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Facundo Ullmann, info@diariolaflecha.org artículo 2 de 9
 
 

EN MEDIO PARA...

 
 

El primer encuentro pusimos sobre el tapete todos los temas que salían para hablar de “prácticas democráticas”. A mí me interesó algo que llamamos Nuevas Tecnologías de la Información, y me mandé con eso, para tratar de relacionarlo con lo de la participación ciudadana. La segunda vez había investigado un poco, y llevé a la reunión algunas ideas sobre el tema. “Tendrías que definir mejor lo que querés decir”, coincidieron todos, mientras me miraban con cara rara. Y el famoso temita generó más polémica que respuestas felices.
El problema en realidad es que yo tampoco se muy bien lo que quiero decir. Más bien, el  desgraciado asunto me choca de frente y me confunde. Y ahora ya me olvidé lo que quería contarles…

Una entrada fácil a este laberinto podría ser por la puerta de los medios de comunicación. Internet, la telefonía celular, la imagen digital, son los dispositivos técnicos que proliferan en la construcción de una nueva “Sociedad de la Información”. Y con ella se vislumbran nuevos espacios de participación a través del desarrollo progresivo de los weblogs y los foros de discusión, el diseño de redes virtuales de enseñanza y las comunidades de servicios en línea.
Una entrada mas difícil y peligrosa sería indagar por la matriz social que contiene esa tecnología, y reflexionar entonces sobre la construcción de este nuevo escenario, sus problemas, conflictos y dificultades. Porque si es cierto que estamos viviendo un momento de permanente innovación tecnológica, es válido preguntarse sobre los procesos sociales que acompañan este desarrollo y sobre las transformaciones que se producen en las esferas políticas, económicas y culturales.
La “Sociedad de la Información” es el espacio de producción para estos procesos. Y aquí se construyen también las identidades políticas y las relaciones sociales, y se proyecta una imagen del ejercicio de la ciudadanía. La “Sociedad de la Información” se propone, en este sentido, fomentar la participación y la comunicación a través de la construcción de redes virtuales. Así aparecen las bolsas de trabajo electrónico, las universidades en línea, las agendas barriales colgadas en la Web.

Caída libre y vertiginosa hasta las profundidades del agujero negro. Estoy malherido y desorientado en el fondo del precipicio, y desde allí puedo ver con algo de desconfianza las prácticas subalternas, los desplazamientos de sentido y la apropiación de los espacios técnicos. Me confronto de frente con un universo de significaciones alternativas, distintos usos, diferentes objetivos. Consigo levantarme y mirar con más detalle, y veo comunidades organizadas en redes virtuales, bancos de información libre y gratuita, organizaciones comunales de servicios públicos. La “Sociedad de la Información” asume así nuevas características, y promueve con ello la inclusión social y la participación ampliada. El ejercicio de la ciudadanía se acerca a la libertad.
Trato ahora con todo de salir del agujero del desconcierto, y asomo miedosamente la cabeza, y de repente… zas!
Nada de esto será ciertamente efectivo si no se resuelven las cuestiones estructurales. No habrá verdadera participación ciudadana si no existe un acceso general a las herramientas informáticas, si no hay un verdadero conocimiento sobre sus usos, si solamente circulan mensajes publicitarios, si la producción de contenidos no es compartida, si se desplazan los valores humanos.
No podemos esperar de brazos cruzados que los beneficios de las Nuevas Tecnologías de la información nos caigan desde el cielo. Como lo demuestra la Historia, los derechos hay que conquistarlos. Y solo así será posible alcanzar los objetivos sociales, culturales, económicos, políticos, que aparecen en la esencia de este modelo. La pregunta por la tecnología no es una pregunta inocente por las características de las herramientas y los medios, es, en definitiva, la pregunta por el hombre y la existencia.
Vuelvo a asomarme por las orillas del hoyo, y esta vez estoy agarrado más fuerte, y creo que voy a salir…
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LF22 pág. 04, 2007.
 
 

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