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María Gutierrez Pechemiel, info@diariolaflecha.org artículo 5 de 6
 
  NO ENTIENDO UN SORIN  
  Me dieron una de cincuenta trucha y tenía justo ochenta para el colectivo, hay inflación y yo sigo ganando 400 en negro, me aumentaron las expensas, hay paros de subtes, trenes y cortes de ruta… me pido un día en el laburo para estudiar y hay paro otra vez, vuelvo a casa y se me tapa el baño… ¿Soy yo? ¿Es el mundo? ¿Es Argentina? ¿Son los políticos? ¿Es la facultad?

El contexto no ayuda, y el “lo atamo con alambre” no alcanza. Es verdad que algunos tienen mayor capacidad de sobrellevar situaciones de conflicto y otros menos, pero parece que no siempre depende de uno zafar o andar más o menos bien por la vida. Uno le pone garra... pero a veces no es fácil buscar salidas posibles y menos salidas alternativas: hacer una marcha, juntar firmas, ir a un comedor, informarse. Y uno piensa: “bastante con que me hago mala sangre por los problemas de otros, pero de ahí a solucionarlos, con los míos tengo para entretenerme”. Ya lo decía en “Ser o no ser Tidumbre” (LF n8) este es un mundo dinámico y complejo, es decir “que es un quilombo y que se mueve”, a veces sin rumbo pero para algún lado va. Y cada uno puede elegir ir atrás o ir adelante.

Frente a una situación personal o social, tendemos a reaccionar de determinada manera; ya se sabe lo que se espera que uno haga, o se espera que los demás hagan. Sin embargo Edward De Bono (psicólogo, fisiólogo y médico) introdujo un término muy interesante que es el de “pensamiento lateral”: él sostiene que el pensamiento tradicional tiene que ver con el análisis, el juicio y la argumentación y que en un mundo estable esto basta para identificar situaciones normales y aplicar soluciones normales. Pero ya no es así en un mundo cambiante en el que las soluciones normales puede que no funcionen.

Y a propósito de actitud, De Bono explica que en el pensamiento hay dos fases. Una es la percepción, es decir, cómo miramos el mundo y la otra es el procesamiento, es decir, qué hacemos después con esa percepción. El primer paso es cuestionar, pensar e identificar el problema, no sólo pensar estrategias para solucionarlo, sino también plantearlo. Es decir dejar de ver las cosas a través del análisis que otros hacen de la realidad, Aliverti en una nota que escribió para Página da un ejemplo muy claro; “dicen que caen las ventas de los supermercados, en vez de decir que los supermercados facturan más vendiendo menos con precios más altos”. Lo que salta a la vista a primera instancia en general no es lo que es. Es eso, pensar por nosotros mismos, y a partir de ahí, crear nuestras propias propuestas originales.

Muy bien, pero ¿cómo?. Primera clave: pasamos años en el colegio y unos cuantos más todavia transitamos por la facultad. Ahí es donde adquirimos información, conocimiento y también una actitud para situarnos frente a los problemas. Una gran acumulación de contenidos que año a año se van agrupando en categorias lógicas y la mente va manejando lo aprendido de forma eficaz; detecta, ordena y actúa. Así nos enseñan, almacenamiento de datos y la evaluación formal que da cuenta del porcentaje acumulado; una educación lineal. Y asi vamos incorporando una actitud de razonamiento, ante un problema, buscamos en nuestro bagaje de ideas y conocimientos y seleccionamos el enfoque más prometedor para la solución más apropiada. En general lo que se espera que hagamos es lo que hacemos. Y estos hábitos se refuerzan aun más en la vida cotidiana. Nuevamente respondemos con respuestas estandarizadas, “creeme”, “usame”, “llevame”, pulsiones instintivas pero, ¡ojo!, también manipulación.

La tarea entonces no es moco de pavo, volver a pensar sobre la manera en que aprendimos a pensar. Las nuevas ideas son factores de cambio y progreso en todos los campos, desde la ciencia y el arte, a la política y la felicidad personal. Para empezar esta tarea entonces, se puede arrancar por la percepción, pensar hacia dónde dirigimos la atención. Por más inteligencia que uno tenga si no ves lo que necesitás ver, no sirve de mucho, sin embargo la lógica tradicional se ocupa poco de la percepción. El pensamiento vertical, el que más ponemos en práctica, se mueve sólo si hay una dirección en que moverse, el pensamiento lateral en cambio se mueve para crear una dirección, va adelante y marcando hacia dónde. Si intentáramos seguir nuestras propias ideas, más que acompañar las que se nos son dadas, seguramente habrían muchisimas nuevas soluciones y grandes cambios.«

 
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LF14 pág. 08, 2005.
 
 

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