| |
A- Sabés que te quería decir que el otro día…
B- El otro día yo vi una peli que no sabes, resulta que trataba de...
A- Ah yo al cine hace mucho que no voy, pero justamente lo que te iba decir era que...
B- Pero si me dijiste que hace poco fuiste a ver esa que te gustó, una que trataba de...
A- No, yo no fui...bah si fui, pero hace bastante y mucho no me gustó, en fin ¿qué te estaba diciendo?... Ah si, que te quería decir que…
A diario nos cruzamos con palabras, frases que se trasladan por el aire…vienen y van, se mezclan, se empastan, se chocan.
Contamos cosas y nos cuentan otras. Discutimos y discuten con nosotros. Pedimos cosas y nos piden otras a cambio. Casi todo el tiempo hablamos y nos hablan, lo cual parte de nuestra necesidad de relacionarnos y comunicarnos.
Ahora, ¿podemos decir que cuando hablamos estamos dialogando?
Los griegos entendían al diálogo como un fluir del sentido, de los sentimientos, de los pensamientos, entre las personas, a través de la palabra. Es decir, como un intercambio, un ida y vuelta.
Hablar y dialogar se suelen usar como sinónimos, pero muchas veces creemos que dialogamos cuando en realidad solo estamos hablando. ¿Te mareé?
En distintos aspectos de la vida, actuamos atravesados por hábitos, así como para comer, para estudiar también los tenemos para hablar. Hábitos que hemos interiorizado tanto hasta el punto de casi no percibirlos. Esta naturalización de nuestros actos hace que sea bastante difícil cambiarlos, porque si no los vemos ni conocemos, claramente no lo podremos modificar.
B- Esta peli que vi es genial, no sabés, tenés que ir, viste cuando ves una peli que te quedás fascinado y...
A- No creo que me guste, no solemos tener el mismo gusto
B- Pero… ¿Cómo sabés? Quizás esta te gusta…
A- No, seguro que no
B- ¿Cómo podes saberlo? Yo creo que sí, esta muy buena, en serio
A- No, prefiero ir a ver una que realmente valga la pena…
Te propongo un ejercicio. Trata de recordar alguna charla, una reunión con amigos o alguna cena familiar por ejemplo. Te doy unos segundos…
¿Ya está?
Bueno, tiempo Odol en el aire…sin repetir y sin soplar…
¿Cuántas veces miramos para cualquier lado menos a los ojos del que nos habla?
¿Cuántas veces interrumpimos al otro antes de terminara su idea?
Mientras el otro nos está hablando, ¿lo escuchamos atentamente o solo escuchamos un blablablabla porque estamos concentrados pensando en qué vamos a decir apenas se calle?
¿Cuántas veces después de un largo rato de discutir nos damos cuenta de que, en realidad, estábamos diciendo lo mismo? Y si llegáramos a percatarnos que coincidíamos con la postura del otro, de todas maneras ¿cedemos en darle la razón alguna vez?
Si tu repuesta es “Ninguna” realmente te felicito ¿Cuándo me invitas a charlar un rato?
B- Uff, pero no perdés nada con ir a verla, te digo que está muy buena
A- Para vos estará buena, pero a mi no me va a gustar…
B- Bueno mirá, hace lo que quieras!!! Pero que cerrado che...
A- ¿Yo? No, estas confundido. Es que si no me va a gustar ¿para qué voy a ir? Pero vos no toleras una opinión diferente, hay que ser un poquito más abierto a lo que proponen los demás, ¿no te parece?
Si observamos que repetimos ciertas actitudes es porque estamos habituados a ellas. Entonces esos pequeños hábitos, quizá, sean los obstáculos que muchas veces interfieren en la comunicación con los otros.
A veces no entendernos puede que no tenga que ver tanto con el qué sino con el cómo. Digamos, no en lo que hablamos sino en cómo hablamos. Si percibimos al diálogo en términos de enfrentamiento entre dos partes y no como una construcción, mejor ni nos sentemos a hablar.
“En un contexto de conflicto (…) en el que todo el mundo habla de diálogo, de la misma manera que ocurre con otras ideas que se someten a un uso social y político generalizado, el concepto de diálogo corre riesgo de desvirtuarse y de perder su potencial transformador” (1)
¿Qué pasaría si dejáramos de pensar tanto en un “sentarnos a hablar” y nos proponemos un “sentarnos a escuchar? ¿Qué pasaría si lográsemos poner frente al otro nuestros supuestos en suspenso, sin que esto implique desecharlos o reprimirlos? ¿Y si pudiéramos, antes de hablar nosotros, escuchar lo que nos están diciendo?
“… nuestro conocimiento no progresa o se enriquece solo con verdades, sino también, con opiniones, puntos de vista, perspectivas, ideas parciales…”(2) .
Si no percibimos a la comunicación, al diálogo con el otro, como una forma de intercambio de ideas, sentido, conocimiento, y solo lo entendemos como mero canal de expresión de nuestros conceptos y pensamientos (que tomamos como inamovibles) las relaciones se quedan ahí estancas, no avanzan, cada uno vuelve a su casa con lo mismo con lo que salió.
B- Dejémoslo ahí... bueno ¿y qué era lo que me ibas a decir?
A- Mmm no sé, ¿te iba decir algo?…
NOTAS:
(1) “Corregir nuestra idea de diálogo” – http://www.edualter.org/material/denip2004/corregir.htm
(2) Fantoni Josefina; Riera de Lucena Elba, “El diálogo, una oportunidad también para la ciencia”, Univ. Nacional de Sgo. del Estero. http://www.etica.org.ar/fantoni.htm
http://www.free-hugs.com
«
|
|