« La Flecha 29 | Fractura expuesta
   
Ezequiel Carrera, info@diariolaflecha.org artículo 2 de 8
 
 

COLORANTES PERMITIDOS

 
 

Hacía un tiempo que estaba viendo mal. El oculista no había notado nada, daltónico nunca, sin embargo todo estaba un poco descolorido, como apagado. En el laburo las paredes hace tiempo estaban raras, un tono azulado, algo grisáceo, todo igual, especialmente las puertas y los teléfonos. El cambio era tan lento que nadie parecía percibirlo. Otras noches, otros tonos, llegaron.

Pero una mañana llegó lo peor.

Me no-levanté como siempre, remoloneé un poco, fui al baño medio dormido, me lavé los dientes, la cara… y al abrir me pegué el susto de la vida: todo absolutamente rojo. La remera de dormir un rojo pálido, el inodoro y la pileta un poco más claro, las toallas naranjas. Salí corriendo, cortina, ventana, y la gente en la calle mirando para todos lados (como cuando nevó), todos sacando fotos, boludeando en los árboles rojos sin entender nada.

Prendí la tele y había imágenes de Buenos Aires, donde además del rojo, el amarillo había tomado la zona oeste y el azul el centro. Tres zonas, tres colores. Sólo monocromos. Todo era igual y había una quietud que parecía de un sueño (de esos que uno no puede avanzar), me pellizqué, pero nada, todo igual. Sólo había variación de lo mismo.

Cambié de canal y un reportero que parecía un pitufo, le hacía una entrevista al director de Bellas Artes: “…hay grupos de los colores llamados acromáticos, esos que en un circulo (cromático) se sitúan en la zona central y tienen la característica de perder tanta saturación que no se ve en ellos el matiz, el color original…” ¡La puta! Puse más fuerte: “…luego están los colores monocromáticos, son variaciones de saturación de un mismo color (matiz), un desplazamiento de un color puro hasta el centro del círculo pero sin combinar con ninguno distinto… Parece que este fenómeno es lo que ha ocurrido en la ciudad…”

¡¿Qué?! Todo teñido por colores monocromáticos que polarizándose en los tres colores primarios no dejaban posibilidad de combinación.

El horno. Apagué. Probé pintar. Sabía que había otros, los colores dobles y las tríadas complementarias, esos tres colores equidistantes entre sí y posibles de combinar, los grupos de colores complementarios, los que se encuentran simétricos respecto al centro de la rueda y también las gamas múltiples, pero no, ya no me pintaba.

Intenté despertar, hice fuerza pero todo siguió igual. Me senté a esperar. El despertador nunca sonó.
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LF29 pág. 04, 2009.
 
 

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