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Cuando
comenzamos nuestra etapa universitaria y con
mucha expectativa dábamos los primeros
pasos, con lo primero que nos encontramos
(después de un par de panfletos) fue
con alguna materia que se autotitulaba “Introducción
a la… (x)”. Allí nos empezamos
a relacionar con la ciencia que estamos por
estudiar, a escuchar los interrogantes y desafíos
fundamentales de esta disciplina que, sea
como sea, habíamos elegido. Y como
quien se encuentra con nuevos amigos (de los
viejos) nos dispusimos a dialogar por primera
vez con los autores que después tomaríamos
en la sopa de cada día.
Nos decían que corríamos el
peligro de que ese frescor se perdiera,
pero más bien el peligro nos corrió
a nosotros y como pudimos entramos a pegarles
a los módulos, fotocopias, libros,
y autores con lo que teníamos a mano.
Es probable que la lucha nos haya dado una
dosis de amnesia intelectual y que a esta
altura poco o nada, nos sorprenda como al
principio.
La sorpresa, justamente es uno de los puntos
más importantes. Para muchos pensadores
el asombro es una de las motivaciones, un
punto de arranque para hacer filosofía.
Esto de un modo u otro nos pasa, lo que nos
sorprende nos suscita preguntas… desde
por qué sigue Susana en la tele (argentina),
hasta el estupor frente a la muerte o la grandeza
de la vida. En las introducciones a la filosofía
o materias afines la tendencia generalmente
es a despistarnos con cadenas de grandiosas
preguntas desconcertantes sobre temas comunes
como...
-¿Qué es esto?
- Una tiza.
- ¿Qué es una tiza?
- Una barra blanca para escribir.
- ¿Qué es el blanco?
- eeeh…
- ¿Qué es la Realidad?…
- bue…
Uno no responde ni mamado a estas preguntas
y menos el día de estreno de su esencia
universitaria, y aunque queden un poco aplastadas
por la saturación de temas que luego
intentamos ir asimilando, es probable que
uno no se olvide nunca de esas preguntas.
Con la idea de darles cabida a esas preguntas
por lo cotidiano, intentando
mirar alrededor, allí donde estamos
siempre, en esta Flecha encaramos el tema
de la universidad. Ya que en ella pasamos
largos años, en una época importante
de nuestras vidas; ya que está transitando
un momento difícil, ya que tiene un
rol tan importante en la sociedad, hacia ella
miramos.
Durante un par de meses dialogamos, consultamos,
y pensamos bastante, ahora compartimos con
vos algunos puntos de vista y muchas preguntas.
Estudiar, ¿para qué? ¿Clases?,
¿Exámenes? ¿Si? ¿No?
¿Cómo? ¿Soy “cliente”
de la universidad?, ¿La uso? ¿Soy
parte? ¿Quién viene y quién
no? ¿Para qué está?,
¿Cuál es su fin?
Es difícil asombrarse con lo que vemos
cada día, pero con suerte, esta Flecha
13, quizás pueda ser un disparador
para repensar desde la experiencia que cada
uno tiene.«
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| LF13 pág. 03,
2005. |
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