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Existen
distintas interpretaciones sobre la inequidad
en nuestra sociedad y su tratamiento. Una
de ellas tiene que ver con lograr una contención
“prolija” de los excluidos, de
mejorar la transparencia en la política
social, de evitar el clientelismo y aumentar
la solidaridad en la sociedad civil y la responsabilidad
social empresaria con los pobres, pero no
como modificación de la matriz distributiva
heredada. Es una concepción light de
la equidad. La otra es una perspectiva más
sustantiva que vincula la equidad a la justicia,
a la necesidad de mejorar situaciones desigualitarias
de puntos de partida, a la inclusión
y a la distribución del ingreso, ello
requiere de un mayor papel del Estado en la
configuración de una sociedad más
justa e inclusiva.
Si bien es cierto que las características
del aumento de la pobreza y la exclusión,
no son exclusivas de la Argentina sino del
nuevo capitalismo neoliberal de alcance global,
lo que sí ha sido distintivo en nuestro
país es la intensidad, la profundidad
y la rapidez de la caída, así
como la amplitud del ensanchamiento de la
brecha social en una sociedad anteriormente
más igualitaria. Esto ha operado como
si se hubiera tratado de la implementación
ex-profeso de una verdadera “estrategia
de la desigualdad” en las últimas
tres décadas.
A su vez en estos últimos 4 años
puede decirse que se ha mejorado en la recuperación
de las condiciones de equidad. La situación
de los más pobres ha mejorado significativamente.
Entre los máximos de fines del 2002
y el 2005, la proporción de personas
pobres cayó del 57,5% al 33,8%. Sobre
todo, es destacable la fuerte creación
de empleos. No obstante todavía persisten
tres brechas distributivas a considerar: la
social, la espacial y la temporal.
La brecha social. los datos de distribución
de ingresos del tercer trimestre de 2005 marcaron
una ampliación de la distancia entre
las franjas más pobres y más
ricas de la población a 31 veces, un
récord en la serie histórica
del INDEC.
Por los aumentos de suma fija y los acuerdos
salariales de convenio, los trabajadores registrados
fueron los que mejor pudieron recuperarse,
pero aún así continúan
con un poder de compra inferior en casi 10%
al que tenían en 2001. La distribución
del ingreso continúa siendo regresiva
a pesar del fuerte crecimiento de la economía.
Una parte se debe a la propia inflación
que es un mecanismo de transferencia de ingresos
que perjudica, en mayor medida, a los asalariados
y a otros sectores de ingresos fijos. Y la
otra, a la distribución del propio
crecimiento ya que la fuerza laboral no participó
del incremento de la productividad.
La brecha espacial. Ésta refiere a
cómo se distribuyen espacialmente los
ingresos, la inversión y las oportunidades
laborales. Las fracturas espaciales regionales
también continúan. Se puede
decir al respecto que se mantiene una concentración
espacial del producto y de la inversión,
como contracara, una distribución territorial
de la pobreza, la cual alcanza, por ejemplo,
al 65% de las familias que se sitúan
en las provincias del NEA, por el contrario
el 75% de la riqueza se concentra en la región
Centro. Se ha profundizado la distancia entre
las zonas de opulencia y zonas de alta marginación.
La brecha temporal. refiere a cómo
se distribuye la riqueza intergeneracionalmente.
Por un lado, hacia la tercera edad, vemos
que si bien se ha elevado recientemente a
470 pesos, la jubilación mínima,
no obstante, está muy por debajo de
la línea de pobreza y apenas sobre
la de la indigencia. La privatización
de la seguridad social, el ajuste permanente
del Estado y la exclusión del mercado
de trabajo, privó a los jubilados de
las asignaciones que le correspondían.
Por otro lado, la brecha temporal refiere
también a los jóvenes, y ese
sentido estamos viendo la situación
más riesgosa de jóvenes que
no estudian ni trabajan (alcanzando el millón,
según datos de la CEPAL).
Redistribuci—n en una sociedad fragmentada.
El alto crecimiento y la sustentabilidad macro
son indispensables pero no resuelven por sí
solos el problema de la inequidad. De allí
el interrogante sobre ¿cómo
redistribuir en la sociedad fragmentada?,
¿como disminuir la brecha entre ricos
y pobres que se agranda? porque lograr una
distribución del ingreso muestra no
sólo la necesidad de que exista una
negociación salarial clásica
sino que, a la vez, se requiera de una estrategia
que permita suturar estas tres brechas
Una estrategia de equidad con redistribución
del ingreso requiere considerar un abanico
complejo de políticas tanto de corto
como de mediano plazo, que incluya:
1) Políticas de centralidad del empleo
de calidad y registración;
2) La reforma del sistema impositivo para
hacerlo más progresivo: además
de reducir el IVA, gravar las rentas financiera,
las ganancias de las ventas de acciones, etc.
3) La reforma provisional.
4) La generación de infraestructura
y de acceso a los bienes públicos (por
ej. el acceso al agua potable, cloacas, etc.)
5) Y la de mejora significativa de la empleabilidad
mediante una difusión amplia de la
capacitación y políticas de
ingresos para sectores vulnerables.
En términos económicos, una
estrategia redistributiva que tenga en cuenta
estas tres brechas implicaría una quita
para unos para darles a otros, pero también
puede mostrarse como un juego de suma positiva,
en términos del tipo de sociedad que
busca configurarse. Una sociedad cuya calidad
de vida no sea medida exclusivamente en relación
a espacios privados o en términos individuales,
sino también en términos de
espacio público y proyecto colectivo.«
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| LF17 pág. 08,
2006. |
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