“Conseguir
4.000 naranjas… una bomba neutrónica
en el Pacífico… U$S 250.000.-…
super secreto…. el gobierno de los
Estados Unidos pone la guita… con
la cáscara hacemos un antídoto….
pero el único productor tiene sólo
3.000… ¿y estos?…¿estos
quiénes son?… ¿vendrán
a negociar también?”
En el dibujo de arriba se encuentran escondidos
en el follaje del árbol el Presidente
de la Nación, el ratón Mickey
(ninguna alusión especial), 3 pelotas
de ping-pong (tenis de mesa), 5 bochas de
polo, 2 de hockey (femenino), 1 bombita
de luz incandescente y 45 naranjas de diversos
tamaños. ¿Podés encontrarlos?
Nos sentamos en parejas y comenzamos a negociar.
A pesar de conocernos hace un año
ya nos miramos incómodos igual. Cada
uno hacía que revisaba los papeles
que tenía en la mano sin animarse
a mirar directo a los ojos. Después
de un tiempito de ablande le dije:
- “Bueno, yo necesito las naranjas.”
- “Yo también”, me contestó.
- “Me lo imaginaba… pero te
cuento que yo las necesito porque se armó
un quilombo bárbaro, y resulta que…”
- “¿Quilombo el tuyo? Mirá,
yo las necesito para un remedio insustituible”,
bla, bla…
- “Esto es confidencial, le dije intentando
imponerle mi mayor urgencia, acá
está metido el gobierno americano
y me dan mucha guita – con esto buscaba
indicarle que podría hacerlo parte
de mi negocio.”
- “Para mí también hay
mucha guita en juego.”
- “¿100.000?”
- “Más”
- “¿150.000?”, (hijo
de p., esto me va a salir caro)
- “Más de 200.000”
Me quedé en silencio, mi táctica
había explotado en el aire, yo pensaba
ofrecerle un arreglo para que no ofreciera
guita por las naranjas, pero parece que
éste tiene tanta guita en juego como
yo. Las demás parejas gesticulaban,
se puteaban, se ofendían, otras simplemente
buscaban fórmulas imposibles para
dilucidar cuál de los dos tenía
más derechos sobre las naranjas.
Mientras mirábamos la manera de salir
del bardo recordé el embotellamiento
de la AU1, qué caos, los bondis se
cruzaban y te pechaban exigiendo paso, sacabas
la mano para doblar y meterte en el carril
y te la cortaban. Levanté el horizonte
y pensé en mi casa. Si a mi hermana
no la dejan ver los Roldán es capaz
de romper la tele –como el cuzco del
hortelano. Me acordé de nuestros
vecinos de enfrente, pusimos una luz en
la calle y al día siguiente vino
uno enojado porque le rompe los ojos, y
nosotros lo único que queríamos
era no tener una sombra atrás cuando
metiéramos la llave en la puerta.
Me acordé de “no sé
pero me opongo”, me acordé
del dilema del prisionero y del juego “suma
cero”. Me acordé de Ruckauf
y De la Rúa, de Bush y Saddam, de
Maradona y Macri…, de Aquiles y Héctor…
de frente y a todo o nada.
¿Queremos todos lo mismo…?,
¿si hubiera escuchado un poco más…?
¿si hubiera preguntado…? ¿si
me pusiera en su lugar…?, a lo mejor
no se trata de guita, a lo mejor quiere
respeto, a lo mejor lo de él no va
en contra de lo mío, a lo mejor podemos
hacer cosas juntos y que salga más
de lo que pensamos. ¿Es la posición
una manifestación real de lo que
se quiere? ¿Lo que se dice es verdaderamente
lo que se quiere? Puede que no.
- “Estamos jodidos”, dije, “¿ahora
qué hacemos?”
- “¿Vos necesitás el
jugo?”, me preguntó.
Un fogonazo de lucidez me insinuó
que teníamos una salida, me fijé
en los papeles y confirmé lo de las
cáscaras.
- “¿Querés hacer una
sociedad?”.«
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