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El
gran Aristóteles relacionó
directamente la ética con la política.
Nosotros, basándonos en el dato histórico
de que el Filósofo entró en
“la Academia” (1) y permaneció
20 años en ella, deducimos que llegó
a ser hincha de este equipo de Avellaneda;
y no sólo eso, sino también
consideramos que es muy probable que haya
jugado al fútbol con Nicómaco
(su hijo) al que también le dedicó
su Ética. ¿Cómo no
relacionar entonces la ética con
el arte de las artes? y entender que las
acciones (patadas, pases, cabezazos) pueden
adquirir valor según lo que el jugador
es y lo que espera de sí mismo.
Los de afuera no son de palo, ni de afuera
Libertad para jugar, libertad para correr
y patear al arco, para eso hay que crear
espacios, y que nadie impida hacer la jugada
como se quiere. Que nadie lo marque, que
nadie le de indicaciones, que nadie le señale
una falta, que nadie...
Nunca es así, cada fin de semana
cuando el jugador sale a la cancha hay miles
de personas que influyen. Para empezar está
el réferi que lo obliga a respetar
el reglamento. También el director
técnico (DT) que le exige cumplir
con su función y el equipo contrario
que lo marca, y entre 50.000 y 70.000 personas
que lo alientan o lo putean.
Parece evidente que estos personajes limitan
a cada uno de los jugadores quitándole
“porciones” de libertad. Pero
¿qué pasaría si quitáramos
alguno de los “elementos” que
conforman esta realidad? Por ejemplo si
no estuviera el DT y todos los jugadores
del equipo pretendieran jugar, o si el domingo
por la tarde no viniera el réferi,
cualquiera podría hacer lo que quisiera,
como llevar 13 jugadores, tener un arco
más chico o lo que fuera, y se haría
imposible el juego. ¿Qué pasaría
si no hubiera hinchada o equipo contrario?
Paradójicamente estos elementos recién
nombrados, que en muchos casos ponen límites,
lejos de estar en contra del desarrollo
del juego, justamente son aquellos que conforman
un marco de posibilidad para la realización
del partido y del despliegue de cada jugador.
Lo que viene de fuera entonces podríamos
considerarlo no como algo contrario sino
complementario, de hecho todos los elementos
se articulan conformando un “campo
de juego”, un ámbito común.
Gran valor
Si consideramos que la realidad en general
no determina absolutamente las acciones
sino que posibilita el despliegue de cada
uno, notemos que cada jugador realiza acciones
que dependen de su decisión personal.
Si esto es así, las acciones ¿son
indiferentes? ¿lo que hagan da lo
mismo?
¿Qué determina el valor de
las decisiones que haya tomado? ¿Por
qué unas serían más
preferibles que otras?
Para buscar respuestas no conviene partir
de un catálogo de acciones en sí
mismas e intentar ordenarlas de buenas a
malas, porque las situaciones nunca son
exactamente iguales, y si en algún
caso sí lo fueran, los jugadores
son diferentes y las posibilidades variadas.
Conviene partir de un dato objetivo: estamos
hablando de acciones de personas, en este
caso jugadores de fútbol. Y de un
dato subjetivo en el que vamos a profundizar:
esta persona-futbolista, tiene un ideal,
una idea determinada de qué clase
de jugador quiere ser.
Para una persona y jugador de fútbol,
las posibilidades de realización
son muy variadas: puede ser defensor, delantero,
arquero, etc. Si el ideal de un jugador
fuera ser defensor y en el partido lo que
hizo fue marcar bien a los contrarios, ese
jugador valorará su acción,
pero si su ideal es ser goleador esa acción
no representa el mismo valor que patear
al arco y meter un gol.
¿Cuál sería la razón,
por la que le dan o no valor a esas jugadas
si, en este caso, cada acción en
sí misma no tiene nada de malo?
El punto de valoración es que son
preferibles (buenas o mejores) aquellas
acciones que responden a lo que la persona
quiere de sí mismo, y por el contrario
serían menos valoradas (malas o peores)
aquellas que no responden a la figura que
cada uno le quiere conferir a su personalidad.
Tenerla atada
Si lo que rige los actos de elección
no viene dado por el prestigio que tienen
las actitudes que una hinchada (sociedad)
considera como “normales”, sino
que consideramos importante el elemento
subjetivo, conviene aclarar, que no nos
referimos al sentimiento de “agradable”
que uno pueda tener en determinado momento,
que varía constantemente, sino de
la configuración que cada uno dio
a su vida e intenta desarrollar en las acciones
cotidianas. Estas acciones no serían
impuestas por nadie, sino que cada uno hizo
propias, cada uno se a-propió. Y
por lo tanto para él son acciones
apropiadas.
Para desarrollarse, cada jugador tiene ante
sí ciertas posibilidades de acción,
unas pueden ser apropiadas y otras no. Y
no todas están en igual condición,
las posibilidades de que sean más
potentes para llegar a la meta personal
serán las apropiadas.
La meta no está dada por la naturaleza
instintiva. Si bien tiene una base en elementos
objetivos (persona-jugador de fútbol),
es una posibilidad elegible, apropiable.
Cada uno tiene la posibilidad de anteponerse
a sí mismo en función del
ideal al que quiere llegar. De hecho, los
instintos no alcanzan para orientarnos,
se requiere de la capacidad de elección
y configuración, para determinar
el cómo ser efectivamente.
Que cada uno tenga propiedades “apropiadas”
y no meramente naturales, es lo que constituye
la capacidad de decisión sobre su
vida. En que la propiedad sea “apropiable”
está el carácter de bien.
Que sea “apropiada” o no lo
sea, tiene que ver con aquello a lo que
cada uno haga propio.
(1) “367/366 Se traslada
a Atenas y entra en la Academia, donde permanece
por un período de 20 años...”
Geovanni Reale “Introducción
a Aristóteles” Herder. Barcelona
1992.
Nota: Cf. A. Lopez Quintás. "La
cultura y el sentido de la vida" Ed.
PPC. Madrid.«
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