« La Flecha 26 | Convivencia
   
Natalia Gentile , info@diariolaflecha.org artículo 3 de 7
 
 

Alejandro tenía razón

 
 

- ¡No es así!
- ¡Sí!, te digo que es así
- Estás equivocadísimo
- Vos no entendés nada

¡Basta de discusiones! Si pudiéramos ignorar las diferencias o, mejor, si pudiéramos borrarlas y alcanzar la homogeneidad, entonces, ya casi no habría trabas a la hora de relacionarnos con el otro. Si todos pensamos lo mismo, hacemos lo mismo y vemos lo mismo, el camino hacia la comunidad está hecho… ¿no?

En un mundo homogéneo sería fácil estar unidos, convivir. Imaginemos un planeta en el que todos los habitantes tuvieran los mismos gustos, entonces los menues de los restaurantes constarían de un solo plato, habría un único gusto de helado, la ropa luciría como uniforme... ¡uh! ¿Un toque monótono capaz? Pero lo bueno es que si pensaran igual bastarían con un par de libros escritos para contener todo el saber del planeta… mmm sería bastante chato. Y si todos vieran la realidad de la misma forma alcanzaría con unas pocas películas,obras de teatro, pinturas para expresar toda la verdad sobre la existencia… ¡Qué embole! El lado positivo es que si todos tuvieran las mismas emociones existirían media docena de canciones y poesías en todo el mundo… ¡¿Todo el día dele que te dele con la misma cancioncita?! Lo bueno es que en un planeta así todos los habitantes amarían a la misma persona y esa persona sólo se amaría a sí misma ¡UPA! En un planeta como ese no sería posible distinguir entre comunicarse con los otros y hablar con uno mismo ya que todos diríamos más o menos lo mismo… se complica. Lo importante es que en un lugar como ese… ¡BASTAAAAAAAAAAAAAA!

Por suerte, en NUESTRO planeta lejos de una forma única, homogénea, lo que la vida social nos muestra a cada paso es que existe una multiplicidad de maneras de ver, hacer y pensar, cada una de ellas relacionada con los intereses, los valores, las experiencias, las costumbres, en fin, con la cultura de cada grupo social.

Y entonces, ¿por qué seguir creyendo que la única forma de entendernos es pensando, actuando y viendo igual? ¿Por qué ver a la homogeneización como la única posibilidad? ¿Para qué seguir intentando anular o ignorar las diferencias? ¿Por qué no reconocer que, aunque es complicado, es mucho más interesante vincularnos con el otro no a pesar sino a partir de ellas? Sabiendo que no es necesario ser iguales para relacionarnos, sino que, por el contrario, son nuestras diferencias culturales, es la diversidad la que enriquece la vida social. ¡Uf! Por suerte “no es lo mismo, es distinto”
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LF26 pág. 04, 2008.
 
 

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