« La Flecha 17 | El Trabajo
   
Daniel Garcia Delgado*, info@diariolaflecha.org artículo 2 de 6
 
  EL QUE PARTE Y REPARTE  
  Existen distintas interpretaciones sobre la inequidad en nuestra sociedad y su tratamiento. Una de ellas tiene que ver con lograr una contención “prolija” de los excluidos, de mejorar la transparencia en la política social, de evitar el clientelismo y aumentar la solidaridad en la sociedad civil y la responsabilidad social empresaria con los pobres, pero no como modificación de la matriz distributiva heredada. Es una concepción light de la equidad. La otra es una perspectiva más sustantiva que vincula la equidad a la justicia, a la necesidad de mejorar situaciones desigualitarias de puntos de partida, a la inclusión y a la distribución del ingreso, ello requiere de un mayor papel del Estado en la configuración de una sociedad más justa e inclusiva.

Si bien es cierto que las características del aumento de la pobreza y la exclusión, no son exclusivas de la Argentina sino del nuevo capitalismo neoliberal de alcance global, lo que sí ha sido distintivo en nuestro país es la intensidad, la profundidad y la rapidez de la caída, así como la amplitud del ensanchamiento de la brecha social en una sociedad anteriormente más igualitaria. Esto ha operado como si se hubiera tratado de la implementación ex-profeso de una verdadera “estrategia de la desigualdad” en las últimas tres décadas.

A su vez en estos últimos 4 años puede decirse que se ha mejorado en la recuperación de las condiciones de equidad. La situación de los más pobres ha mejorado significativamente. Entre los máximos de fines del 2002 y el 2005, la proporción de personas pobres cayó del 57,5% al 33,8%. Sobre todo, es destacable la fuerte creación de empleos. No obstante todavía persisten tres brechas distributivas a considerar: la social, la espacial y la temporal.
La brecha social. los datos de distribución de ingresos del tercer trimestre de 2005 marcaron una ampliación de la distancia entre las franjas más pobres y más ricas de la población a 31 veces, un récord en la serie histórica del INDEC.
Por los aumentos de suma fija y los acuerdos salariales de convenio, los trabajadores registrados fueron los que mejor pudieron recuperarse, pero aún así continúan con un poder de compra inferior en casi 10% al que tenían en 2001. La distribución del ingreso continúa siendo regresiva a pesar del fuerte crecimiento de la economía. Una parte se debe a la propia inflación que es un mecanismo de transferencia de ingresos que perjudica, en mayor medida, a los asalariados y a otros sectores de ingresos fijos. Y la otra, a la distribución del propio crecimiento ya que la fuerza laboral no participó del incremento de la productividad.

La brecha espacial. Ésta refiere a cómo se distribuyen espacialmente los ingresos, la inversión y las oportunidades laborales. Las fracturas espaciales regionales también continúan. Se puede decir al respecto que se mantiene una concentración espacial del producto y de la inversión, como contracara, una distribución territorial de la pobreza, la cual alcanza, por ejemplo, al 65% de las familias que se sitúan en las provincias del NEA, por el contrario el 75% de la riqueza se concentra en la región Centro. Se ha profundizado la distancia entre las zonas de opulencia y zonas de alta marginación.

La brecha temporal. refiere a cómo se distribuye la riqueza intergeneracionalmente. Por un lado, hacia la tercera edad, vemos que si bien se ha elevado recientemente a 470 pesos, la jubilación mínima, no obstante, está muy por debajo de la línea de pobreza y apenas sobre la de la indigencia. La privatización de la seguridad social, el ajuste permanente del Estado y la exclusión del mercado de trabajo, privó a los jubilados de las asignaciones que le correspondían. Por otro lado, la brecha temporal refiere también a los jóvenes, y ese sentido estamos viendo la situación más riesgosa de jóvenes que no estudian ni trabajan (alcanzando el millón, según datos de la CEPAL).
Redistribuci—n en una sociedad fragmentada.
El alto crecimiento y la sustentabilidad macro son indispensables pero no resuelven por sí solos el problema de la inequidad. De allí el interrogante sobre ¿cómo redistribuir en la sociedad fragmentada?, ¿como disminuir la brecha entre ricos y pobres que se agranda? porque lograr una distribución del ingreso muestra no sólo la necesidad de que exista una negociación salarial clásica sino que, a la vez, se requiera de una estrategia que permita suturar estas tres brechas

Una estrategia de equidad con redistribución del ingreso requiere considerar un abanico complejo de políticas tanto de corto como de mediano plazo, que incluya:
1) Políticas de centralidad del empleo de calidad y registración;
2) La reforma del sistema impositivo para hacerlo más progresivo: además de reducir el IVA, gravar las rentas financiera, las ganancias de las ventas de acciones, etc.
3) La reforma provisional.
4) La generación de infraestructura y de acceso a los bienes públicos (por ej. el acceso al agua potable, cloacas, etc.)
5) Y la de mejora significativa de la empleabilidad mediante una difusión amplia de la capacitación y políticas de ingresos para sectores vulnerables.

En términos económicos, una estrategia redistributiva que tenga en cuenta estas tres brechas implicaría una quita para unos para darles a otros, pero también puede mostrarse como un juego de suma positiva, en términos del tipo de sociedad que busca configurarse. Una sociedad cuya calidad de vida no sea medida exclusivamente en relación a espacios privados o en términos individuales, sino también en términos de espacio público y proyecto colectivo.«

 
  arriba »  
ver todos los artículos »  
LF17 pág. 08, 2006.
Material de consulta:
*Garcia Delgado Daniel (FLACSO)

» ver extras de esta edición