SI TOMAMOS COMO POSIBLE LA AFIRMACIÓN “SOMOS LO QUE COMEMOS” LEÍDA EN ALGÚN PANFLETO PEGADO CON CINTA SCOTCH EN UNA DIETÉTICA DE TU BARRIO, PODEMOS IR UN POCO MÁS LEJOS Y JUGARNOS QUE EXISTE LA POSIBILIDAD DE DECIR “SOMOS LO QUE ESTUDIAMOS”
-¿Qué?
- Sentemos ciertas bases para analizarlo.
Podemos decir que “somos lo que estudiamos” si- solo - sí:
a) Estudiamos aquello que nos interesa, aquello que deseamos, aquello que amamos; es decir, que de alguna manera representa ese aire que sopla desde nuestro interior, que nos sube por las venas y que forma la base de nuestra vocación, ufff! - cuanto!!!
b) y entendemos que, detrás de cada profesión hay un interés y deseo implícito de esa vocación nuestra, que toma una forma práctica y concreta con la que nos ganaremos la vida. Ejemplos: detrás de una abogado la búsqueda de la justicia; detrás de un periodista, el deseo de descubrir la realidad en el amplio sentido del descubrimiento y luego comunicarla; detrás de un veterinario, el amor por los animales.
Supongamos que no elegimos la carrera según nuestra vocación y entramos en el puente incierto y oscuro de la equivocación; es decir “no somos lo que estudiamos” o no somos “ni chicha, ni limonada”. Hagamos una fórmula matemática que nos de el cálculo aproximado de cómo pueden ser los próximos 35 años de nuestra vida.
Variables...
Si analizamos la incierta curva del resto de los días hábiles de nuestra vida, con estos números aplicados de una manera muy sencilla, podríamos decir que habrá al menos:
73.080 hs en las que tendremos hacer algo que no nos gusta y que seguramente nos traerá muchas preocupaciones y ocupaciones (no hay trabajo sin ellas)
73.080 hs en las que sí o sí deberemos renunciar a lo que nos gusta, 73.080 hs que nos sentaremos en la silla que no nos queremos sentar. 73.080 hs que desearemos pintar otro cuadro, o mirar otra película o escuchar otro disco.
Podemos seguir, pero ¿para qué deprimirnos…?
Ahora, yendo un poco más lejos de este cálculo otro punto que podemos tomar en cuenta es que; si bien nos la podemos rebuscar, en realidad renunciar a nuestra vocación es cerrarle la puerta en la cara a esa verdad que está dentro nuestro.
Sería como empezar a quitarnos el oxigeno antes de empezar.
Quizás... por el vil metal, por llevar una vida más cómoda, quizás por tradición familiar, por no animarme, por no pensar mucho, ¿Quién sabe?
Más de uno debe estar pensando ¡esto es utópico!, ¡a mí me gusta algo que no tiene salida laboral! Puede ser. No es tan fácil. Este es un planteo lógico y fundamental porque de nuestra profesión viviremos el resto de nuestra vida –de eso estamos hablando desde que empezamos-.
Respuesta. Busquemos, averigüemos, e incluso seamos creativos en este sentido para intentar acercar la realidad a nuestros deseos. Sabemos que vivimos bajo en un libre mercado amasijados entre ofertas y demandas. Elegir nuestra profesión de acuerdo a lo nuestro y buscarle la vuelta al laburo es uno de los desafíos que vale la pena ensayar para equilibrar las variables que componen la difícil fórmula a la que hay que arribar a la hora de elegir y practicar nuestra profesión.
-¿Entonces?
Quizás sirva detenernos por un momento y encender luces rojas en los pasillos del CBC o facultad por donde circulamos y pensar. Proyectar nuestros años e imaginarnos cómo nos sentiríamos ejerciendo aquello que estamos estudiando. ¡Que difícil! ¿no? Podemos recorrer los estudios de diseño, los rodajes, empresas, redacciones de periodistas, escuelas, agencias, y respirar esos aires… para ver, sentir, pensar ¿qué onda con nosotros?
Luego, sin desesperar (ups!) se tomarán las decisiones que halla que tomar… Seguir estudiando con dedicación la carrera ya elegida o por que no? comenzar a circular por otros pasillos si fuese necesario.
Nadie nos corre.
¿no?
-¿Me explico?
Si no… vuelvo a estudiar comunicación, ¿les parece?
No… a mi no… eso, ya lo hice.
Firmo a pie de página diciendo que soy lo que estudié y estoy feliz por ello.
Plus: Éxito con tus elecciones.«
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