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Facundo Montes, facundom@diariolaflecha.org artículo 5 de 8
 
  Nos Sentimos Ombligados  
  Era de noche en la capital.
Salía y entraba gente con unos papeles y cuadernos, todos pasaban apurados, abrazados a sus carpetas.
Le llamó la atención ver tantos pibes juntos, esperó a que se fueran todos y entró. Nadie le preguntó nada. A paso lento recorrió los pasillos mirando cada detalle, una y otra vez, notó que era verdad lo que le habían dicho, estaba lleno de papeles.
Puertas y más puertas, aulas amplias, arremolinadas de sillas de diferentes colores, algo sucias y con pocas ventanas, todo indicaba que había pasado mucha gente por allí. Al mirar cada tacho de basura lleno pensaba cuánto le darían por esa cantidad.
Entró en un salón, presidido por un pizarrón verde con restos de frases y esquemas escritos con tiza y, como si hubiera escuchado el “tomen asiento” de los truncados años escolares, tomó uno, pero no se sentó, sólo apoyó sus dos manos en el respaldo. Silencio. Mirada fija y más recuerdos imposibles.
Aquel lugar desconocido le traía una sensación de algo muy suyo que no fue, recuerdos de su última maestra, la “bruja de 5to”, de la lección que le hizo dar, casi que siente su viejo guardapolvo y escucha los ruidos de los chicos jugando, pero no...

Los murmullos, reales, eran otros. Fue a buscarlos.
Caminó nuevamente entre pasillos con carteles pegados en paredes y puertas, con frases fuertes, protestas y propuestas, y al dar la vuelta se encontró con pilas y pilas de papeles abrochados debajo de un cartel que rezaba “apuntes”. Allí desaparecieron los recuerdos… ¿cuántos kilos serán? –pensó- ¿los estarán por tirar? ¿me los llevo ahora?

El murmullo volvió a escucharse más fuerte, no era el de los chicos de “la vieja escuela Nº 13” sino de una conferencia que comenzaba en ese momento y para allí volvió a encarar más decidido, aclimatado tal vez.
En la entrada unos comentaban que el que hablaba era Ignacio Ellacuría, filósofo rector de una universidad centroamericana y que elaboró su pensamiento en medio de fuertes amenazas e intimidaciones llegando a sufrir atentados de bomba en la propia universidad, de parte de la dictadura de su país.

Entró en el salón, echó un vistazo y de los asientos que había a mano, nuevamente tomó uno y se sentó. Algunos miraron de reojo. Un pizarrón parecido, pero blanco, letras azules y el profesor que lejos de estar amedrentado, afirmaba con mucha fuerza:
“El objetivo donde se concretan el horizonte y la finalidad de la actividad universitaria es la transformación estructural de la sociedad. Esto quiere decir que su actividad no va dirigida a la transformación de las personas, sino a la transformación de las estructuras. No son en principio dos misiones contrarias, que se excluyan entre sí, la referencia a las personas y la referencia a las estructuras, pero de poner el acento en una de ellas cambiará notoriamente la dirección del trabajo universitario. Y lo que aquí se propone es cargar decididamente el acento sobre el problema estructural.” (*)

No captó todo lo que decía, pero algo entendía y le parecía importante.

“...la universidad puede proporcionar los mejores análisis objetivos de la realidad, el descubrimiento y la instrumentación de técnicas adecuadas para enfrentar los distintos problemas de la realidad, la preparación de cuadros para los análisis, el encuentro de soluciones y la implementación de las soluciones.” (*)

Así que ésta era la famosa universidad…
El tipo cada vez estaba más entusiasmado, hablaba más que convencido de lo que decía, ponía todo en cada palabra… El flaco se acordó de lo que habían dicho en la puerta y pensó: con razón por sus pagos lo quieren callar, pero no pensó nada más porque el otro continuaba hablando.
“Parecerá exagerado, pero lo que pudiera parecer exageración sería un gran principio iluminador: lo que se debe enseñar y lo que se debe aprender, es la gran asignatura de la realidad nacional: qué es la realidad vista desde la economía, desde la historia, desde la filosofía, desde las letras, desde la ingeniería, desde la psicología, desde la política, etc. Con ello, ni la política, ni la psicología, ni la ingeniería, etc., tienen por qué perder nada de su verdadero carácter de especialización. Pero si son carreras que no sirven para comprender mejor la realidad nacional y para transformarla, no son dignas de estar en la universidad, en una universidad que, de lo contrario, sería un lujo intolerable, en un país de tan escasos recursos. (*)

Escuchando con concentración lo que decía este tipo, se acomodó en su silla de plástico.

“Pues bien, una universidad no puede tener duda sobre el partido que ha de tomar. No siendo posible, en un determinado momento histórico, la superación anuladora de las diferencias, tiene que ponerse de parte de aquellos sectores, que no sólo son la mayoría, una mayoría aplastante, que ya sólo por esta razón cuantitativa puede considerarse como la auténtica representativa de los intereses generales, sino que son la mayoría injustamente deshumanizada. En ese sentido, no pueden ser las clases dominantes el criterio de su orientación, sino los intereses objetivos, científicamente procesados, de las mayorías pobres.” (*)

¡Vamos carajo! Le daba ganas de gritar como en la cancha del barrio.
No se lo veía que hubiera pasado mucho hambre que digamos, y usaba palabras complicadas, pero le gustaba lo que hablaba el hombre de camisa blanca… entusiasmado miró alrededor, pero al levantar la vista notó con sorpresa que la mitad parecían dormidos, unos miraban su celular y apretaban botones y otros con disimulo se encaminaban hacia la puerta. ¿Qué pasaría por sus cabezas?, ¿Por qué estarían preocupados estos pibes?
Pero más allá del publico, algo adentro le decía que eso estaba bueno, y de alguna manera sentía ahora que esos pasillos, aulas y sillas tenían algo que ver con él.

“No queremos entrar aquí en la espinosa cuestión de la relación entre un saber práctico y un saber teórico, entre una cultura popular y una cultura procesada, entre conciencia de clase y ciencia de clase. Tan sólo queremos afirmar que esas dos formas de saber se complementan o deben complementarse y no excluirse o destruirse.
Para que se dé esta colaboración se requiere por lo tanto, establecer canales para que las mayorías se hagan efectivamente presentes en la universidad y para que la universidad se haga efectivamente presente en las mayorías.”

Aunque de esta última frase no había entendido nada, y a pesar de la mirada intermitente del de seguridad, ahora sí que se sintió a gusto y como en su casa... pero no hubo tanto tiempo para sentirse cómodo, ni para pensar mucho, la primera conciencia que tomó fue de la hora y de que si no salía rápido no iba a juntar ni la mitad de los cartones que había juntado el día anterior.

El carro (aporte involuntario de un reconocido supermercado) estaba donde lo había dejado.
Nuevamente a caminar y revisar las bolsas, cajas y demases.
Mientras buscaba lo suyo recordaba lo que había escuchado. Y pensaba en su paseo por eso que llaman “universidad”. Estaba contento.

Volvió en el tren (el blanco, ese que filmaron estudiantes), llegó a la casilla con lo suyo y los suyos.
Cena y a la cama.
Medio en sueños las ideas circulaban en su cabeza, le había gustado eso de que la universidad no estuviera hecha sólo para aquellos a los que la vida les ha dado tanto. Hoy descubría que era justamente para los que por la injusticia se quedaron sin nada. Y que todo ese asunto no estuviera hecho en primer lugar para el beneficio de los que estaban ahí todo el día era raro, pero bueno.
Pero se había quedado con la idea de que el que hablaba hoy tenía un problema y a él se le había ocurrido una propuesta.
Se imaginó él mismo dando una conferencia, y explicándoles que para que esas ideas funcionen, para que se puedan poner en práctica ,lo que habría que hacer es levantar un poco la mirada para afuera. En medio de su conferencia imaginada con una sonrisa, pensó: quizás no venga nada mal a nadie darse una vuelta en el tren con una bolsa llena de cartones…
Al mirar desde allí la economía, la historia, las leyes, tal vez salgan cosas nuevas.

* Ellacuría Ignacio “Escritos universitarios” San Salvador 1999.
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LF13 pág. 06-07, 2005.
Material de consulta:

» Ellacuría, Ignacio. “Escritos universitarios San Salvador 1999.

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