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Facundo Montes, info@diariolaflecha.org artículo 4 de 7
 
 

VI TALES SIGNOS VITALES

 
 

Todo está oscuro. La noche cerrada, no hay luz, los ojos están cerrados e intentamos avanzar. Todos los miedos se nos vienen encima y perdemos el sentido de la ubicación. Cada paso lo medimos bien y no existe sino el medio metro que tenemos delante. Lo lejano vendrá después. Podemos paralizarnos, quedarnos allí plantados sin saber que hacer, esperando que aclare, para poder ver y asI sÍ avanzar. Bien. Pero, ¿si eso no llega? ¿Si no hay certeza de que en adelante aclare? ¿Seguir allí parados?

Mejor caminar.  Empezar, sin ver mucho, escuchar más, desarrollar otras capacidades como sentir, confiar e ir tanteando, probando.
“Pero antes el camino era así” –dicen- “antes se veía claro”,... puede ser.
Pero nosotros caminamos ahora y está un poco oscuro. El recorrido que hagamos será más inseguro, más lento o no tan directo, pero propio.
Quizás valoremos más nuestro recorrido y quien sabe a donde lleguemos.

Incierto
Caminamos.
Vamos eligiendo. A cada paso.
Unas más trascendentales que otras.
Queremos elegir bien. Pero no tenemos certezas de que así fue hasta que fue.
Tenemos posibilidad de estudiar.
Queremos hacerlo.
Elegimos la universidad.
Elegimos una carrera. Libremente.
Por nuestros gustos, por el entorno, y de todo un poco.

Quizás hayamos experimentado el no tener mucha claridad de la propia elección (1) la sensación de no ser capaces de distinguir entre nuestras propias motivaciones. Y si nos consultaran sobre las razones que nos impulsaron a venir a la universidad, probablemente tendría que ver con lo que nos gusta, lo que nos realiza, lo que nos hace ser mejores personas (2). ¿Quién no quiere realizarse?
La carrera que elegimos seguramente tiene que ver con habilidades propias, con actividades de algún modo ya conocemos (3), o por motivos relacionados a experiencias de vida, a eventos significativos (4). 

Si bien las decisiones tienen que ver con las posibilidades que el medio nos ofrece (5) es lógico y definitorio mirar nuestros propios gustos y características. Pareciera entonces que para estos momentos de elección lo más seguro es mirarnos a nosotros mismos, que el criterio fundamental es lo que pasa por mi.

La situación no es como la de otros tiempos donde no había tantas posibilidades de elección o donde la presión familiar o las expectativas del entorno condicionaban explicita y fuertemente. Aunque tenemos presiones quizá más indirectas en la propia familia, en los medios, influenciada por la cultura del lucro y el éxito que respiramos en todos los rincones, ahora es distinto y lo difícil quizás sea elegir entre muchas cosas que me gustan. Por lo tanto conocernos y saber a fondo qué me gusta, qué sé hacer, qué conozco, es fundamental.

Elegimos la carrera desde “lo personal”. Esto puede ser una buena base para construir la vida según los propios valores, capacidades y gustos. Dando importancia a la autonomía y la autodeterminación tenemos la posibilidad de establecer un itinerario vital propio. Pero esto también tiene su costo. Al mismo tiempo podemos experimentar mucha soledad y falta de certezas en las decisiones. Porque si uno es el parámetro “teniendo tanto peso la elección y la subjetividad, todas las tensiones caen sobre el individuo, casi sin filtros ni mediaciones” (6), y esto a la corta o a la larga puede generar perplejidad.

Quizás nos sintamos un poco a la intemperie.
Y más de uno con gran incertidumbre.

Ahora
Hablamos de decisiones.
Qué difícil es hacerlas.
Otro elemento que generalmente tenemos en cuenta a la hora de elegir la carera es justamente las características que ésta tiene, es decir las materias que la componen, si es larga o corta, etc. dándole así importancia a lo que tenemos enfrente para los próximos 6 o 7 años. Este modo de elegir quizás este mostrando que valoramos lo que nos ayuda a disfrutar el momento, a vivir cada paso, cada aprendizaje como un momento importante sin mirar tanto el futuro profesional que mañana vendrá, y que no tenemos certeza de cómo va a ser.

Pero no hay vuelta que darle, igualmente las preguntas sobre el futuro siguen girando por nuestra cabeza ¿qué voy a hacer? ¿dónde voy a laburar de lo mío? ¿qué pasará dentro de 6 años?  “Por si fuera poco, en el caso argentino, sus efectos se ven reduplicados por la conmoción nacional o, por las condiciones de ´latinoamericanización´, empobrecimiento y derrumbe de expectativas históricas” (7)  y con nuestra historia reciente pensar en estabilidad no esta fácil.
¿Para dónde agarrar?
No mirar mucho hacia el futuro y elegir desde lo inmediato trae el peligro de perder el sentido de lo que estamos haciendo; como dice Cifelli “el riesgo es que se pierdan las referencias, de tal forma que todo dé lo mismo o que las elecciones se tornen superficiales” (8). Suena grave, sin volverse loco no estaría de más tenerlo en cuenta.
Lo que pasa es que no es simple... Las preguntas sobre el futuro no son joda. Todos las conocemos, aparecen cada tanto, asoman con cara de planteo existencial, de sensación de sin sentido, de bajón, y como buenos defensores la pateamos para adelante o las encaramos no sin dificultad.

Tomar conciencia de que no hay muchas certezas, o que tengo muy pocas o no muy firmes puede generar nuevas oleadas de incertidumbre.

Pistas posibles
¿Dónde hay certezas?
¿Cómo encontrarlas si caminamos en la oscuridad?

Nadie sabe mucho.
Con el “cambio de época”, se ven afectadas las marcas de identificación básicas que delimitaban territorios y sentidos. Las identidades tradicionales permitían definir claramente qué era lo bueno y lo malo, lo masculino y lo femenino, lo bello y lo feo, una profesión u otra.

-¿Entonces?
-“Que no cunda el pánico.”
Para empezar a levantar, podemos pensar que no todas las decisiones son de una vez para siempre, y que no tomamos una sola decisión en la vida. La seguridad que necesitamos se va conquistando, no se logra de una vez y para siempre, sino que es un proceso a lo largo de la vida.

La vocación no depende de la decisión de un solo momento, sino que es un proceso. Un entramado de decisiones que vamos tomando en cada momento según los elementos que tenemos allí a nuestro alcance. Con el tiempo nos puede pasar que descubramos otras posibilidades que nos interesan, o que lo que elegimos no era como pensábamos, que la propia carrera elegida tiene muchas posibles alternativas, variantes o caminos que se abren y nos invitan a volver a elegir.

Entonces la inseguridad e indefinición con que muchas veces debemos enfrentarnos, si las trabajamos bien, pueden ser el comienzo de un trabajo superador que abra espacios y caminos nuevos, y no elementos paralizantes (9). 
Habría que ir buscando en el camino. 
En vez de quedarnos paralizados, buscar nuevos modelos o inventarlos.

Para encontrar pistas de aquello que queremos lograr puede servir darle importancia a las propias intuiciones y para eso recordar y aprovechar algunas señales que tuvimos y que quizás no les dimos importancia en el camino. Me refiero a experiencias que a lo largo de la carrera hayamos tenido como por ejemplo una materia que nos gustó especialmente, un profesor que era distinto, experiencias de otros que nos parecieron interesantes y que nos abrían nuevas posibilidades. Quizás nos hicimos alguna pregunta que hacia re-pensar todo, o encontramos un texto que nos partió la cabeza, etc. Estos “signos” nos pueden ayudar en esta búsqueda, pero hay que estar atentos, porque probablemente hayan quedado tapados por miles de apuntes que esperaban ser leídos, por la urgencia de preparar el parcial o de entregar el trabajo práctico.

También podemos encontrar señales escuchando a otros, viendo cómo encararon su actividad aquellos profesionales que ya están laburando y que han probado nuevas posibilidades, y si hay muchos que estan cansados de hacer siempre lo mismo, también es bueno escucharlos para evitar algunos caminos.

Además de esta mirada a nuestra experiencia, puede servir mirar señales que me llegan de “afuera”. No me refiero al exterior del país, sino a aquello que vemos al “levantar la cabeza de nuestras cosas” y mirar la situación social que nos rodea, aquello que está un poco más allá de mi entorno, situación de injusticia social, niños sin lo indispensable, crisis de la educación, etc. también allí quizás veamos pistas por donde encarar nuestra carrera.

Puede ser que partiendo de una elección básica, se abra un horizonte de posibilidades en que puede concretarse nuestra vocación (10). 
Y parece que de eso se trata.
De caminar.
Aunque siga un poco oscuro.

NOTAS:
(1) En una encuesta realizada por el área investigación de La Flecha, un 19,7% de los estudiantes encuestados no identifica una causa de la elección de su carrera.
(2) Cuando se les consultó sobre porqué habían ingresado a la universidad la primera opción elegida por los estudiantes fue: “Es lo que me satisface y me realiza como persona”.  (47,8%)
(3) El  37,5% de los estudiantes encuestados dice que eligió la carrera por un saber ya comprobado que era afín a la carrera que estaba comenzando.
(4) El 14% de los estudiantes encuestados dice que eligió la carrera por experiencias de vida, que lo marcaron para determinada profesión.
(5) Rascovan Sergio, “Los jóvenes y el futuro”, Psicoteca Editorial, p. 190.
(6) Gonzalez Marcelo, Vida Past. 245. p9
(7) Gonzalez Marcelo, Vida Past. 245. p7
(8) Cifelli Pablo, El “conflictivo” ámbito de las culturas juveniles
(9) cf. Cifelli Pablo, El “conflictivo” ámbito de las culturas juveniles
(10) cf idem.

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LF19 pág. 06-07, 2007.
 
 

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