Más
o menos después de “¿a
qué grado vas?” venía
la pregunta: “¿Qué querés
ser cuando seas grande?” Pregunta
des-ubicada espacio-temporalmente hablando;
de hecho, por una cuestión etaria,
los intereses sobre los que giraba nuestra
existencia eran otros.
Igualmente ante la autoridad del adulto
uno intentaba esbozar una respuesta. Por
ejemplo yo batía: “albañil”
o “gaucho”, no sé exactamente
por qué, pero creo que tenía
que ver con el imaginario que yo me había
hecho sobre estas personas y especialmente
con el aspecto gastronómico, es decir,
la idea de que comían asado.
Continuando con la gastronomía, la
tortilla se dio vuelta y ahora yo atino
a hacerles a los chicos las mismas preguntas,
pero al recordar mi experiencia me inclino
por temas como "el mejor amigo"
o algo por el estilo, cayendo igualmente
muchas veces en asuntos escolares que tampoco
les deben caer muy simpáticos.
Pero más allá de los niños
y sus temas, siendo rigurosos, la pregunta:
¿qué queres ser? no es mala.
Y éste es un tema no menor.
Punto.
En la esquina de mi casa asfaltaron la calle,
era de tierra, no pasaba nadie, ahora pasan
todos y a los pedos. Ya atropellaron a dos.
Cada tres días pienso “tengo
que hacer algo” (juntar firmas, ir
a hablar a la municipalidad, ese tipo de
cosas) no sólo pienso... es un querer,
un deseo fuerte, que en teoría tiene
que ver con mi voluntad.
Esto me sucede con la posibilidad de reclamar
por algún tipo de lomas de burro,
pero también con otros temas.
Hace un tiempo les comenté a un par
de amigos esto de querer hacer algo y se
entusiasmaron tirando otros tantos ejemplos,
tenían más datos que yo, casi
un estudio sobre el tema. Seguimos hablando
y con el tiempo quedó institucionalizada
una reunión semanal, en general con
empanadas de por medio (un par de albahaca).
Llegamos a algunas conclusiones, humildes
e informales pero creo muy reales, que paso
a enumerar:
- Es común que estemos preocupados
por lo que pasa en el país, que nos
informemos y hablemos sobre eso.
- Está claro que no podemos dejar
todo a los políticos o dirigentes.
- Tenemos el deseo de hacer algo, es decir
queremos hacerlo.
- Pero después de pensarlo y querer,
en muchos casos no sabemos qué hacer.
Hasta acá llego la reflexión
grupal. (por ahora)
¿Y ahora qué?
Surge y se posiciona en primer lugar una
pregunta práctica: ¿qué
hacer? Este interrogante nos señala
el obstáculo número uno: no
saber por dónde empezar. La incertidumbre
de cómo arrancar, iniciar, partir,
dar comienzo y salir airoso de este paso.
Con un poco de sentido común e información
conectando nuestras neuronas detectamos
varias posibilidades: participar en una
organización barrial, entrar en una
ONG,colaborar en alguna organización
artística cultural y en el mejor
de los casos quizás en un partido
político. Muchas posibilidades, pero
la pregunta sigue estando ¿por dónde
empezar?, a pesar de la lista de instituciones
tal vez no aparezca con claridad una propuesta,
y en realidad ni siquiera sepa si me necesitan.
Si logramos superar esta barrera, porque
nos encontramos con un amigo que no veíamos
hace mucho, y resulta que está trabajando
en algo, decimos:
- ¡justo! es lo que estaba buscando.
- excelente, venite mañana.
- ¿a qué hora?... ah, no,
mañana no puedo por el laburo.
- ¿el martes?
- la semana que viene tengo un parcial,
y estoy en el horno.
- ¿el juev…
- no, ensayamos con la banda, el viernes…
mi novia me mata, el fin de semana…
no, imposible, podría ser la otra…
dame tu mail.«
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