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Mirar.
Oir.
Tocar.
Oler. Gustar.
Frenar y ver. Sentir y pensar. Una propuesta.
Ahora de un poco más lejos. Vamos otra vez: mirar, oír, tocar, oler, gustar sentir, pensar el espacio por donde circulamos, con mucha gente, ruido, calles, bondis, baldosas, flores, basura, bellezas, una mano que te pide, bocinas, sonrisas, mezcla de olores a las 12, smog, insultos, subtes y más gente…
En el medio de todo de esa gente, siendo más gente para otra gente, estamos nosotros, los otros de los otros, intentando respirar, encontrarnos, comer, ver y vernos, cantar o hablar casi perdidos en la multitud.
Personas. En.
En la urbe, la polis, la metrópolis, la megalópolis. En la ciudad.
En ésta, la autónoma y el gran, que parecen rodearnos por el desorden, la variedad, las posibilidades y las desigualdades que dan dolor de panza.
Nacimos o nos acercamos después y en ella nadamos entre ambigüedades, crecemos queriendo estudiar, trabajar, divertirnos, en medio de alegrías y buscando buenos encuentros.
El lugar donde habitamos nos da la posibilidad de crecer, pero también nos modela y nos limita. La propuesta de esta Flecha es frenar. Parar un toque. Tomar algo de distancia del devenir cotidiano y desde allí mirar donde estamos, oir con atención lo que cotidianamente llega a nuestros oídos, tocar lo que tengo, por donde voy, con quien estoy, oler (con moderación), gustar… no solo un pancho, aunque sea super.
Conocer un poco más el ámbito en el que nos movemos nos puede dar libertad y cierta autonomía para vincularnos con otros de diferente manera y, aunque no este de moda, debatir, organizarnos o estar en silencio un buen rato y quien sabe cuanto más.
- ¿La Ciudad como lugar de encuentro?
- Puede ser…
- ¡Dale apúrense!
- ¿Que te pasa?
- No están en el campo pelotboluds... ¡tienen que entrar otros!
- Heeee... ¡plop!
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