« La Flecha 08 | Incertidumbre
   
Ricardo Dempsey, info@diariolaflecha.org artículo 3 de 8
 
  NO SE PERO… ME OPONGO FURIOSO  
  - Mi auto es más lindo que el tuyo.
- ¡No! El mío es más lindo.
- Mentira, al tuyo no se le abren las puertitas.
- No, pero el tuyo es horrible
- Tu papá es un imbécil.
- ¡El tuyo es un forro!
No hay nada de malo en discutir, en realidad nuestro método de aprendizaje y formulación de soluciones tiene como herencia al máximo discutidor de todos: Sócrates, que seguramente no sería nada benévolo a la hora de encontrarse con alguien que no le diera la razón. Es probable que Platón haya censurado algunas opiniones no muy protocolares, no me imagino a Sócrates diciendo de los sofistas: "Lo que ocurre es que estos señores han caído en un error".

La discusión no es mala pero puede traer algunas consecuencias catastróficas al momento de querer construir consenso y, más importante aún, continuidad. Repasando la historia Argentina de los últimos 50 años me llamó la atención la violencia intelectual con la que se han vivido los antagonismos, donde rivales doctrinarios e ideológicos se dedicaron a humillarse y descartarse hasta la desaparición física. Ejemplos hay como para tirar al techo: los gorilas borraron del mapa político a los peronistas durante casi 18 años, los radicha están constantemente impugnándose unos a otros, para la zurda somos todos idiotas, para la derecha los opositores contaminan el "ser nacional", para Duhalde, Menem es un enemigo mortal y para Menem, Kirchner es chirolita.

Un método muy distinto aplican los japoneses, dado que es una enorme falta de respeto decirle al otro que está equivocado, por lo tanto el mecanismo de diálogo es diferente:

- Mi auto es muy lindo
- Es cierto tu auto es lindísimo
- ¿Vos creés que podría ser más lindo?
- Esa sería una tarea muy difícil, sin embargo podemos intentarlo juntos.

No imagino a Béliz hablando con los miembros de la Corte de esa manera, pero lo que los japoneses inventaron es una idea genial: poder tener una salida, ¿por qué?, porque de última se quedan con el auto como estaba y no hace falta mandarlo al desarmadero. Si miramos la manera en que nos movemos nosotros, podemos ver que una vez destruido el otro y todo su trabajo es imposible usar algo que haya hecho el anterior; la violencia y la humillación son tan grandes, que es imposible "salvar" algo. Esta patología ha victimizado al país en los últimos 50 años, por lo tanto no es extraño que cuando llega alguien de afuera te diga que los argentinos estamos locos y que vivimos con un nivel de "stress" record. Como para no estar angustiados, todo lo anterior será reemplazado siempre por lo que viene, que nunca sabremos lo que será. Para evitar la discusión que asesina posturas, egos y posibilidades, Edward de Bono propone lo siguiente:

1. No destruir las ideas del que está enfrente tuyo, a lo mejor al final hay que usarlas porque no quedó otra mejor.
2. De primera nomás hay que cambiar la actitud, no buscar ideas contrarias, más bien complementarias (parecida sintaxis pero opuesta intención)
3. Usar el bocho siempre para mejorar la idea inicial (tipo "brainstorming" ¿vió?)
4. Ya que no tengo que demostrar que la otra idea es una porquería ,en cualquier momento doy el salto y la tomo como mía.
5. Si lo trabajamos entre las partes nadie queda chinchudo al final.
6. Si se hace esto no habrá ningún vivo que pueda decir: "¡esa idea es mía!".«

 
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LF08 pág. 04, 2003.
Material de consulta:

» De Bono Edward

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