|
| |
| |
Las
ideas no se matan. A veces se suicidan, de
un bollo, en el tacho de basura. ¿Quién
dictamina cuándo una idea es buena
o mala, novedosa o remanente, propia o ajena?
¿Cuándo es realmente “creativa”
?
Hasta hace un tiempo se pensaba que ser creativo
era una capacidad intelectual, hoy se piensa
que la creatividad es más ser que saber,
es una forma nueva de pensar, de querer y
hacer.
Es una dimensión humana para generar
y desarrollar ideas nuevas y valiosas. Y ser
creativo es también practicar la idea.
Los desarrollos creativos tienen dos condiciones:
la novedad -que una persona pueda generar
ideas-, y la validez -algo que hoy no es valioso,
mañana puede serlo.
Se afirma que las primeras quince ideas que
uno pueda tener, ya se le han ocurrido a otro
y que recién la número dieciséis
podría llegar a ser nueva.
Esto en cierto modo explica por qué
cada vez que tenemos que crear algo nos sentamos
y nada de lo que pensamos nos gusta, entonces
volvemos a empezar, una y otra vez.
Si no le aflojamos, puede suceder que de repente,
y a pesar de nuestras pocas expectativas,
“Eureka”. Quizá no hayamos
descubierto la pólvora, pero sí,
una pista por donde encontrar aquella idea
que buscamos. «
|
|
|
|
|
|
|
 |
| LF10 pág. 04,
2004. |
|
|