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Valeria Vincent, info@diariolaflecha.org artículo 9 de 10
 
  LAS QUESITAS SIEMPRE SERÁN QUESITAS
(o bien) las Panchitas nunca serán Sonrisas
 
 

Por diversas circunstancias de la vida conocemos a muchas personas, algunas por decisión y otras simplemente porque “nos tocó conocerlas”. Personas de diferentes clases sociales, con modos de ver y concebir la vida distintos, con gustos e ideas opuestas, formas diferentes de actuar, de hablar… Quizá sea algo de esto y algunas experiencias de encuentros y desencuentros, lo que me llevó a preguntarme hasta qué punto la clase social en la que nacimos, el país, la época, la familia determinan nuestra existencia. El sociólogo francés Pierre Bourdieu se refiere al tema y desarrolla algo que va a ser central en su teoría sociológica: el concepto de habitus. El habitus es el conjunto de disposiciones que tenemos por haber nacido en una determinada clase, esto es, una determinada manera de ver, actuar y concebir el mundo. Bourdieu no se alinea ni en el extremo del determinismo mecanicista, ni en el extremo del subjetivismo. Busca la reconciliación de estas dos posturas, sosteniendo que, lo que en realidad se da, es una “interiorización de la exterioridad”. Es decir, que a través del habitus, se interiorizan las condiciones sociales de existencia de clase, y se vuelven naturales, necesarias. Cada uno se queda en su molde.

Siguiendo esta idea, uno podría sostener que hay personas que se “salen del molde”.Conozco dos ejemplos. Lucas es un chico que nació en Barrio Norte, en una “familia bien”, y que a los 21 se fue a vivir a una villa, cuestionado por la pobreza y buscando “ser y vivir como ellos”. Gastón es un chico que se crió en una familia de clase media baja, (lo que los medios suelen llamar “clase trabajadora”), y en la que hace 8 años su viejo empezó a reflotar. Hoy Gastón estudia Administración de Empresas en la UCA.

Habitualmente hay una correlación esperable entre las motivaciones y necesidades que tiene una persona y aquello que es probable que pueda alcanzar. “Las prácticas más improbables se encuentran excluidas sin examen alguno, a título de lo impensable, por esa especie de sumisión inmediata al orden, que inclina a hacer de la necesidad una virtud”, sostiene el sociólogo. Habría, entonces, una anticipación del porvenir, lo que, según Bourdieu, en el lenguaje deportivo se llama “sentido del juego”. El sentido del juego es el arte de anticipar prácticamente el porvenir inscrito en el presente. Todo lo que se da en el juego parece sensato, correcto, orientado a una dirección razonable. Si se suspende la adhesión al juego, el mundo y las acciones y prácticas que se desarrollan en él se vuelven absurdas.
Cuando uno está entregado al juego no es consciente del juego al que está sometido, ni las preguntas sobre el sentido del mundo y de la vida son una preocupación. “Se nace en el juego, con el juego”, por eso se ignora que se está dentro de él. Y por eso el buen funcionamiento del juego está garantizado, porque hay una adhesión al juego indiscutida.

Si bien uno nace en una determinada familia, educado de tal forma, es posible ir un poco más allá de las fronteras de lo pensable. Discutir lo que siempre dimos por sentado. Pero el tema es: ¿hasta qué punto? Porque Lucas no puede pensar ni actuar como un chico de una villa, ni Gastón puede actuar y pensar como un chico de Belgrano. Hay marcas de origen, que no tiene que ver con ser mejor o peor, pero están ahí.

Cuando uno empieza a darse cuenta de que lo que “mamó” de chiquito puede ser de otra manera, y decide cambiar, comienza a ser un excéntrico para los otros. Excéntrico: el que pierde el centro o cambia de centro. “Está medio raro”, “antes no era así”, opinan los amigos de la infancia. Y tal vez no sea más que ejercer la libertad para encontrar el propio camino. ¿Cómo escapar de la historia? Las condiciones están ahí, inscritas en el ser ¿Hay que borrar lo que somos y empezar de cero? ¿Se puede cambiar? ¿Es posible que, a partir de cambiar nuestra mirada sobre lo que somos y lo que no somos, convirtamos en “pensable” una nueva realidad? ¿Es una utopía…? ¿O también esto forma parte de lo impensable?.«

 
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LF10 pág. 09, 2004.
Material de consulta:

» Bourdieu, Pierre.

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