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Llegaba
tarde -como siempre- pero ya los clientes
estaban acostumbrados ¡no podía
estar en todas! Lo de hoy era rutina, la creatividad
ya estaba aprobada y había que filmar.
Esta parte era la que más mal humor
le daba. Ya está, la idea está,
¡chau! a otra cosa. Hoy había
que elegir caritas nuevas para la campaña
-qué embole- después de 10 minutos
las modelos son todas iguales, la verdad es
que esto tendría que ser tema de otro
flaco, que se haga cargo la productora, la
cosa es que seguramente se pasarían
3 horas de reunión porque el flaquito
daría más vueltas que un caballo,
"Dudator" le había batido
el redactor: "si, pero te parece?",
"¿no será muy "dark"?,
"¡no... ya la ví!",
"¿sabés que no me llega?",
"¿y para vos... qué onda?",
que "bla", que "fla!"
Hacía 20 minutos que mataban
el tiempo con la de la productora, el flaquito
no dejaba de atender el interno. La de la
agencia de modelos había traído
cuatro carpetas gigantes con fotos, no se
iba más de acá.
Hojeó las decenas de caras y cuerpos,
se acordó de Anita. Ojos igual, cuerpo
igual, como calcos.
No lo podía creer, era la cuarta vez
que preguntaba si daba con la promesa de la
marca –una vuelta- no vaya a ser que
hagamos algo poco estratégico –otra
vuelta- es fundamental que la modelo sea un
modelo en serio, etc. etc.
Miró una modelo en particular, en realidad
no la estaba mirando a ella, vió la
piel apretada, descubrió las ojeras
maquilladas. Movió los ojos un poco
a la izquierda para ver la foto de cuerpo
entero, las piernas casi transparentes, ¿cuánto
pesaría?.
El cliente seguía levantando el tubo
y cortando una reunión que ya se hacía
imposible. Teléfono y dudas, una combinación
insoportable. Qué increíble,
pensaba, este gil se había morfado
el cronograma, era un ladrillo para entender
las ideas creativas y ahora daba vueltas como
si fuera Tarantino. Le marcó un par
de caras nuevas -más raras, más...
¿anormales?- "todo el mundo está
harto de lo normal". ¿Cuánto
pesaría esa chica? ¿40, 45?
Anita llegó a 35.
Parece que hoy no es su día el cliente
se paseaba nervioso, tenía que decidir
y no sabía como evitarlo (se acordó
del redactor) ...y después quieren
impacto, ser distintos, que todos hablen de
los avisos... pero para eso hay que jugarlas
sobre la mesa.
La piba de la agencia de modelos sacó
un marcador y empezó a hacer cruces,
ahora el cliente quería tres variantes
de cara para hablarlo con el capo de comunicación
y marketing –le hubieran avisado antes
y mandaba al pitufo nuevo- "esta es una
decisión complicada, quiero que toda
la empresa esté involucrada, nos estamos
jugando mucho en esta campaña"
(le salió el pinche de adentro). De
todas maneras se quedó tranquilo: las
opciones eran bien raras. Entre la de la productora
(que también se tenía que ir)
y la de la agencia le recomendaron una "onda"
nueva: "Si a mí me preguntás,
yo me juego entero por acá" le
había dicho, "¡pero es horrible!"
reaccionó, "¡nooo, afuera
son así! estamos yendo por acá"
le tiró al final, como para descolocarlo.
Las cruces votaban por caras chupadas sin
expresiones, con los ojos abiertos... como
de tiburón, la piel apretada al hueso,
los labios desmesurados. El flaquito levantó
la reunión porque estaba apurado (y...
no hubiera boludeado tanto con el fono), salió
con la mina de la productora y tomaron el
ascensor.
Pensó en las tres modelos, caras y
cuerpos "lindos", imaginó
como serían sus vidas, pensó
en los novios, en los padres, pensó
en él, se acordó del psiquiatra,
se acordó de dos años de mierda
y de una piba que se desvaneció.
La de la agencia le preguntó qué
onda con la selección... esquivó
una respuesta. "Hoy las chicas hacen
cualquier cosa con tal de
aparecer" dijo.«
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| LF07 pág. 09,
2003. |
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