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Facundo Montes, facundom@diariolaflecha.org artículo 5 de 10
 
  ETICA DE FULBACHO  
 

El gran Aristóteles relacionó directamente la ética con la política. Nosotros, basándonos en el dato histórico de que el Filósofo entró en “la Academia” (1) y permaneció 20 años en ella, deducimos que llegó a ser hincha de este equipo de Avellaneda; y no sólo eso, sino también consideramos que es muy probable que haya jugado al fútbol con Nicómaco (su hijo) al que también le dedicó su Ética. ¿Cómo no relacionar entonces la ética con el arte de las artes? y entender que las acciones (patadas, pases, cabezazos) pueden adquirir valor según lo que el jugador es y lo que espera de sí mismo.

Los de afuera no son de palo, ni de afuera

Libertad para jugar, libertad para correr y patear al arco, para eso hay que crear espacios, y que nadie impida hacer la jugada como se quiere. Que nadie lo marque, que nadie le de indicaciones, que nadie le señale una falta, que nadie...
Nunca es así, cada fin de semana cuando el jugador sale a la cancha hay miles de personas que influyen. Para empezar está el réferi que lo obliga a respetar el reglamento. También el director técnico (DT) que le exige cumplir con su función y el equipo contrario que lo marca, y entre 50.000 y 70.000 personas que lo alientan o lo putean.

Parece evidente que estos personajes limitan a cada uno de los jugadores quitándole “porciones” de libertad. Pero ¿qué pasaría si quitáramos alguno de los “elementos” que conforman esta realidad? Por ejemplo si no estuviera el DT y todos los jugadores del equipo pretendieran jugar, o si el domingo por la tarde no viniera el réferi, cualquiera podría hacer lo que quisiera, como llevar 13 jugadores, tener un arco más chico o lo que fuera, y se haría imposible el juego. ¿Qué pasaría si no hubiera hinchada o equipo contrario?

Paradójicamente estos elementos recién nombrados, que en muchos casos ponen límites, lejos de estar en contra del desarrollo del juego, justamente son aquellos que conforman un marco de posibilidad para la realización del partido y del despliegue de cada jugador. Lo que viene de fuera entonces podríamos considerarlo no como algo contrario sino complementario, de hecho todos los elementos se articulan conformando un “campo de juego”, un ámbito común.

Gran valor

Si consideramos que la realidad en general no determina absolutamente las acciones sino que posibilita el despliegue de cada uno, notemos que cada jugador realiza acciones que dependen de su decisión personal. Si esto es así, las acciones ¿son indiferentes? ¿lo que hagan da lo mismo?
¿Qué determina el valor de las decisiones que haya tomado? ¿Por qué unas serían más preferibles que otras?

Para buscar respuestas no conviene partir de un catálogo de acciones en sí mismas e intentar ordenarlas de buenas a malas, porque las situaciones nunca son exactamente iguales, y si en algún caso sí lo fueran, los jugadores son diferentes y las posibilidades variadas.
Conviene partir de un dato objetivo: estamos hablando de acciones de personas, en este caso jugadores de fútbol. Y de un dato subjetivo en el que vamos a profundizar: esta persona-futbolista, tiene un ideal, una idea determinada de qué clase de jugador quiere ser.

Para una persona y jugador de fútbol, las posibilidades de realización son muy variadas: puede ser defensor, delantero, arquero, etc. Si el ideal de un jugador fuera ser defensor y en el partido lo que hizo fue marcar bien a los contrarios, ese jugador valorará su acción, pero si su ideal es ser goleador esa acción no representa el mismo valor que patear al arco y meter un gol.

¿Cuál sería la razón, por la que le dan o no valor a esas jugadas si, en este caso, cada acción en sí misma no tiene nada de malo?
El punto de valoración es que son preferibles (buenas o mejores) aquellas acciones que responden a lo que la persona quiere de sí mismo, y por el contrario serían menos valoradas (malas o peores) aquellas que no responden a la figura que cada uno le quiere conferir a su personalidad.

Tenerla atada

Si lo que rige los actos de elección no viene dado por el prestigio que tienen las actitudes que una hinchada (sociedad) considera como “normales”, sino que consideramos importante el elemento subjetivo, conviene aclarar, que no nos referimos al sentimiento de “agradable” que uno pueda tener en determinado momento, que varía constantemente, sino de la configuración que cada uno dio a su vida e intenta desarrollar en las acciones cotidianas. Estas acciones no serían impuestas por nadie, sino que cada uno hizo propias, cada uno se a-propió. Y por lo tanto para él son acciones apropiadas.
Para desarrollarse, cada jugador tiene ante sí ciertas posibilidades de acción, unas pueden ser apropiadas y otras no. Y no todas están en igual condición, las posibilidades de que sean más potentes para llegar a la meta personal serán las apropiadas.

La meta no está dada por la naturaleza instintiva. Si bien tiene una base en elementos objetivos (persona-jugador de fútbol), es una posibilidad elegible, apropiable. Cada uno tiene la posibilidad de anteponerse a sí mismo en función del ideal al que quiere llegar. De hecho, los instintos no alcanzan para orientarnos, se requiere de la capacidad de elección y configuración, para determinar el cómo ser efectivamente.

Que cada uno tenga propiedades “apropiadas” y no meramente naturales, es lo que constituye la capacidad de decisión sobre su vida. En que la propiedad sea “apropiable” está el carácter de bien. Que sea “apropiada” o no lo sea, tiene que ver con aquello a lo que cada uno haga propio.

(1) “367/366 Se traslada a Atenas y entra en la Academia, donde permanece por un período de 20 años...” Geovanni Reale “Introducción a Aristóteles” Herder. Barcelona 1992.

Nota: Cf. A. Lopez Quintás. "La cultura y el sentido de la vida" Ed. PPC. Madrid.
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LF10 pág. 06-07, 2004.
Material de consulta:

» López Quintas “La cultura y el sentido de la vida” Ed. PPC Madrid

» Reale Giovanni “Introducción a Aristóteles” Herder Barcelona 1992

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