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Laura Milano, lauram@diariolaflecha.org artículo 4 de 9
 
 

Paquetipos

 
 

Sabemos que los tiempos en la televisión son tiranos, que en los diarios la noticia de hoy es papel viejo mañana y que en la radio a las palabras se las lleva el viento. Asimismo Internet es un laberinto de links, que la hace inabarcable.

Miles de nuevas noticias, comentarios, opiniones, relaciones, circulan día a día por los medios de comunicación. Circulan y se renuevan.
La producción no se toma respiro, para estar en carrera la máquina de contenidos no debe detenerse nunca. Y como en toda gran fábrica, la mejor forma de optimizar es estandarizando el producto. En este caso el mensaje mediático.

Sabemos que los contenidos en los medios son construidos, ok. El tema es cuando intervienen en la construcción del otro. Y ahí se arma la hecatombe. La devacle total. Una seguidilla de hechos bochornosos que incluye los prejuicios, las definiciones despectivas, los intereses de ciertos grupos sociales, los consumidores, el otro.

Para lograr la eficacia y el consumo ampliado, rápido, fácil como una hamburguesa, los medios representan el mundo a través de categorías, personificaciones, definiciones. Y así nomás... te presentan el desfile de personajes que habitan este mundo, identificables a partir de ahora con un nombre y unas características particulares. Por ejemplo: los motochorros, los narcos peruanos, los floggers, etc.

El Otro me llega como estampita coloreada por los medios. El Otro viene en un blister armado y empaquetado por la simplificación que opera en cada producto mediático.
A pesar de la supuesta “variedad” que podemos consumir de ellos y de las enormes dosis de estímulos diferentes que recibimos, las etiquetas que los medios usan para identificar quien es quien están bien definidas.

Son etiquetas, son etiquetas, son etiquetas... me repito.
La fábrica mediática no me va a vender otra Barbie.
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LF25 pág. 05, 2008.
 
 

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