|
| |
| |
Seis
millones de miradas, que existen y deambulan
por la ciudad pero no se encuentran. En el
colectivo estamos a medio centímetro
uno de otro y las miradas ahí están
haciendo malabares, rozando los vértices
de los cuerpos para no encontrarse con los
ojos del otro. En la facultad los profesores
le hablan al infinito, pocas veces miran a
cada uno o a alguno aunque sea. Entre nosotros,
nos cruzamos en los pasillos con gente que
se choca, que sube y baja, que intenta atravesar
la corriente que viene en sentido contrario,
y así tratamos de avanzar para llegar
a tiempo a clase concentrados en la nuca del
que está adelante. Y si nos llegamos
a cruzar con alguien que cursa la misma materia,
sin pensarlo se nos ocurre revisar los apuntes
o leer algun cartel que esté cerca.
En el ascensor miramos los números
que indican en qué piso vamos, como
si no supiéramos que viene el que sigue
al que acabamos de pasar.
¿Será que nos molesta la mirada
del otro o que nosotros no nos animamos a
mirar? Quizás nos sentimos expuestos
a que se vea algo que no mostramos. La mirada
nos hace trasparentes, habla más allá
de nuestras palabras. Cuando nos mira ese
chico o esa chica, se activa el automático,
sabemos que si nos llegamos a cruzar con sus
ojos, inmediatamente va a aparecer un cartel
luminoso en nuestra frente publicando lo que
no queremos que se dé cuenta. La mirada
tiene un no se qué, con ella podemos
querer, podemos hacer sentir cómodo
al otro, ponerle distancia, podemos persuadir,
enternecer, disuadir, amenazar o preguntar.
Un brillo en los ojos y la mirada atenta nos
invita a quedarnos. La que es indiferente,
en cambio, nos aleja. No es lo mismo mirar
con desprecio o con admiración, aprobando
o con indiferencia.
Pero hoy, todo está pensado para que
nuestra mirada se transforme en una haz de
luz que pasa y se va. Aprendemos a usar la
mirada como un radar para movernos y desplazarnos
por el mundo, detectamos lo que nos rodea
para no tragarnos algo, vemos sin mirar. Con
la mirada nos desnudamos frente al otro y
el otro se desnuda frente a mí. No
estamos acostumbrados a mirar a los ojos durante
más de dos minutos. Intentá
hacerlo con alguien que no es tan cercano,
seguro que encontrás algo nuevo, quizás
algo de esta persona que antes no conocias.
Probá, vas a ver que algunas cosas
empiezan a cambiar.«
|
|
|
| |
|
|
|
 |
| LF07 pág. 09,
2003. |
|
|