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Editorial, info@diariolaflecha.org artículo 1 de 6
 
  A LA INTERPERIE  
  Te levantás a la mañana y prendés la radio. Precavido, querés saber antes de salir si el mundo sigue más o menos donde lo dejaste ayer y, fundamentalmente, si tenés que salir en musculosa, tricota o impermeable.
Entonces llega el primer desconcierto del día adosado a la llamada sensación térmica… ¿Es la sensación de quién? ¿Del meter—logo, persona por naturaleza impredecible?
Podes incluso llegar a creer que existe una sensación térmica canónica, por eso a veces, desconcertado, preguntás: ¿Hace calor, no? ¿O soy yo?
En fin, las asociaciones ilícitas con las que suele negociar mi pensamiento, me han inducido a esbozar la teoría que pretendo exponer a continuación: Existe la sensación horaria.
Por todos lados oímos y leemos expresiones tales como “El tiempo no pasaba más”; “Fueron segundos que parecieron horas”, e inadecuaciones del tipo “Estuve dos horas esperando” (fueron 5 minutos); “Me baño en cinco minutos” (son dos horas). El teléfono y el baño son verdaderos paradigmas de la sensación horaria, pues el tiempo transcurre a velocidad inversamente proporcional a la ansiedad del que espera.

Para abonar mi hipótesis husmeé con interés en documentos varios acerca del tiempo. Parece que el Hombre siempre estuvo muy preocupado por medirlo, sobre todo desde que se aviv— que se acababa; pero una de las más fuertes motivaciones fue descubrir que regir su vida simplemente por las sensaciones horarias no lo ayudaba en sus relaciones sociales, que se veían perjudicadas por desencuentros nacidos de “Encontrémonos cuando tengamos hambre” o “Vuelvo a la hora de hacer pipí”. Entonces, nuestros antepasados decidieron inventar un esquema temporal menos voluble. As’, miraron el movimiento de los astros, la temporada de calorcito, las nevadas, los vientos…, y en algunos casos, como el de los Inuit (mal llamados esquimales, ejem) otros elementos más heterodoxos: por ejemplo, para ellos mayo es “cuando vuelven las aves”, y de noviembre a enero se dice “se oye el silencio” ¿No es político? Bue, una vez organizaditos, los hombres, mujeres y niños pudieron optimizar su producción y mantener una vida social más previsible… pero hasta hoy seguimos sujetos a nuestras sensaciones horarias; siempre habrá una ineludible hora de tomarselás, unas minúsculas semanas para preparar “Lingüística”, unas dos eternas horas de cola para la entrevista de trabajo.

Entonces se trata de combinar con arte sensación y convención, porque el contrato social y la vida real nos avisan que suele haber fecha y hora de vencimiento. Por eso, después de observar las mareas, mirá la agenda y organizate, para no sucumbir a la sensación última de darte cuenta que el examen era ayer…
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LF16 pág. 03, 2006.
 
 

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