Convivencia es, básicamente, vivir juntos
(que no es lo mismo que habitar en el
mismo lugar). En contraposición a la idea
de vivir juntos aparece una preocupación
central: la violencia, y con ella una
conclusión necesaria: si hay violencia
no puede haber convivencia, no puede
haber manera (democrática) de vivir juntos.
La exhibición descarada, casi obscena, de autos importados,
ropa cuyo precio equivale a la comida mensual de una familia
pobre, accesorios extravagantes, ¿no es un poco violenta?
Donde el ser es equivalente al tener, los que más tienen (los
que más pueden comprar) les recuerdan al resto todo lo que
no tienen, todo lo que no son y les hacen entender todo lo que
no van a poder ser.
Olvidémonos incluso de que no es “natural” que unos tengan
mucho y otros no tengan nada, de que para que unos ganen
otros tienen que perder, de que hay una situación injusta, por
la que el trabajo de unos vale mucho más que el de otros. Así
y todo, ¿hay derecho a tener y mostrar cualquier cosa porque
se tiene plata? ¿Qué pasa con el que está al lado, y que capaz
la está pasando mal?
Si la ostentación es violencia y sobre la violencia no se puede
construir ninguna manera de vivir juntos, entonces no hay
convivencia posible. Para que lo sea, la base debe ser la
igualdad, el diálogo, el sentimiento de pertenencia a una comunidad.
Y mientras no haya acceso a los bienes y servicios
fundamentales para todos, se complica.
Otra alternativa es seguir aceptando las cosas como
están, sabiendo que en el mercado sólo sobreviven los
más fuertes, y que el más hábil, actuando *libremente*,
saca provecho como sea, y bancarnos la misma ley para
la calle, donde el que está más preparado (o tiene menos
que perder) saca provecho como sea, afanando un auto,
una billetera o un celular. ¿No es la misma lógica?
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