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La 31… la 21…
- ¡Cuántas antenas de Direct
TV!
- Prefieren no comer o afanar, pero la antena
no falta.
- Así estamos… y encima después
cortan la ruta.
Favelas en Brasil, poblaciones callampas
en Chile, cantegriles en Uruguay y villas
miseria en Argentina. Lo hablamos con amigos,
lo vimos en la facultad, lo analizamos en
clase, lo vimos en la tele. Los diarios
nos siguen cantando los números…17,9;
34,5; 42,1; y los últimos dicen que
hoy en Bs As el 51,5 % de los habitantes
son pobres. Que le vamo hacé. “Usurpadores”,
“sin techo”, “intrusos”
o “villeros”, viven en no-terrenos.
Como no tengo Direct TV en casa, me puse
a investigar una parte de nuestra historia
que resultó ser un golpe mas duro
de lo que pensaba.
Golpe A golpe
Entre los años 1977 y 1981, durante
el llamado “Proceso de Reorganización
Nacional”, bajo la intendencia de
Osvaldo Cacciatore, se produce la erradicación
compulsiva de los villeros.
Se cargaba en camiones a las familias y
sus pertenencias, se destruían las
viviendas y se los trasladaba hacia el Gran
Buenos Aires. Se les otorgaba créditos
impagables para planes de vivienda, a los
extranjeros se los deportaba a sus lugares
de origen, y a otros se los trasladaba a
Núcleos Habitacionales Transitorios.
La hermana Teresa Mauro trabajó en
la villa 21 en la época de la erradicación.
En un reportaje cuenta:“Recuerdo un
día que estaba recorriendo la villa,
llegó un camión, arrimó
la trompa a un terrenito donde ya había
una casilla y comenzó a descargar
muebles. Era un camión volcador,
todo lo que tenía comenzó
a caer al suelo. Era una mudanza forzada,
el camión venía de otra villa
que acababan de erradicar y traía
a una familia para dejarla ahí.”
(1)
Durante estos años, los curas villeros
intervinieron con demandas judiciales y
mediante cartas al presidente Jorge Rafael
Videla y al intendente Osvaldo Cacciatore,
para interceder a favor de los villeros.
En una de sus cartas al intendente decían:
“Coincidimos en que las Villas de
Emergencia deben desaparecer. Son una calamidad
y una desgracia, tanto para la ciudad como
para los pobladores que la habitan. Discrepamos
en los medios utilizados, en cómo
se quiere acabar con las villas sea como
sea, eligiendo los medios más eficaces,
más rápidos y más económicos,
descartando procedimientos de una verdadera
promoción del villero”. (2)
En 1980 las autoridades se vanagloriaban
de haber logrado erradicar el 76% de la
población villera de Capital Federal.
El mismo intendente declaraba:“ Buenos
Aires, el mostrador europeo del país,
no puede ver su imagen arruinada. Hay que
ordenar el espacio físico según
criterios selectos, que desplacen la pobreza
o al menos la encubran.”(3) Lo que
no tuvieron en cuenta es que esa imagen
arruinada, no era una foto que salió
fea: era gente. Y la erradicación
no solamente significó una estrategia
de planeamiento urbanístico, sino
que produjo un efecto disociante al arrasar
con toda la vida social que se había
construido hasta ese momento.
De vuelta
A partir de 1983, con la vuelta de la democracia,
se produce el fenómeno de repoblamiento
villero; de manera masiva y espontánea
muchos de los erradicados regresan a sus
antiguas villas. Pero la gente volvió
trayendo consigo todos los vicios y resentimientos
de la erradicación: negativismo,
indiferencia, encierro y desconfianza. Sin
embargo, la apertura democrática
motivó a que los vecinos de las villas
comenzaran a juntarse nuevamente para solucionar
los problemas básicos de subsistencia.
El 20 de junio de 1986 algunos sacerdotes,
hermanas y colaboradores convocaron a una
jornada en la villa 20 de Lugano la cual
tuvo un gran éxito y dio un puntapié
para que se conformara una Pastoral Villera.
Después se planteó que debían
llamar a toda la gente y no sólo
a quienes participaban en las capillas,
así fue como se integraron dirigentes
barriales y vecinos autoconvocados.
En una de las primeras reuniones donde estaban
discutiendo cuáles eran las necesidades,
Beto y Elisa, un matrimonio joven, vecinos
de la villa 21 plantearon:“¿Qué
vamos a hacer? ¡si no tenemos la tierra
no tenemos nada! ¿qué va a
ser de nuestros hijos?, todo lo que hagamos
sin tener la tierra, es pan para hoy y hambre
para mañana.”(4) Este clamor
que expresaba un sentir compartido por todos
fue el impulso que orientó el rumbo
de la acción. A partir de entonces
se decidió conformar la secretaría
de Tierra y Vivienda que se convirtió
en la actividad fundamental de la Pastoral
Villera. Si bien los otros aspectos eran
importantes, éste era primordial
en la consecución de una política
social sólida e integral.
Con el tiempo se impuso la necesidad de
constituir una organización aun más
amplia que tuviera su propio ámbito
de acción y crecimiento. En diálogo
abierto con algunos vecinos se fundó
el 6 de diciembre de 1987 en la villa de
bajo Flores, el Movimiento de Villas y Barrios
Carenciados de la Capital Federal (MVBC).
La presencia y presión del Movimiento
durante los años 86, 87 y 88 se hizo
sentir en las dependencias de la comisión
Municipal de la Vivienda y se logró
formar una mesa de trabajo con los funcionarios
para ir revisando los catastros y planificando
una estrategia de radicación con
censos y numeración de viviendas.
Que Si vengo, Que Si Voy
Todo esto fue conformando un cambio de política
en la sustitución del concepto de
erradicación y transitoriedad por
el de radicación y permanencia. En
el ´89 el movimiento se reúne
con el Intendente Carlos Grosso para proyectar
la radicación definitiva de los villeros
en los predios que ocuparon pacíficamente
por décadas. Un año más
tarde, el 23 de mayo de 1990, en el marco
de la Ley de Privatización del Estado
(Ley Dromi), el Presidente Carlos Menem,
firma ante la presencia numerosa de villeros,
el Decreto 1001/90, por el que se declaran
innecesarios los terrenos ociosos quedando
habilitados para vender a sus actuales ocupantes.
De esta manera se dió inicio al programa
Arraigo dedicado al tema de compraventa
de tierras y su transferencia a los villeros.
El Decreto 1001 es un hito histórico
en la lucha por las tierras. Pero ¿respetaría
la idiosincrasia de los pobladores, sus
tiempos y la situación económica
de todos, especialmente de los más
desprotegidos dentro de las villas? Acá
vienen algunos de tantos detalles: para
acceder a la compra de los terrenos los
villeros debían, obligatoriamente,
constituirse en Mutuales o Asociaciones
civiles y comprar en conjunto la tierra.
Además la compra debía efectuarse
en dólares, debía pagarse
un interés antes de la escritura
y el plazo para aprobar los programas y
presupuestos era de 180 días. Los
vecinos de las villas debían por
un lado constituir de urgencia formas jurídicas
y a su vez obtener el apoyo de todos los
habitantes del lugar. La última cláusula
establecía que su incumplimiento
llevaría a perder todo lo pagado
y a tener que abandonar las tierras que
ocupaban. De esta manera el Estado hacía
un buen negocio ya que las tierras eran
innecesarias y además obtenía
el derecho a echarlos. Esto generó
propuestas y contrapropuestas para cambiar
las exigencias y cláusulas del Plan.
La negociación continúa, algunas
villas todavía no escrituraron, otras
como la villa 20 de Lugano obtuvo el boleto
de compraventa pero después se complicó
porque parte de las tierras habían
sido cedidas a la Policía Federal
Argentina; en la villa 21 de Barracas las
tierras estaban ocupadas por una empresa
cascotera, una marmolera, una terminal de
la línea 70 y un club; en la villa
31, la más conflictiva y codiciada,
la empresa constructora de la Autopista
se comprometió a edificar 1500 viviendas
que serían pagadas con el peaje,
pero después el gobierno afirmó
que esta posiblilidad era inviable y así
continúa...
Y continuará mientras no empecemos
a trabajar en conjunto quienes tuvimos la
oportunidad de estudiar y quienes tienen
el aporte cultural y social que se quiere
cambiar.
La cosa va a empezar a construirse en serio
cuando dejemos de planificar en base a una
realidad que conocemos a través de
informes, artículos, documentos y
estadísticas. Cuando dejemos de ser
profesionales y estudiantes que lo miran
por TV.
1. Revista El Mensajero de San Antonio
2. Carta enviada por los curas villeros
a Cacciatore el 8 de noviembre de 1979
3. Declaraciones del Director de la C.M.V.
en la revista Competencia, marzo de 1981
4. Tomado del libro testimonial "La
fuerza histórica de los Villeros",
Juan Gutiérrez.
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