El arte fue casi siempre un privilegio de clases altas. Es a los ricos y famosos de la historia a quienes debemos agradecerles por Leonardo, Tiziano, Rembrandt y Picasso. Pero hoy la cosa está rara.
¿Y el arte? Igual que el Fernet o la bailanta. Pintar paredes fue siempre una actividad marginal o política. Hoy, en un proceso análogo al que ocurre con la cumbia villera que se baila en onerosas fiestas de casamiento, pintar paredes también puede ser arte.
El stencil se apodera de una herramienta marginal, subversiva, casi, siempre política, y la convierte en vehículo de cierta perspicacia e inteligencia…
Kalil Llamazares en Hasta la victoria, stencil!
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