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Ricardo Dempsey, info@diariolaflecha.org artículo 6 de 10
 
  HASTA LOS JUGOS  
 

“Conseguir 4.000 naranjas… una bomba neutrónica en el Pacífico… U$S 250.000.-… super secreto…. el gobierno de los Estados Unidos pone la guita… con la cáscara hacemos un antídoto…. pero el único productor tiene sólo 3.000… ¿y estos?…¿estos quiénes son?… ¿vendrán a negociar también?”

En el dibujo de arriba se encuentran escondidos en el follaje del árbol el Presidente de la Nación, el ratón Mickey (ninguna alusión especial), 3 pelotas de ping-pong (tenis de mesa), 5 bochas de polo, 2 de hockey (femenino), 1 bombita de luz incandescente y 45 naranjas de diversos
tamaños. ¿Podés encontrarlos?

Nos sentamos en parejas y comenzamos a negociar. A pesar de conocernos hace un año ya nos miramos incómodos igual. Cada uno hacía que revisaba los papeles que tenía en la mano sin animarse a mirar directo a los ojos. Después de un tiempito de ablande le dije:
- “Bueno, yo necesito las naranjas.”
- “Yo también”, me contestó.
- “Me lo imaginaba… pero te cuento que yo las necesito porque se armó un quilombo bárbaro, y resulta que…”
- “¿Quilombo el tuyo? Mirá, yo las necesito para un remedio insustituible”, bla, bla…
- “Esto es confidencial, le dije intentando imponerle mi mayor urgencia, acá está metido el gobierno americano y me dan mucha guita – con esto buscaba indicarle que podría hacerlo parte de mi negocio.”
- “Para mí también hay mucha guita en juego.”
- “¿100.000?”
- “Más”
- “¿150.000?”, (hijo de p., esto me va a salir caro)
- “Más de 200.000”

Me quedé en silencio, mi táctica había explotado en el aire, yo pensaba ofrecerle un arreglo para que no ofreciera guita por las naranjas, pero parece que éste tiene tanta guita en juego como yo. Las demás parejas gesticulaban, se puteaban, se ofendían, otras simplemente buscaban fórmulas imposibles para dilucidar cuál de los dos tenía más derechos sobre las naranjas.

Mientras mirábamos la manera de salir del bardo recordé el embotellamiento de la AU1, qué caos, los bondis se cruzaban y te pechaban exigiendo paso, sacabas la mano para doblar y meterte en el carril y te la cortaban. Levanté el horizonte y pensé en mi casa. Si a mi hermana no la dejan ver los Roldán es capaz de romper la tele –como el cuzco del hortelano. Me acordé de nuestros vecinos de enfrente, pusimos una luz en la calle y al día siguiente vino uno enojado porque le rompe los ojos, y nosotros lo único que queríamos era no tener una sombra atrás cuando metiéramos la llave en la puerta. Me acordé de “no sé pero me opongo”, me acordé del dilema del prisionero y del juego “suma cero”. Me acordé de Ruckauf y De la Rúa, de Bush y Saddam, de Maradona y Macri…, de Aquiles y Héctor… de frente y a todo o nada.

¿Queremos todos lo mismo…?, ¿si hubiera escuchado un poco más…? ¿si hubiera preguntado…? ¿si me pusiera en su lugar…?, a lo mejor no se trata de guita, a lo mejor quiere respeto, a lo mejor lo de él no va en contra de lo mío, a lo mejor podemos hacer cosas juntos y que salga más de lo que pensamos. ¿Es la posición una manifestación real de lo que se quiere? ¿Lo que se dice es verdaderamente lo que se quiere? Puede que no.

- “Estamos jodidos”, dije, “¿ahora qué hacemos?”
- “¿Vos necesitás el jugo?”, me preguntó.
Un fogonazo de lucidez me insinuó que teníamos una salida, me fijé en los papeles y confirmé lo de las cáscaras.
- “¿Querés hacer una sociedad?”.«

 
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LF10 pág. 07, 2004.
 
 

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