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Editorial, info@diariolaflecha.org artículo 1 de 8
 
  EDITORIAL  
  A principio de año el grupo que hace esta revista se planteó cuáles iban a ser los temas para las próximas publicaciones. Se barajaron varios, alguien tomó nota, después se procedió -como corresponde- a la votación de los temas... por allí, en una peleada elección se decidió para fin de año el tema que hoy nos convoca. El momento llegó.

Sin tener certezas sobre si Adán o Eva, Anaximandro, Galileo o Darwin, San Martín o Namuncurá se sentirían honrados con nuestro trabajo, trazamos las primeras líneas, algo así como un Ecuador, unos Trópicos, y un par de Círculos Polares, una demarcación de los puntos clave, quizás comenzamos... por la superficie, pero mal que mal determinamos el espacio.

En un par de semanas apuntamos a ir más a fondo, atravesando la Corteza, capa mas externa que ha sido explorada a través de las ondas sísmicas. A pesar de las dificultades y el cansancio de fin de año pasamos al Manto, más denso que la capa exterior, un poco más grueso que el material rocoso que cubre al núcleo. Las rocas más densas fueron las preguntas que nos fuimos haciendo; tenían que ver con nosotros más de lo que nos imaginábamos.

Costó llegar al Núcleo, dicen que está compuesto de hierro metálico en estado sólido y en estado liquido y que tiene una densidad promedio que llega a 10.7 g/cm3. No sé si llegamos a tanto, pero hacia el final, como todo lo mejor, nos entusiasmamos con su riqueza, con su magia, con sus historias, sus frutos, y su irrenunciable realidad.
Es en ella donde nacimos, donde habitamos, la base de nuestra historia, pero también lo que muchos quieren y no pueden tener. Y hoy con una conciencia clara y con miles de preguntas podemos decir que su mayor densidad, es ser lugar de desarrollo y garantía de nuestra identidad.
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LF09 pág. 03, 2003.
 
 

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