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Cuando
comenzó a dejar de ser tierna nuestra
infancia, nos encontramos con que el origen
de las grandes alegrías y de los miedos
más terribles no tenían sustento.
Nuestras certezas se desvanecieron de un día
para el otro; resultó ser que Papá
Noel, los reyes y el ratón Pérez
no existían, y que tampoco eran reales
el Hombre de la bolsa o el Cuco y todos sus
demás derivados.
La definición habitual afirmaba que
la certidumbre es un acto del espíritu
por el cual se reconoce sin reservas la verdad
o falsedad de una cosa.
Como decía Dingler “Lo inseguro
está siempre acechado por la sorpresa,
en tanto que lo seguro tiene sus espaldas
libres para consagrarse a otras importantes
actividades”.
Hoy en la Argentina la búsqueda de
certezas o puntos fijos donde apoyarse se
hacen particularmente importantes ya que vivimos
en una continua incertidumbre en el aspecto
económico y político, en lo
que reflejan los medios de comunicación
y en la inseguridad de llegar a obtener un
trabajo una vez terminada la carrera.
Sin embargo seguimos tirando, ¿será
que tendremos una capacidad para vivir en
medio de una apabullante realidad incierta?,
¿será que ya pasamos de incertidumbre
a la esperanza?.«
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| LF08 pág. 03,
2003. |
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