Hacía un tiempo que estaba viendo mal. El oculista no
había notado nada, daltónico nunca, sin embargo todo
estaba un poco descolorido, como apagado. En el laburo
las paredes hace tiempo estaban raras, un tono azulado,
algo grisáceo, todo igual, especialmente las puertas y
los teléfonos. El cambio era tan lento que nadie parecía
percibirlo. Otras noches, otros tonos, llegaron.
Pero una mañana llegó lo peor.
Me no-levanté como siempre, remoloneé un poco, fui al
baño medio dormido, me lavé los dientes, la cara… y al
abrir me pegué el susto de la vida: todo absolutamente
rojo. La remera de dormir un rojo pálido, el inodoro y
la pileta un poco más claro, las toallas naranjas. Salí
corriendo, cortina, ventana, y la gente en la calle mirando
para todos lados (como cuando nevó), todos sacando
fotos, boludeando en los árboles rojos sin entender nada.
Prendí la tele y había imágenes de Buenos Aires, donde
además del rojo, el amarillo había tomado la zona oeste y el
azul el centro. Tres zonas, tres colores. Sólo monocromos.
Todo era igual y había una quietud que parecía de un sueño
(de esos que uno no puede avanzar), me pellizqué, pero
nada, todo igual. Sólo había variación de lo mismo.
Cambié de canal y un reportero que parecía un pitufo, le
hacía una entrevista al director de Bellas Artes: “…hay
grupos de los colores llamados acromáticos, esos que en
un circulo (cromático) se sitúan en la zona central y tienen
la característica de perder tanta saturación que no se ve
en ellos el matiz, el color original…” ¡La puta! Puse más
fuerte: “…luego están los colores monocromáticos, son
variaciones de saturación de un mismo color (matiz), un
desplazamiento de un color puro hasta el centro del círculo
pero sin combinar con ninguno distinto… Parece que este
fenómeno es lo que ha ocurrido en la ciudad…”
¡¿Qué?! Todo teñido por colores monocromáticos
que polarizándose en los tres colores primarios no
dejaban posibilidad de combinación.
El horno. Apagué. Probé pintar. Sabía que
había otros, los colores dobles y las tríadas
complementarias, esos tres colores equidistantes
entre sí y posibles de combinar, los grupos de
colores complementarios, los que se encuentran
simétricos respecto al centro de la rueda y también
las gamas múltiples, pero no, ya no me pintaba.
Intenté despertar, hice fuerza pero todo siguió igual.
Me senté a esperar. El despertador nunca sonó.
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