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El bien común,
el bien común…..y dale
Todos los textos que tratan de la participación
social en algún momento hablan de la
importancia del bien común. Suena lindo,
es cierto, pero ¿¿¿qué
es??? Confieso que he leído algo al
respecto, sin embargo, me gusta alimentarme
de teorías ajenas para pensar prácticas
propias. Como soy consciente de mis limitaciones
(al menos a veces), desistiré (pada
seguid viviendo) de tratar de definir el “bien”,
al menos por ahora, y me preguntaré
por algo más a mi alcance: ¿Qué
es lo “común”? Desecho
en este caso su acepción de “ordinario”
para adherir a la idea que da origen a lo
comunitario: es común lo que pertenece
y atañe a más de uno a la vez.
Esto es bastante fácil de interpretar
cuando se aplica a cosas concretas: una calle
(aunque cada vez haya más calles no
tan comunes), una plaza, los espacios públicos
en general. Este concepto se opone a lo privado,
por ejemplo el cepillo de dientes, del que
se espera lo use uno y no más de uno,
al igual que a tu novia/o.
La cuestión se complica cuando pasamos
a las abstracciones. Veamos: ¿oíste
hablar del “sentido común”?
Hay por ahí una bolufrase no exenta
de verdad que dice que el sentido común
es el menos común de los sentidos…
Creo que si existe una percepción de
su escasez, es porque cada uno está
convencido de que nadie tiene el sentido tan
común como el propio, lo que daría
como resultado una proliferación de
“sentidos particulares” o “sentidos
privados”. Sospecho que, como están
dadas las cosas, es normal –por no decir
“común”– que esto
suceda. Así, el sentido común
dejaría de existir excepto en las aleatorias
intersecciones entre los diferentes “sentidos
particulares”. ¿Pasará
algo parecido con el “bien común”?
Me atrevo a volver a la idea del “bien”…
¿Todo bien? Bueno, si está todo
bien no hay nada que hablar, todo lo “común”
también estará bien. Pero no
está todo bien, es evidente, al menos
en lo que respecta a lo común, lo público,
lo colectivo. Yo como individuo estoy 10 pts,
hasta que prendo el televisor. A mí
me va joya, hasta que ese nene me pide otra
vez. Entonces me pregunto ¿Se puede
estar bien de a uno? ¿Estar bien tiene
que ver con el propio bienestar? ¿Se
puede vivir ignorando el malestar que produce
el estar mal de los demás?
Me da la impresión de que siempre creímos
que lo común no es de nadie, cuando
la idea es a la inversa: como es común,
también es mío. Parece que el
“de todos” aniquila la posibilidad
de asumir la parte que me toca. ¿Y
qué parte me toca?
Yo tengo mi universo, vos tenés el
tuyo, puede que no haya intersección
entre tu mundo y el mío, aunque, claro,
yo escribo y vos leés y ya nos involucramos.
Hay millones de otros universos particulares
que ignoramos.I gnoramos en el sentido de
no saber. O ignoramos en el sentido de no
querer saber. Hasta que forman parte de lo
que nos toca. Desde lejos, como el noticiero.
Un poquito más cerca, como el chico
de la esquina. Si la dejamos, la vida puede
encarnarnos la estadística. Podemos
dejar que nos toque, y después, podemos
dejar que nos mueva ¿Para dónde?
Qué se yo... capaz un poco para adentro
y después para afuera, con ganas de
salir rajando para el lado contrario a veces,
con todo el empuje y una sonrisa otras, con
el corazón a pedazos, con muchísima
alegría… Lo único que
sé, es que el día que deje de
moverme, estaré muerta.«
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| LF11 pág. 05,
2004. |
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