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Editorial, info@diariolaflecha.org artículo 1 de 8
 
  EDITORIAL  
  Cuando comenzamos nuestra etapa universitaria y con mucha expectativa dábamos los primeros pasos, con lo primero que nos encontramos (después de un par de panfletos) fue con alguna materia que se autotitulaba “Introducción a la… (x)”. Allí nos empezamos a relacionar con la ciencia que estamos por estudiar, a escuchar los interrogantes y desafíos fundamentales de esta disciplina que, sea como sea, habíamos elegido. Y como quien se encuentra con nuevos amigos (de los viejos) nos dispusimos a dialogar por primera vez con los autores que después tomaríamos en la sopa de cada día.

Nos decían que corríamos el peligro de que ese frescor se perdiera,
pero más bien el peligro nos corrió a nosotros y como pudimos entramos a pegarles a los módulos, fotocopias, libros, y autores con lo que teníamos a mano.
Es probable que la lucha nos haya dado una dosis de amnesia intelectual y que a esta altura poco o nada, nos sorprenda como al principio.

La sorpresa, justamente es uno de los puntos más importantes. Para muchos pensadores el asombro es una de las motivaciones, un punto de arranque para hacer filosofía. Esto de un modo u otro nos pasa, lo que nos sorprende nos suscita preguntas… desde por qué sigue Susana en la tele (argentina), hasta el estupor frente a la muerte o la grandeza de la vida. En las introducciones a la filosofía o materias afines la tendencia generalmente es a despistarnos con cadenas de grandiosas preguntas desconcertantes sobre temas comunes como...

-¿Qué es esto?
- Una tiza.
- ¿Qué es una tiza?
- Una barra blanca para escribir.
- ¿Qué es el blanco?
- eeeh…
- ¿Qué es la Realidad?…
- bue…

Uno no responde ni mamado a estas preguntas y menos el día de estreno de su esencia universitaria, y aunque queden un poco aplastadas por la saturación de temas que luego intentamos ir asimilando, es probable que uno no se olvide nunca de esas preguntas.

Con la idea de darles cabida a esas preguntas por lo cotidiano, intentando
mirar alrededor, allí donde estamos siempre, en esta Flecha encaramos el tema
de la universidad. Ya que en ella pasamos largos años, en una época importante de nuestras vidas; ya que está transitando un momento difícil, ya que tiene un
rol tan importante en la sociedad, hacia ella miramos.
Durante un par de meses dialogamos, consultamos, y pensamos bastante, ahora compartimos con vos algunos puntos de vista y muchas preguntas. Estudiar, ¿para qué? ¿Clases?, ¿Exámenes? ¿Si? ¿No? ¿Cómo? ¿Soy “cliente” de la universidad?, ¿La uso? ¿Soy parte? ¿Quién viene y quién no? ¿Para qué está?, ¿Cuál es su fin?

Es difícil asombrarse con lo que vemos cada día, pero con suerte, esta Flecha 13, quizás pueda ser un disparador para repensar desde la experiencia que cada uno tiene.«

 
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LF13 pág. 03, 2005.
 
 

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