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Es
más que positivo encontrar que las
personas se organizan y se movilizan cuando
un hecho les parece injusto. Más que
alentador es que el fruto de dicha organización
arroje resultados favorables para la causa.
Más linda es una comunidad donde el
arte no tiene restricciones y camina libremente
por las calles, saludando a los ciudadanos.
Más bonito es un MUNICIPIO donde no
hay “peros” para que la gente
utilice los espacios públicos,
donde las personas se expresen de la
forma que conocen.
Hace bastante tiempo que los artistas autogestionados
y trabajadores culturales independientes no
tienen acceso a los espacios públicos”
grita, a través de su folleto, el M.A.A.S.
(Movimiento de Artistas Autogestionados de
San Martín). Se quejan, pero también
se organizan para recuperar los espacios públicos
negados por la municipalidad sin una razón
convincente, para ponerlos al servicio del
arte.
A la hora de visitar la municipalidad, en
búsqueda del permiso para orquestar
algún evento, las voces que suenan
son muchas. Pero todas tienen por carácter
común el desaliento. Algunos manifiestan
que los permisos no se otorgan porque no se
puede garantizar la seguridad (sí se
la puede garantizar en las zonas de boliches,
bailantas, etc.). Otros se excusan detrás
de la ordenanza n°4028 –sólo
una mente frondosa puede ver, en éste,
una herramienta para negar el lugar-; o, simplemente,
por desagrado de la Secretaría de Gobierno,
lugar por donde pasan los demos que aspiran
a mostrarse en público. En el Departamento
de Cultura le explican a uno, con total cordialidad,
la infinidad de instancias burocráticas
que se deben sortear (la pelota sigue pasándose).
En Espectáculos Públicos, entre
líneas, le hacen ver al cansado aspirante
que está perdiendo su tiempo.
La excusa que más se deja oír,
es la que dice “no se puede garantizar
la seguridad”. Como si se tratara de
una fábula trasmitida oralmente generación
tras generación, las causas de esta
prohibición hay que buscarlas en fuentes
extraoficiales. Ocurrió en el tramo
final de los años `80. Por aquel entonces,
tocaba un grupo de heavy metal en el municipio
–cuentan los sabios y ancianos metaleros
de San Martín que era Orcas. En un
momento dado, un espectador cae herido de
muerte a causa de una puñalada. A partir
de entonces, cuesta mucho trabajo tocar rock,
tango, chamamé, organizar una muestra
de artes plásticas, un acto a beneficio
de algún comedor en la plaza o cualquier
predio similar.
Ante este hecho de restricción arbitraria,
se alza la voz de Disidentes. Este grupo de
rock sanmartiniense busca traer su arte al
lugar que los vio nacer. Pero no están
solos en esta movida: los acompañan
radios locales, artistas plásticos,
otras bandas, luthiers, revistas culturales,
y hasta un portal en Internet. Todos impedidos
de utilizar lo que les corresponde como habitantes
del partido. “Los artistas sobrevivimos
porque el arte, como la vida, se vuelve mucho
más creíble, más sanguíneo
y corpóreo, más cierto, en la
calle en la plaza o en cualquier bar donde
nos encontremos”. Así cierra
su reclamo el M.A.A.S.: con un llamado a la
reflexión. Pero a la vez, habla de
un grupo de personas que se organizan en torno
a sus ideas e intereses, los defienden y protegen.
Esto es un esfuerzo que nunca es en vano.«
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| LF11 pág. 05,
2004. |
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