experimentamos, ¿podemos imaginar a partir de poco y
soñar como es eso? Partir de unas caricias y besos, como
aquellas grandes charlas en el bar donde “cambiamos
el mundo”, la marcha de la que participé hace tiempo,
la juntada de firmas del otro día, el mail que conteste
sumándome al reclamo por lo del Riachuelo, aquel
proyecto del que me contaron, esa radio comunitaria y los
vecinos reunidos... Sólo besos. Pero besos que pueden
ayudarnos a imaginar, a fantasear un verdadero encuentro,
un entrelazamiento al desnudo.
Imaginar una sociedad sin fractura y como encontrarla,
¿será mucho? Todas las noches, en la oscuridad de mi
refugio, te veo pasear. Mi imaginación se despierta, poco
a poco mi mente empieza a elucubrar. Desde mi reino
imagino el color de tu piel, las sombras me protegen y
tras la cortina imaginaria de mi retiro, empiezo a imaginar
como seria el contacto de tus pechos... besar tu cuello.
No puedo ir mas allá, tras ver la cadencia de tu paseo, ver
el movimiento alegre de tus caderas, una vez más... y van
tantas, no puedo dejar de ver mi cuerpo encima del tuyo.
Una vez más intento recrear tus jadeos en mi oído, una vez
más… Todas las noches sueño, algún día, tendré ese valor
para darte todo lo mejor de mi... para darte placer. (2)
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(1) Martín Caparrós (2000): “No velas a tus muertos”. Ediciones de La Flor, Buenos Aires.
(2) “Paseo nocturno” Disponible en http://www.literaturaerotica.org/2009/04/paseo-nocturno.html
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