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Valeria Garay, info@diariolaflecha.org artículo 4 de 7
 
  ESPACIO DE TODOS  
  El bien común,
el bien común…..y dale

Todos los textos que tratan de la participación social en algún momento hablan de la importancia del bien común. Suena lindo, es cierto, pero ¿¿¿qué es??? Confieso que he leído algo al respecto, sin embargo, me gusta alimentarme de teorías ajenas para pensar prácticas propias. Como soy consciente de mis limitaciones (al menos a veces), desistiré (pada seguid viviendo) de tratar de definir el “bien”, al menos por ahora, y me preguntaré por algo más a mi alcance: ¿Qué es lo “común”? Desecho en este caso su acepción de “ordinario” para adherir a la idea que da origen a lo comunitario: es común lo que pertenece y atañe a más de uno a la vez. Esto es bastante fácil de interpretar cuando se aplica a cosas concretas: una calle (aunque cada vez haya más calles no tan comunes), una plaza, los espacios públicos en general. Este concepto se opone a lo privado, por ejemplo el cepillo de dientes, del que se espera lo use uno y no más de uno, al igual que a tu novia/o.

La cuestión se complica cuando pasamos a las abstracciones. Veamos: ¿oíste hablar del “sentido común”? Hay por ahí una bolufrase no exenta de verdad que dice que el sentido común es el menos común de los sentidos… Creo que si existe una percepción de su escasez, es porque cada uno está convencido de que nadie tiene el sentido tan común como el propio, lo que daría como resultado una proliferación de “sentidos particulares” o “sentidos privados”. Sospecho que, como están dadas las cosas, es normal –por no decir “común”– que esto suceda. Así, el sentido común dejaría de existir excepto en las aleatorias intersecciones entre los diferentes “sentidos particulares”. ¿Pasará algo parecido con el “bien común”?
Me atrevo a volver a la idea del “bien”… ¿Todo bien? Bueno, si está todo bien no hay nada que hablar, todo lo “común” también estará bien. Pero no está todo bien, es evidente, al menos en lo que respecta a lo común, lo público, lo colectivo. Yo como individuo estoy 10 pts, hasta que prendo el televisor. A mí me va joya, hasta que ese nene me pide otra vez. Entonces me pregunto ¿Se puede estar bien de a uno? ¿Estar bien tiene que ver con el propio bienestar? ¿Se puede vivir ignorando el malestar que produce el estar mal de los demás?
Me da la impresión de que siempre creímos que lo común no es de nadie, cuando la idea es a la inversa: como es común, también es mío. Parece que el “de todos” aniquila la posibilidad de asumir la parte que me toca. ¿Y qué parte me toca?

Yo tengo mi universo, vos tenés el tuyo, puede que no haya intersección entre tu mundo y el mío, aunque, claro, yo escribo y vos leés y ya nos involucramos. Hay millones de otros universos particulares que ignoramos.I gnoramos en el sentido de no saber. O ignoramos en el sentido de no querer saber. Hasta que forman parte de lo que nos toca. Desde lejos, como el noticiero. Un poquito más cerca, como el chico de la esquina. Si la dejamos, la vida puede encarnarnos la estadística. Podemos dejar que nos toque, y después, podemos dejar que nos mueva ¿Para dónde? Qué se yo... capaz un poco para adentro y después para afuera, con ganas de salir rajando para el lado contrario a veces, con todo el empuje y una sonrisa otras, con el corazón a pedazos, con muchísima alegría… Lo único que sé, es que el día que deje de moverme, estaré muerta.«

 
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LF11 pág. 05, 2004.
 
 

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