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No
vamos por partes: mejor todo junto, sin respiro.
Hasta el final, que es ahora, en el momento
que este relato se termine.
Digamos que todo cambia constantemente y que
todo pasa por un punto que suena familiar
que suena conocido y distinto al mismo tiempo
como empezar a estudiar en la facultad porque
se quiere ascender en la escala social y así
poder mantenerse sin trabajar hasta darse
cuenta que todo eso suena muy trivial que
no tiene sentido que es un sueño digamos
burgués o materialista o no sé
qué entonces la pregunta del por qué
cambia de nuevo y aparece entremezclado el
amor la vida los juegos las luces las sombras
la sociedad la cultura el qué dirán
y no sé cuántas cosas más
cuando se entre deja vislumbrar que no todo
está bien que no todo está derecho
o que quizás que todo esté derecho
es algo así como un problema que deviene
en un individualismo muy arraigado y para
eso la carrera que decidí estudiar
se puede utilizar de alguna manera para que
entre todos vivamos en una sociedad más
igualitaria más justa en donde el neoliberalismo
sea algo así como un chiste de mal
gusto y nadie tenga la idea de poner en funcionamiento
otra vez una maquinaria tan grande y devastadora
de vida ni nada parecido pero sin tener la
necesidad de caer en el lugar común
de quejarse y nada más que quejarse
esperando que nos representen que hagan las
cosas por nosotros se sigue caminando con
la firme esperanza de ser partícipe
de un hito en la historia una suerte de bisagra
benévola y ser un tornillo en el engranaje
del tiempo en el motor del cambio social hasta
que todo cambia un poco más como un
respiro más profundo que hace avistar
en el fondo de un túnel un cartel luminoso
que se prende y se apaga que es la utópica
e inacabada búsqueda de la felicidad
lo que en definitiva le da sentido a esta
rueda de lana conformada por retazos de vidas
en la cual nos insertamos para no salir hasta
que la muerte le llega como le llega a este
cansado escrito.«
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| LF16 pág. 04,
2006. |
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