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A
principio de año el grupo que hace
esta revista se planteó cuáles
iban a ser los temas para las próximas
publicaciones. Se barajaron varios, alguien
tomó nota, después se procedió
-como corresponde- a la votación de
los temas... por allí, en una peleada
elección se decidió para fin
de año el tema que hoy nos convoca.
El momento llegó.
Sin tener certezas sobre si Adán o
Eva, Anaximandro, Galileo o Darwin, San Martín
o Namuncurá se sentirían honrados
con nuestro trabajo, trazamos las primeras
líneas, algo así como un Ecuador,
unos Trópicos, y un par de Círculos
Polares, una demarcación de los puntos
clave, quizás comenzamos... por la
superficie, pero mal que mal determinamos
el espacio.
En un par de semanas apuntamos a ir más
a fondo, atravesando la Corteza, capa mas
externa que ha sido explorada a través
de las ondas sísmicas. A pesar de las
dificultades y el cansancio de fin de año
pasamos al Manto, más denso que la
capa exterior, un poco más grueso que
el material rocoso que cubre al núcleo.
Las rocas más densas fueron las preguntas
que nos fuimos haciendo; tenían que
ver con nosotros más de lo que nos
imaginábamos.
Costó llegar al Núcleo, dicen
que está compuesto de hierro metálico
en estado sólido y en estado liquido
y que tiene una densidad promedio que llega
a 10.7 g/cm3. No sé si llegamos a tanto,
pero hacia el final, como todo lo mejor, nos
entusiasmamos con su riqueza, con su magia,
con sus historias, sus frutos, y su irrenunciable
realidad.
Es en ella donde nacimos, donde habitamos,
la base de nuestra historia, pero también
lo que muchos quieren y no pueden tener. Y
hoy con una conciencia clara y con miles de
preguntas podemos decir que su mayor densidad,
es ser lugar de desarrollo y garantía
de nuestra identidad. «
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| LF09 pág. 03,
2003. |
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