« La Flecha 09 | La Tierra
   
Valeria Vincent, info@diariolaflecha.org artículo 7 de 8
 
  TERROME…TERROME…  
 

Si hablara. Y dijera y preguntara y objetara y pidiera explicaciones. Y en un ¿qué piensan que soy? hurgara por respuestas no concluidas, no cerradas, sino siempre abiertas a la subjetividad y la experiencia de cada persona... Inagotable, es de todos y no es de nadie. “Para mí es la madre, es la vida”, me dijo Keko, un trabajador rural de la provincia de Río Negro, charlando entre mate y mate. Muchos la piensan adquirible, pero ella desconoce de posesividad en pocas manos. Callada, se entrega una y otra vez.
Para Lía Bossio, una estudiante de antropología de la UBA, la convivencia con los Deni, un grupo originario del Amazonas, le permitió apreciar la grandeza de la tierra. “Sumergida en ese verde inagotable, de miles de olores y sonidos, sin más recursos para vivir que la tierra misma, descubrí que no necesitaba más porque todo estaba ahí. Por esto, y más, la tierra es también vida, contenedora de absolutamente todo, esencial como el aire y el agua.” Y cuenta que “para los Deni es su historia, su pasado incluido diariamente en su presente; no hay una división entre ellos y su tierra, un uno indisoluble. Es el lugar que conocen, donde saben cómo vivir, donde quieren vivir.”

Imprevisible, extensa, expectante, imponente. “Para algunos pasa desapercibida porque simplemente la usan como el lugar de emplazamiento de sus hogares, para otros La Tierra misma es su casa.”, dice Lía. Y de repente uno se encuentra ante otras miradas, de personas que pusieron el cuerpo para defender el territorio. Que conmueven, que mueven-con ante el relato de una experiencia trascendental.
“Yo creo que volvería a poner mi cuerpo para recuperar las Malvinas. Si te mueve un poco el orgullo, si te trabajan un poco y se te da la oportunidad, yo creo que sí. No sé si la revancha viene por algo psicológico o algo de sangre (soy de sangre italiana), pero no estoy lo suficientemente asustado como para decir “no voy”. Capaz que allá me arrepiento, pero si me dicen “Vamos”... y sí, vamos.” El que habla con tanta convicción es Jorge Tofalo, uno de los tantos chicos que a los 19 años partió para las islas en aquel otoño del ’82. El 2 de abril de ese año las tropas argentinas toman las Islas y Galtieri es ovacionado en Plaza de Mayo. 74 días, 648 argentinos muertos y una derrota. “Jamás –dice Jorge- jamás, un civil se va a imaginar lo que se pasó allá en las noches de combate. Jamás. No hay una imaginación, ni Spielberg, que pueda llegar a imaginarse lo que se pasó allá. Si hubiese algún día una máquina que pudiera extraer los recuerdos y los marcos de una imagen, ni siquiera esa imagen va a poder plasmar esas horas de estar despiertos, de no ver nada, las balas, los ruidos, la gente herida que gritaba “mamá, mamá”, la sensación de cuando vos le pegabas un tiro a alguien. Todas esas sensaciones jamás van a poder ser imaginadas como realmente pasó”.
Una misma cosa da lugar a diferentes representaciones. ¿Sentido común? Quizá sí. No es lo mismo para unos y otros, depende desde qué lugar se pregunte, desde qué lugar se responda.
“Para mí la tierra es vida. Representa la vida, lo que sacamos para comer, todo lo produce la tierra. Es lo más importante que tenemos, porque si no tuviéramos tierra no tendríamos piso ¿en qué estaríamos sostenidos? Es todo. Es donde vivimos, donde estamos trabajando”. Keko (Sergio Herrrera) habla de la tierra con pasión, como quien habla de algo con lo que se tiene una relación intensa. “La tierra es la madre de todo, le hagamos lo que le hagamos se la aguanta, no nos deja, sigue dándonos vida. Somos hijos de la tierra, por eso tenemos que aprender a cuidarla, trabajarla para que produzca, abonarla. Acá en la Patagonia hay tierra para todos, para todo el que quiera trabajar. Lo que hace falta es que haya un buen gobierno que reparta las tierras y las ponga a producir. La tierra tiene que ser de los argentinos y se la estamos dejando toda a los de afuera. No puede ser así”.

La tierra interpela a quien se deja interpelar y en ese dinamismo se sigue dando, condenada a la perpetuidad.«

 
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LF09 pág. 09, 2003.
 
 

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