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Alguien
dijo que la tierra es redonda, que giramos
alrededor del sol, que se puede aprovechar
la pérdida de energía del
vapor, que la producción de los alimentos
crece en progresión aritmética
y la población lo hace geométricamente,
que no somos sólo sujetos concientes,
que para toda innovación tecnológica
hace falta capital y que el trabajo debe
hacerse de manera cronometrada, que sólo
el más fuerte sobrevive, también
se dijo “libertad, fraternidad e igualdad”,
“América para los americanos”,
“la casa está en orden”,
“alpargatas sí, libros no”,
“síganme, no los voy a defraudar”,
“un dólar es igual a un peso”…
El hombre se sirve del habla para numerosos
propósitos tales como satisfacer
demandas y necesidades, controlar a otros,
establecer contactos con la gente, expresar
sentimientos, simular, crear, preguntar
o escribir. Es cuando podemos nombrar el
mundo que podemos actuar sobre él
y además al nombrarlo podemos entenderlo
o cuestionarlo. Freire decía: “La
existencia, en tanto humana, no puede ser
muda, silenciosa, ni tampoco nutrirse de
falsas palabras sino de palabras verdaderas
con las cuales los hombres transforman el
mundo. Existir, humanamente, es "pronunciar"
el mundo, es transformarlo. El mundo pronunciado,
a su vez, retorna problematizado a los sujetos
pronunciantes, exigiendo de ellos un nuevo
pronunciamiento.”
La capacidad para comprender y utilizar
el lenguaje es uno de los principales logros
de la especie humana ya que a través
del progreso lingüístico se
da el desarrollo cognitivo. Piaget explica
que el niño adquiere la inteligencia
en la medida que actúa sobre el mundo
a través de sus acciones y del pensamiento
que se desarrolla cuando puede nombrar las
cosas y nombrar aquello que no está
ahí. Los sordos por ejemplo, tienen
la misma capacidad intelectual y la misma
habilidad de aprender que cualquiera, aún
así quienes no reciben estimulación
lingüística, difícilmente
podrán acceder a un pensamiento abstracto.
Sin embargo, a pesar de que son pocos los
que no pueden hablar, la vida de muchos
es silenciosa y casi muda. El lenguaje humano
tiene entre 30.000 y 40.000 años
de existencia, a pesar de ello, en la Edad
Media sólo los nobles y el clero
podían acceder a la palabra y a la
educación. Acá en Argentina,
desde 1882 con la ley 1.420, la educación
se hizo obligatoria y gratuita, pero sabemos
que muchos siguen quedando afuera. Hoy parece
que es muy fácil entender y decir
el mundo: carteles, imágenes, la
televisión, “a 5km Mc Donalds”,
“baño damas”, “cinemark”,
“coca-cola”, tipificaciones
y puntos de vista, análisis de la
realidad Argentina, de la situación
internacional, con un click o zapping, sabemos
de todo al instante, hasta podemos aprender
palabras en inglés sin ir a la escuela
(si no lo cree vuelva a leer este párrafo).
Pero repetir no es decir, y no hay decir
sin diálogo. Según la teoría
del lenguaje de Chomsky, los seres humanos
poseemos una capacidad innata para aprender
una lengua, pero el desarrollo y formación
del lenguaje sólo será posible
si existe un entorno social que le brinde
al niño el adecuado input lingüístico
para que éste, de modo activo, construya
progresivamente su lenguaje. Es decir no
hay palabra si no hay otro que la enseñe
y que la escuche. Decir implica decir a
otros, decir y ser escuchado. “Al
decir la palabra el hombre pronuncia el
mundo y así lo transforma, entonces
el diálogo se impone como el camino
mediante el cual los hombres ganan significación
en cuanto tales.” (Freire Paulo, Pedagogía
del Oprimido).
Pero ¿qué pasa cuando sólo
algunos son los que dicen, o sólo
algunos son escuchados?; sobre las escuelas
hay quienes dicen que las soluciones no
dependen de más presupuesto sino
administración eficiente, no mayor
cantidad de alumnos sino calidad de la enseñanza,
mayor descentralización de la responsablidad
y más centralización del contenido
académico. En los hospitales (públicos)
del gran Buenos Aires hay que pagar un bono
para ser atendido, “es obligatorio
y es una disposición, etc, etc”,
dicen. Nadie les informó, nadie les
explicó a los ciudadanos y por eso
no saben que deben ser atendidos en forma
gratuita. Unos dicen, otros escuchan.
¿Cómo serían hoy las
cosas si Aristóteles y Colón,
Galileo, Watt, Malthus, Freud, Taylor, Darwin,
Robespierre, Monroe, Alfonsín, Perón,
Menem, Cavallo, no hubieran hablado? En
algunos casos estaríamos mucho mejor,
sin embargo la verdad es que hoy somos por
lo que ellos y tantos otros dijeron durante
años y años.«
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