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Te
acordás de algún versito o
poesía que hayas aprendido en la
infancia?
Cri…cri…cri….
El silencio es la respuesta popular número
uno.
Capaz que ahora estás tratando de
acordarte de… ¿cómo
era? Seguro que tu hermano se acuerda,¡qué
se va a acordar! ¡ah,si! De conejitos,
era. Otra del hornero…¿¿¿cómo
era???Bue, ya me voy a acordar.
¿Te acordás de éstos?
Completá la línea punteada.
Que llueva que llueva ………
El que se fue a Sevilla ………
Estaba la Catalina …………….
Terrome Terrome …………….
Redondo Redondo ……………
Un bichito colorado……………
Por el río Paraná ………
¿A que te los sabías?
Versos, coplas cantitos, adivinanzas que
aprendemos de chiquitos, todos forman la
atmósfera en la que respiramos el
lenguaje. Forman parte de nuestro ser personas
históricas en el aquí y ahora,
en una lengua y cultura determinadas. Llevamos
estas expresiones metidas tan hasta el tuétano,
que ni sabemos que las sabemos.
Es difícil que alguien tenga el registro
de haber estudiado estos versos, y sin embargo
nos los fueron enseñando, y sin querer
los vamos enseñando. Es el saber
de la tradición oral, como los cantitos
de la cancha, o las frases que se acuñan
sin saber adonde está el autor. Así
se va formando nuestro folklore, que es
nada menos que el cantar y sentir del pueblo.
Este uso de la palabra es libre e inasible,
no hay poder que pueda reglamentarlo. Se
mantiene vivo si queremos los hablantes
soberanos, y muere si dejamos que el olvido
nos lo mate. En la misma memoria en que
no logramos meter un apunte más,
guardamos testimonios de conocimiento compartido
en círculos concéntricos :
ese verso de los conejitos lo saben en mi
casa, el del hornero, mis compañeros
de colegio, el sapo salta salta, gran parte
de mi generación, y Mambrú
se fue a la guerra, hasta mi bisabuela la
sabe. Y cada vez que los decimos, recordamos,
es decir pasamos por el corazón (re-COR-dar….no
sé si me explico, no quiero ponerme
etimológica.)
Qué bueno sabernos parte de una cultura
que no pasa sólo por la tele, qué
bueno tener identidad en las cosas más
simples, qué buena la alegría
de las rondas infantiles en tiempos difíciles.
Hay muchos que piden pan y no les dan, pero
también están los que alzan
la barrera y encienden un farol. Chin Pum.«
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