Estaban Clarita y mamá Inés charlando sobre su cumpleaños número 4. Clarita ya se imaginaba todo: los regalos, la fiesta, los amiguitos. Inés, preocupada por el entusiasmo de su hija, le advirtió: -“Pero mirá que julio queda lejos”. A lo que Clarita respondió: -“¿y por qué no nos tomamos un colectivo?”
Viajar es un hecho cotidiano que tiene una gran significación en nuestra vida. Viajar es movernos, es hacer, es no quedarnos sentados e ir a buscar lo que queremos.
Pero para llegar a esos lugares que buscamos, tenemos que recorrer largos trayectos que nos comunican y esto nos demanda tiempo. Haciendo unas cuentas rápidas: si viajamos 4 veces por día durante 20 minutos, en un mes llegaríamos a la módica suma de 40hs mensuales.
¿Difícil de digerir? Si, pero mucho más difícil se hace con las trabas cotidianas que tenemos que afrontar. Por ejemplo:
¿Por qué no se pone una máquina que -además de aceptar monedas- incorpore tarjetas recargables, así no tenemos que comprar cosas que no necesitamos?
¿Por qué tenemos que bancarnos en el subte esos chillidos que nos rompen el tímpano?
¿Por qué esperamos media hora un bondi y después vienen tres juntos?
¿Por qué tenemos que viajar tan apretados, y hasta pedirle a otra persona que nos saque el boleto porque ni siquiera llegamos a la máquina?
¿Por qué el servicio de trenes tiene tan poco mantenimiento y se corta tan seguido?
¿Por qué Metrovías apoya una campaña de inclusión al discapacitado, y mientras tanto en las bajadas de subte las sillas de rueda no ruedan?
Es un gran dilema pensar por qué nos bancamos tantas cosas, por qué se vuelven normales ante nuestros ojos, tanto que ya ni siquiera nos inmutan.
¿Qué sentimos? ¿Esto no puede ser diferente?
Cuando son chiquitos, los elefantes en cautiverio son atados con una soga que durante días intentan desatar. Pero luego, al ver que no pueden, se rinden a ser prisioneros. Siendo grandes los siguen atando con la misma soguita que podrían soltar con facilidad, pero ya no lo intentan porque no creen tener la fuerza suficiente.
Aunque vivimos quejándonos, paradójicamente, la Comisión Nacional Reguladora del Transporte (ente que controla el servicio público de transportes) recibe muy pocos reclamos de los usuarios. Por intermedio suyo, podríamos quejarnos cotidianamente por los inconvenientes que tenemos, haciendo notar que no estamos conformes con el servicio que prestan las empresas. Las quejas se pueden hacer por mail, o por teléfono (1)
También hay varios blogs que están recopilando firmas para hacer pedidos masivos y quejas originales para llamar la atención (2).
Además estuve pensando en otras alternativas para empezar a difundir. Y se me ocurrió pensar en el tranvía, medio que tuvo 99 líneas solo en la capital. Este fue devastado por intereses empresarios del transporte automotor, que en vez de complementarlo lo sustituyo. Es un transporte que no contamina y que se usa en la mayoría de las grandes ciudades por su eficacia. Tal vez podríamos ser cada vez más los Amigos del Tranvía (3).
También está la posibilidad de subirnos a la bici. Sé que algunos trayectos no dan, pero otros se hacen mas rápido y ganando salud física y mental. Si cada vez somos más los ciclistas, tendrán que hacer bici sendas, o crear estacionamientos públicos adecuados, como para poder hacer una parte del recorrido en bici y después seguir por otro medio.
Y podríamos incorporar el río como una ruta de transporte. Si hay lanchas colectivas en el Tigre, ¿por qué no podría haber en el centro? Por ejemplo, que vaya de Retiro al conurbano por el Río de la Plata.
O quizás armar una red de teleféricos… o más divertido de aerosillas!! O que..., está bien, me excedí, pero no me digan que no estaría bueno tomarse una aerosilla hasta Callao y Corrientes!
Bueno, hablando en serio, hay varias cosas que podemos ir intentando. Para empezar podemos abrir la cabeza. Quizás la soguita no sea tan gruesa…
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(3) Asociación ad-honorem que intenta mantener el tranvía en funcionamiento y que por el momento lo hace en Caballito. http://www.tranvia.org.ar
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