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Ya habíamos arrancado -en la 24- pensando cómo nos vinculamos con los que tenemos cerca, esos que son bastante parecidos a nosotros, los amigos, la familia, aquellos con los que compartimos el estudio, el trabajo, la vida.
Esta vez nos preguntamos qué pasa con los que están más lejos, con los que no nos cruzamos, no compartimos ámbitos, estudio ni trabajo. Con los que ‘’supuestamente’’ no tenemos mucho que ver y no hay relación. Esos desconocidos que creemos muy diferentes a nosotros.
Desconocidos, si, pero no tanto. Porque de alguna manera pensamos y nos formamos ideas sobre esos otros, a pesar de que nunca nos hayamos encontrado. No sabemos bien de donde salen esas imágenes o por qué están en nuestras cabezas. Pero están. Ahí. Siempre presentes.
¿Serán ideas inocentes? ¿Estarán alejadas de la realidad o no? Puede ser, pero así y todo influyen directamente en la forma en que actuamos.
Pensemos juntos! ¿Por qué no rever esas ideas que tenemos?
Va un ejemplo: seguro que vimos pocos chinos en nuestra vida. Pero tenemos una idea de como son, que hacen, como viven y que comen. Lo mismo pasa con uno del altiplano, o el que vive a diez cuadras de casa. Enseguida vamos a poder dividir e identificar a algunos grupos, cada uno con sus características, lo que pensamos de su forma de vida y costumbres.
Le apostamos al encuentro posta. Y por eso nos adentramos en este tema. Porque lo que pensamos que es la realidad puede no ser más que una imagen un tanto distorsionada.
Es un bardo, sí. Pero puede ser distinto.
¿Y? ¿Qué ves cuando me ves?
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