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Valeria Garay, info@diariolaflecha.org artículo 10 de 10
 
  UNA QUE SEPAMOS TODOS  
 

Te acordás de algún versito o poesía que hayas aprendido en la infancia?
Cri…cri…cri….
El silencio es la respuesta popular número uno.
Capaz que ahora estás tratando de acordarte de… ¿cómo era? Seguro que tu hermano se acuerda,¡qué se va a acordar! ¡ah,si! De conejitos, era. Otra del hornero…¿¿¿cómo era???Bue, ya me voy a acordar.

¿Te acordás de éstos? Completá la línea punteada.
Que llueva que llueva ………
El que se fue a Sevilla ………
Estaba la Catalina …………….
Terrome Terrome …………….
Redondo Redondo ……………
Un bichito colorado……………
Por el río Paraná ………

¿A que te los sabías?

Versos, coplas cantitos, adivinanzas que aprendemos de chiquitos, todos forman la atmósfera en la que respiramos el lenguaje. Forman parte de nuestro ser personas históricas en el aquí y ahora, en una lengua y cultura determinadas. Llevamos estas expresiones metidas tan hasta el tuétano, que ni sabemos que las sabemos.
Es difícil que alguien tenga el registro de haber estudiado estos versos, y sin embargo nos los fueron enseñando, y sin querer los vamos enseñando. Es el saber de la tradición oral, como los cantitos de la cancha, o las frases que se acuñan sin saber adonde está el autor. Así se va formando nuestro folklore, que es nada menos que el cantar y sentir del pueblo. Este uso de la palabra es libre e inasible, no hay poder que pueda reglamentarlo. Se mantiene vivo si queremos los hablantes soberanos, y muere si dejamos que el olvido nos lo mate. En la misma memoria en que no logramos meter un apunte más, guardamos testimonios de conocimiento compartido en círculos concéntricos : ese verso de los conejitos lo saben en mi casa, el del hornero, mis compañeros de colegio, el sapo salta salta, gran parte de mi generación, y Mambrú se fue a la guerra, hasta mi bisabuela la sabe. Y cada vez que los decimos, recordamos, es decir pasamos por el corazón (re-COR-dar….no sé si me explico, no quiero ponerme etimológica.)
Qué bueno sabernos parte de una cultura que no pasa sólo por la tele, qué bueno tener identidad en las cosas más simples, qué buena la alegría de las rondas infantiles en tiempos difíciles.
Hay muchos que piden pan y no les dan, pero también están los que alzan la barrera y encienden un farol. Chin Pum.«

 
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LF15 pág. 10, 2005.
Material de consulta:

» Pierre Menard

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