Cuando nos creímos -a fuerza de palos y miedos- el
cuentito, cada uno se tiene que, de los individuos que
consumen y compiten libremente, preocupar, capaces
de prescindir de la articulación con otros, por uno
mismo, nos olvidamos de que algunos problemitas
sociales, que no me tomen la facultad, no los íbamos a
poder resolver solos, porque puedo perder el cuatrimestre,
lo que deriva en un fuerte sentimiento, yo quiero estudiar
¡¿está mal eso?!, de impotencia. No nos representan,
como que se nos pasó de largo, no nos tienen en cuenta,
que íbamos a quedar vulnerables, nos cobran lo que
quieren, incapaces de imponer nuestra voluntad, no
nos escuchan. Nos fuimos disgregando alejando nos
quedamos, porque hay que estar bien uno, impotentes
perdimos.
Ahora, los individuos libres y fragmentados, nos damos
cuenta que quienes tienen el poder lo usan, como quieren
y para lo que quieren. Que ellos sí están organizados
y ocuparon todos los espacios que nosotros dejamos
vacíos. “¡Qué malos que son!” podríamos pensar. Puede
ser. Pero yo prefiero creer que los sectores que concentran
el poder actúan como es esperable, y que si nosotros -los
sinpoder- no anduviéramos cada uno por nuestro lado,
podríamos empoderarnos y hacerles frente, con otras
ideas y otros objetivos.
¿Más claro? La ú op ni ción ca es or que ga al ni go ce que
mos per nos mi plan ta tar y nos plan u tear na al ba ter sa na
da ti en va la coo la pe in ra clu ción, sión y la i g u a l d a d.
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