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Amor
mío, al cerrar esta puerta nocturna
te pido, amor, un viaje por oscuro recinto:
cierra tus sueños, entra con tu cielo
en mis ojos,
extiéndete en mi sangre como en un
ancho río (1). ¿Cursi?
Eso diría si algún pretendiente
me viene con un planteo de rios, sangre, el
cielo en mis ojos, etc. etc. En cambio, espero
con ansias casi irracionales, un "pip"
que diga: "TKM" para poder contestarle
"Yo TMB" y empezar la conversación:
- Salimos?
- A dnde?
- Dsp te cuento
- Ok
Gracias a los ipods, msn, memory (el adjetivo
en singular) sticks y tarjetas sim, estamos
cada vez más cerca, juntos, "como
en casa", más unidos. Los genios
de la tecnología van haciendo que nuestra
vida sea más y más cómoda,
re-confortable, nos ofrecen una comunicación
instantánea, ágil y eficaz.
Para los que ya pasaron su cuarto de hora,
esto se convierte en algo un poco complicado,
pero también en un desafío,
no entienden los emoticones, ni que la "q"
ya no es más "q" sino "k",
que las vocales ya no son lo que eran antes
y que las introducciones pasaron de moda.
Un siglo atrás las maestras se obsesionaban
por erradicar los modismos vulgares de los
inmigrantes italianos y españoles que
contaminaban la lengua nacional. Los que decían
"voy de Sandra", "Ma no sé
que passa", ¡olvidate!, estaban
condenados, se transformaban en el tano, gallego,
ignorante, salvaje, iletrado o algunas de
esas cosas o todo, era lo mismo. La propiedad
lingüística determinaba la diferencia
social, la miseria era miseria verbal y para
mejorar su condición (económica,
social y cultural), para tener una mejor vida,
había que aprender a hablar argentino.
Y en esa misión se embarcaron las Escuelas
Normales. Rosa del Río, hija de inmigrantes,
contaba: "antes de entrar a la escuela
yo era una salvaje" (2). Hoy los que
tienen apellido italiano o francés,
son la envidia de la mayoría, están
buscando a sus ancestros para sacar la visa
y viajar al primer mundo.
En fin, las cosas cambian y lo que ayer fue
condenado hoy se celebra. Así de contradictorios
somos. En este ir y venir, están los
guardianes de la lengua, que se escandalizan
frente a la transformación de las palabras,
las formas gramaticales y sintácticas,
que tanto hay que cuidar y salvaguardar. Pero
se torna un poco difícil cuando este
modelo "ilustre" se encuentra con
miles y miles de personas que materializan
su práctica a través de respuestas
rápidas, con un lenguaje simple, abreviado
y ágil. Entonces, de qué sirven
un montón de textos que nadie lee,
escritos con palabras difíciles que
pocos se toman el trabajo y el tiempo de prestarles
atención.
Aunque puedan ser, en ocasiones, rápidos,
abruptos o incómodos, el problema no
son los cambios, las transformaciones, las
mezclas. El punto sobre el cual deberíamos
poner la atención es en qué
pasa entre nosotros y las palabras. Wittgenstein
decía: "los límites de
mi habla representan los límites de
mi mundo", todo aquello que no podemos
nombrar no existe. Porque las palabras son
nuestra forma de relacionarnos con el mundo,
de expresarlo, de relacionarnos con las cosas
y con los otros. No es lo mismo un te quiero
que un te amo, te aprecio, te respeto, o un
te adoro, aunque hoy solo usemos un TK y en
su máxima expresión un TKM.
La palabra es el puente más efectivo
entre nosotros y la realidad, entre nosotros
y los otros. Dice Piglia: "Se ha establecido
una norma lingüística que impide
nombrar amplias zonas de la experiencia social
y que deja fuera de la inteligibilidad la
reconstrucción de la memoria colectiva.
"El cambio es propio de la vida humana,
lo importante es ver qué dejamos en
ese cambio.
-"Estve pensando en vos. Nos vmos dsp."
-"¿qué me quiso decir?
¿Estará enojado?"
Notas:
1- Pablo Neruda
2- Beatriz Sarlo. "Cabezas rapadas y
cintas argentinas." «
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| LF18 pág. 04,
2006. |
| Material
de consulta: |
»
Pablo Neruda
»
Sarlo Beatriz “Cabezas
rapadas y cintas argentinas”
»
Barreiro Telma “Hacia
un modelo de crecimiento humano” |
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