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No
supimos y creo jamás sabremos...
por qué estaban tristes los tigres,
ni cuál era el motivo por el que
comían trigo. Pablito nunca dejará
de clavar clavitos y mantendremos generacionalmente
la incógnita sobre qué clavito
clavó el muchacho. Por qué
Maria Chuzena no techaba sus chozas ni las
ajenas y cuál era el cuento de aquella
famosa pipa buena, son dudas que nos acompañarán
siempre.
Pero a no quejarse, no sería alta
poesía, pero de allí a “lavátela
con champú”, la joven Laura
y su tanga o su compañera Marta la
número uno, hay un salto (mortal)
Igualmente sigue sonando que:
“Nuestras vidas son los ríos
Que van a dar a la mar
que es el morir;
allí van los señoríos,
derechos a se acabar
y consumir (...)”
Epa.
Quizás ya nos vamos acostumbrando
a las hamburguesas de letra picada, y versos
(con papitas) a un peso, y nuestro paladar
se esté olvidando de gustar una buena
comida. Y ya no gustemos por tanto los matices,
los contrastes, los colores, los ritmos,
las combinaciones de una fuente servida
toda para nosotros.
Una fuente de palabras construidas y pulidas
como piedras, saberes rodados, cantos arrastrados
por el torrente del habla que hoy nos empapa
a nosotros.
Frases, tonos, modos de decir porque no
escuchamos por que no reparamos en ellos.
Como cuando uno tiene una compañera
de trabajo que ve todos los días,
y que de tan cerca que está no la
tiene en cuenta, no la mira, no repara en
su belleza. Y ojo, “se nos escapa
la tortuga” de repente estamos conviviendo
con una de las más hermosas, sin
dialogar con ella, sin disfrutar de su compañía,
sin siquiera mirarla.
Según dicen los que saben, el disfrute,
el gusto, el lenguaje, y la sabiduría
son amigos. Y parece que no es ninguna novedad,
es un tema viejo; fijate a donde nos vamos:
resulta que “del latín sapio
(gusto) viene sabiduría y sapiensa.
Saber se relaciona con sabor o sea, con
gusto. Saber, que desciende del indoeuropeo
sap, latín sapere, significa tener
sabor, tener gusto (saber a), tener discernimiento.
Sapido es lo que tiene gusto, lo sabroso,
insípido, lo que no. El español,
con su sabiduría, subraya o retiene
el placer, el gusto que podemos encontrar
en el conocimiento." (1)
Un gusto algo disgustado. Sabiduría
para todos aunque para algunos... ¿demasiado
antigua? Como decía aquel, “...Latín,
Griego, son cosas de... de literatos, digo,
nada, de intelectuales, no sé. Para
mí ya fue eso de la etimología,
de las normas para hablar, esa no me va,
no sé, digo. Me acuerdo de la vieja
de lengua, las frases... como me rompía
las pelotas con “exprésese
correctamente", y con encontrar, no
sé, objeto directo, el coso tácito,
los verbos, todo, qué quilombo ¿no?,
bueno nada. Todo bien. Está bueno,
no sé.”
¿eh?
Es verdad que hablando má o meno
nos entendemos igual, está bien la
espontaneidad, aguante la imagen... pero
hojaldre, si mascando vidrio se nos va arruinando
el paladar, si a la buena comida le perdemos
el gusto, vamos caminando despacito hacia
una especie de “desnutrición”
cefálica, sabiendo que a la vuelta
de la esquina nos espera la desnutrición
sin más. Y ésta nos vuelve
más vulnerables a enfermedades, epidemias,
virus que debilitan, postran y matan.
Echemos un vistazo a la cocina de enfrente.
En la vida de una sociedad el lenguaje tiene
un papel fundamental y tiene que ver con
su propia identidad y posibilidad de mantener
la libertad. Por el contrario, "para
dominar un pueblo se necesita privarlo de
su carácter comunitario y convertirlo
en masa. Un pueblo masificado es presa fácil
de los depredadores de todo orden: culturales,
económicos, políticos...”(2)
En las luchas ideológicas actuales
se está poniendo en juego una nueva
forma: la estrategia del lenguaje. Se ganan
o pierden batallas decisivas en el campo
aparentemente sereno e inofensivo de la
comunicación.(3)
Se engaña mediante variadas estrategias.
Algunas son por ejemplo: La utilización
de palabras prestigiosas en otro sentido
("liberar a Irak"). Procedimientos
estratégicos como la calificación
negativa del que piensa diferente mediante
palabras altamente desprestigiadas en la
cultura ("conservador"). Planteamientos
estratégicos, usando dos contraposiciones
que luego se superponen cambiando el sentido
(1. crecimiento-decrecimiento, 2. cambio-estancamiento,
3. cambio = crecimiento)
Otra estrategia es manipular mediante el
aturdimiento. Nada favorece más la
esclavitud que la pérdida del lenguaje.
Lo vociferante de las ciudades, los decibeles
de una música que aturde y ensordece,
desafiando e impidiendo toda forma de comunicación,
son modos patentes de una violencia cada
vez más invasora que sólo
se sacia con la obstrucción de la
conciencia, en particular de la conciencia
que se alimenta del diálogo nacido
en el silencio.(4)
Podemos detectar estos manejos con la perspicacia
analítica para delatar equívocos
y tergiversaciones. Para eso hay que estar
más atentos a lo que nos están
diciendo, pensando un rato más de
lo que lo hacemos comúnmente. No
sólo razonando lógicamente;
sino también captando los diferentes
modos de realidad a lo que están
haciendo referencia (realidad biológica,
psicológica, científica, artística).
Fijándonos si están utilizando
un lenguaje adecuado a cada realidad o si
están pasando de un plano a otro
sin las aclaraciones correspondientes.(5)
Nueva cocina
¿Y?
Y ¿qué?
En nuestro cerebro aturdido se sentó
la idea de que si no llegamos a puestos
de poder, sin recursos, sin la manija de
la sartén, no se puede hacer nada.
Agua y ajo ni morfarse lo que haiga.
Sin embargo, debo compartir con usté
que en el campo del lenguaje hay otras reglas.
Ni manija ni sartén, este es un sistema
gratuito de creación e intercambio
de bienes, una especie de feria libre en
donde todos los días se crean nuevas
expresiones.(6)
Sangre.
Cera.
Saliva
Bien aceitada la máquina, podemos
preparar y luego degustar nuestros propios
platos:
Primero: la Picada
En los diálogos con amigos, cantos
en la cancha, clases y más clases,
trámites, compras, si vamos al médico
o nos divertimos, en el ámbito que
sea, estamos atravesados por el lenguaje.
¿Que tal frenar y escuchar?
Ah, ¿ya lo dije?
No, pero esta vez no lo digo para analizar
que no me estén manipulando, sino
para disfrutar. Sí para g-u-s-t-a-r
del lenguaje descubriendo las poesías
cotidianas, la forma en que los niños
se expresan, los inventos de los adolescentes,
las tonadas de las provincias, la pronunciación
de los extranjeros, la agresividad de las
puteadas, las frases divertidas, la dulzura
de algunas expresiones.(7)
Segundo: Plato principal
Con los enchufes en mano de cada aparato
parlante que haya, otro disfrute: leer.
Pero no a las corridas, como atropellando
apuntes para llegar al práctico con
alguna idea de qué se trata. Hacerlo
lentamente, por el placer de leer. Colando
las ganas de hablar en la catarsis del silencio
para poder escuchar aquellas historias o
esos cien poemas que bordean lo que repetiremos
defectuosamente en nuestro momento de expresarnos.(8)
Tercero: El postre
Ahora sí, con papel y birome y la
firme intención de decir algo a alguien,
podemos disponernos a escribir. Dejando
salir, escapar, un sentimiento, un recuerdo
o un deseo, utilizando toda la riqueza del
lenguaje al alcance de nuestras posibilidades,
por qué no ir balbuceando una poesía,
un cuento..., el primer día no vamos
a ser Sábato, pero ojo, como dice
Ivonne Bordelois tengamos en cuenta que
la poesía vive silvestre y muchas
veces en los libros de versos es el único
sitio donde no está.(9)
NOTAS:
1. Bordelois Ivonne, "La palabra amenazada",
Ed El Zorzal, Bs. As. 2003, pag 55.
2. López Quintás, "Necesidad
de una renovación de la moral",
Consudec, Bs.As, 2000, pag 40.
3. cf López Quintás, "Necesidad...",
pag 43.
4. cf Bordelois Ivonne, "La palabra...",
pag 26.
5. cf López Quintás, "Inteligencia
creativa", Ed BAC, Madrid, 2003, pag
10.
6. cf Ivonne Bordelois, "La palabra...",
pag 27.
7. Un bocadillo casual: el imperdible refrán
de las operadoras telefónicas: "el
destino que intenta alcanzar se encuentra
congestionado" ejemplo poesía
involuntaria.
8.cf Ivonne Bordelois, "La palabra...",
pag 88.
9. cf Ivonne Bordelois, "La palabra...",
pag 27.
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