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María Gutierrez Pechemiel, info@diariolaflecha.org artículo 5 de 10
 
  HAY VUELTA QUE DARLE  
 

Alguien dijo que la tierra es redonda, que giramos alrededor del sol, que se puede aprovechar la pérdida de energía del vapor, que la producción de los alimentos crece en progresión aritmética y la población lo hace geométricamente, que no somos sólo sujetos concientes, que para toda innovación tecnológica hace falta capital y que el trabajo debe hacerse de manera cronometrada, que sólo el más fuerte sobrevive, también se dijo “libertad, fraternidad e igualdad”, “América para los americanos”, “la casa está en orden”, “alpargatas sí, libros no”, “síganme, no los voy a defraudar”, “un dólar es igual a un peso”…

El hombre se sirve del habla para numerosos propósitos tales como satisfacer demandas y necesidades, controlar a otros, establecer contactos con la gente, expresar sentimientos, simular, crear, preguntar o escribir. Es cuando podemos nombrar el mundo que podemos actuar sobre él y además al nombrarlo podemos entenderlo o cuestionarlo. Freire decía: “La existencia, en tanto humana, no puede ser muda, silenciosa, ni tampoco nutrirse de falsas palabras sino de palabras verdaderas con las cuales los hombres transforman el mundo. Existir, humanamente, es "pronunciar" el mundo, es transformarlo. El mundo pronunciado, a su vez, retorna problematizado a los sujetos pronunciantes, exigiendo de ellos un nuevo pronunciamiento.”

La capacidad para comprender y utilizar el lenguaje es uno de los principales logros de la especie humana ya que a través del progreso lingüístico se da el desarrollo cognitivo. Piaget explica que el niño adquiere la inteligencia en la medida que actúa sobre el mundo a través de sus acciones y del pensamiento que se desarrolla cuando puede nombrar las cosas y nombrar aquello que no está ahí. Los sordos por ejemplo, tienen la misma capacidad intelectual y la misma habilidad de aprender que cualquiera, aún así quienes no reciben estimulación lingüística, difícilmente podrán acceder a un pensamiento abstracto.

Sin embargo, a pesar de que son pocos los que no pueden hablar, la vida de muchos es silenciosa y casi muda. El lenguaje humano tiene entre 30.000 y 40.000 años de existencia, a pesar de ello, en la Edad Media sólo los nobles y el clero podían acceder a la palabra y a la educación. Acá en Argentina, desde 1882 con la ley 1.420, la educación se hizo obligatoria y gratuita, pero sabemos que muchos siguen quedando afuera. Hoy parece que es muy fácil entender y decir el mundo: carteles, imágenes, la televisión, “a 5km Mc Donalds”, “baño damas”, “cinemark”, “coca-cola”, tipificaciones y puntos de vista, análisis de la realidad Argentina, de la situación internacional, con un click o zapping, sabemos de todo al instante, hasta podemos aprender palabras en inglés sin ir a la escuela (si no lo cree vuelva a leer este párrafo).
Pero repetir no es decir, y no hay decir sin diálogo. Según la teoría del lenguaje de Chomsky, los seres humanos poseemos una capacidad innata para aprender una lengua, pero el desarrollo y formación del lenguaje sólo será posible si existe un entorno social que le brinde al niño el adecuado input lingüístico para que éste, de modo activo, construya progresivamente su lenguaje. Es decir no hay palabra si no hay otro que la enseñe y que la escuche. Decir implica decir a otros, decir y ser escuchado. “Al decir la palabra el hombre pronuncia el mundo y así lo transforma, entonces el diálogo se impone como el camino mediante el cual los hombres ganan significación en cuanto tales.” (Freire Paulo, Pedagogía del Oprimido).

Pero ¿qué pasa cuando sólo algunos son los que dicen, o sólo algunos son escuchados?; sobre las escuelas hay quienes dicen que las soluciones no dependen de más presupuesto sino administración eficiente, no mayor cantidad de alumnos sino calidad de la enseñanza, mayor descentralización de la responsablidad y más centralización del contenido académico. En los hospitales (públicos) del gran Buenos Aires hay que pagar un bono para ser atendido, “es obligatorio y es una disposición, etc, etc”, dicen. Nadie les informó, nadie les explicó a los ciudadanos y por eso no saben que deben ser atendidos en forma gratuita. Unos dicen, otros escuchan.

¿Cómo serían hoy las cosas si Aristóteles y Colón, Galileo, Watt, Malthus, Freud, Taylor, Darwin, Robespierre, Monroe, Alfonsín, Perón, Menem, Cavallo, no hubieran hablado? En algunos casos estaríamos mucho mejor, sin embargo la verdad es que hoy somos por lo que ellos y tantos otros dijeron durante años y años.«

 
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LF15 pág. 05, 2005.
 
 

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