|
| |
| |
Me
dieron una de cincuenta trucha y tenía
justo ochenta para el colectivo, hay inflación
y yo sigo ganando 400 en negro, me aumentaron
las expensas, hay paros de subtes, trenes
y cortes de ruta… me pido un día
en el laburo para estudiar y hay paro otra
vez, vuelvo a casa y se me tapa el baño…
¿Soy yo? ¿Es el mundo? ¿Es
Argentina? ¿Son los políticos?
¿Es la facultad?
El contexto no ayuda, y el “lo atamo
con alambre” no alcanza. Es verdad que
algunos tienen mayor capacidad de sobrellevar
situaciones de conflicto y otros menos, pero
parece que no siempre depende de uno zafar
o andar más o menos bien por la vida.
Uno le pone garra... pero a veces no es fácil
buscar salidas posibles y menos salidas alternativas:
hacer una marcha, juntar firmas, ir a un comedor,
informarse. Y uno piensa: “bastante
con que me hago mala sangre por los problemas
de otros, pero de ahí a solucionarlos,
con los míos tengo para entretenerme”.
Ya lo decía en “Ser o no ser
Tidumbre” (LF n8) este es un mundo dinámico
y complejo, es decir “que es un quilombo
y que se mueve”, a veces sin rumbo pero
para algún lado va. Y cada uno puede
elegir ir atrás o ir adelante.
Frente a una situación personal o social,
tendemos a reaccionar de determinada manera;
ya se sabe lo que se espera que uno haga,
o se espera que los demás hagan. Sin
embargo Edward De Bono (psicólogo,
fisiólogo y médico) introdujo
un término muy interesante que es el
de “pensamiento lateral”: él
sostiene que el pensamiento tradicional tiene
que ver con el análisis, el juicio
y la argumentación y que en un mundo
estable esto basta para identificar situaciones
normales y aplicar soluciones normales. Pero
ya no es así en un mundo cambiante
en el que las soluciones normales puede que
no funcionen.
Y a propósito de actitud, De Bono explica
que en el pensamiento hay dos fases. Una es
la percepción, es decir, cómo
miramos el mundo y la otra es el procesamiento,
es decir, qué hacemos después
con esa percepción. El primer paso
es cuestionar, pensar e identificar el problema,
no sólo pensar estrategias para solucionarlo,
sino también plantearlo. Es decir dejar
de ver las cosas a través del análisis
que otros hacen de la realidad, Aliverti en
una nota que escribió para Página
da un ejemplo muy claro; “dicen que
caen las ventas de los supermercados, en vez
de decir que los supermercados facturan más
vendiendo menos con precios más altos”.
Lo que salta a la vista a primera instancia
en general no es lo que es. Es eso, pensar
por nosotros mismos, y a partir de ahí,
crear nuestras propias propuestas originales.
Muy bien, pero ¿cómo?. Primera
clave: pasamos años en el colegio y
unos cuantos más todavia transitamos
por la facultad. Ahí es donde adquirimos
información, conocimiento y también
una actitud para situarnos frente a los problemas.
Una gran acumulación de contenidos
que año a año se van agrupando
en categorias lógicas y la mente va
manejando lo aprendido de forma eficaz; detecta,
ordena y actúa. Así nos enseñan,
almacenamiento de datos y la evaluación
formal que da cuenta del porcentaje acumulado;
una educación lineal. Y asi vamos incorporando
una actitud de razonamiento, ante un problema,
buscamos en nuestro bagaje de ideas y conocimientos
y seleccionamos el enfoque más prometedor
para la solución más apropiada.
En general lo que se espera que hagamos es
lo que hacemos. Y estos hábitos se
refuerzan aun más en la vida cotidiana.
Nuevamente respondemos con respuestas estandarizadas,
“creeme”, “usame”,
“llevame”, pulsiones instintivas
pero, ¡ojo!, también manipulación.
La tarea entonces no es moco de pavo, volver
a pensar sobre la manera en que aprendimos
a pensar. Las nuevas ideas son factores de
cambio y progreso en todos los campos, desde
la ciencia y el arte, a la política
y la felicidad personal. Para empezar esta
tarea entonces, se puede arrancar por la percepción,
pensar hacia dónde dirigimos la atención.
Por más inteligencia que uno tenga
si no ves lo que necesitás ver, no
sirve de mucho, sin embargo la lógica
tradicional se ocupa poco de la percepción.
El pensamiento vertical, el que más
ponemos en práctica, se mueve sólo
si hay una dirección en que moverse,
el pensamiento lateral en cambio se mueve
para crear una dirección, va adelante
y marcando hacia dónde. Si intentáramos
seguir nuestras propias ideas, más
que acompañar las que se nos son dadas,
seguramente habrían muchisimas nuevas
soluciones y grandes cambios.«
|
|
|
|
|
|
|
 |
| LF14 pág. 08,
2005. |
|
|