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Si
hablara. Y dijera y preguntara y objetara
y pidiera explicaciones. Y en un ¿qué
piensan que soy? hurgara por respuestas
no concluidas, no cerradas, sino siempre
abiertas a la subjetividad y la experiencia
de cada persona... Inagotable, es de todos
y no es de nadie. “Para mí
es la madre, es la vida”, me dijo
Keko, un trabajador rural de la provincia
de Río Negro, charlando entre mate
y mate. Muchos la piensan adquirible, pero
ella desconoce de posesividad en pocas manos.
Callada, se entrega una y otra vez.
Para Lía Bossio, una estudiante de
antropología de la UBA, la convivencia
con los Deni, un grupo originario del Amazonas,
le permitió apreciar la grandeza
de la tierra. “Sumergida en ese verde
inagotable, de miles de olores y sonidos,
sin más recursos para vivir que la
tierra misma, descubrí que no necesitaba
más porque todo estaba ahí.
Por esto, y más, la tierra es también
vida, contenedora de absolutamente todo,
esencial como el aire y el agua.”
Y cuenta que “para los Deni es su
historia, su pasado incluido diariamente
en su presente; no hay una división
entre ellos y su tierra, un uno indisoluble.
Es el lugar que conocen, donde saben cómo
vivir, donde quieren vivir.”
Imprevisible, extensa, expectante, imponente.
“Para algunos pasa desapercibida porque
simplemente la usan como el lugar de emplazamiento
de sus hogares, para otros La Tierra misma
es su casa.”, dice Lía. Y de
repente uno se encuentra ante otras miradas,
de personas que pusieron el cuerpo para
defender el territorio. Que conmueven, que
mueven-con ante el relato de una experiencia
trascendental.
“Yo creo que volvería a poner
mi cuerpo para recuperar las Malvinas. Si
te mueve un poco el orgullo, si te trabajan
un poco y se te da la oportunidad, yo creo
que sí. No sé si la revancha
viene por algo psicológico o algo
de sangre (soy de sangre italiana), pero
no estoy lo suficientemente asustado como
para decir “no voy”. Capaz que
allá me arrepiento, pero si me dicen
“Vamos”... y sí, vamos.”
El que habla con tanta convicción
es Jorge Tofalo, uno de los tantos chicos
que a los 19 años partió para
las islas en aquel otoño del ’82.
El 2 de abril de ese año las tropas
argentinas toman las Islas y Galtieri es
ovacionado en Plaza de Mayo. 74 días,
648 argentinos muertos y una derrota. “Jamás
–dice Jorge- jamás, un civil
se va a imaginar lo que se pasó allá
en las noches de combate. Jamás.
No hay una imaginación, ni Spielberg,
que pueda llegar a imaginarse lo que se
pasó allá. Si hubiese algún
día una máquina que pudiera
extraer los recuerdos y los marcos de una
imagen, ni siquiera esa imagen va a poder
plasmar esas horas de estar despiertos,
de no ver nada, las balas, los ruidos, la
gente herida que gritaba “mamá,
mamá”, la sensación
de cuando vos le pegabas un tiro a alguien.
Todas esas sensaciones jamás van
a poder ser imaginadas como realmente pasó”.
Una misma cosa da lugar a diferentes representaciones.
¿Sentido común? Quizá
sí. No es lo mismo para unos y otros,
depende desde qué lugar se pregunte,
desde qué lugar se responda.
“Para mí la tierra es vida.
Representa la vida, lo que sacamos para
comer, todo lo produce la tierra. Es lo
más importante que tenemos, porque
si no tuviéramos tierra no tendríamos
piso ¿en qué estaríamos
sostenidos? Es todo. Es donde vivimos, donde
estamos trabajando”. Keko (Sergio
Herrrera) habla de la tierra con pasión,
como quien habla de algo con lo que se tiene
una relación intensa. “La tierra
es la madre de todo, le hagamos lo que le
hagamos se la aguanta, no nos deja, sigue
dándonos vida. Somos hijos de la
tierra, por eso tenemos que aprender a cuidarla,
trabajarla para que produzca, abonarla.
Acá en la Patagonia hay tierra para
todos, para todo el que quiera trabajar.
Lo que hace falta es que haya un buen gobierno
que reparta las tierras y las ponga a producir.
La tierra tiene que ser de los argentinos
y se la estamos dejando toda a los de afuera.
No puede ser así”.
La tierra interpela a quien se deja interpelar
y en ese dinamismo se sigue dando, condenada
a la perpetuidad.«
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