« La Flecha 06 | Política
   
Facundo Montes, facundom@diariolaflecha.org artículo 9 de 14
 
  AVANTI MOROCHA  
  Estaba buena y además era alegre e inocente. De repente la encontramos gastada, porque fue engañada y abusada, y perdió lo mejor que tenía. Ahora, como si fuera sucia, simplemente la rechazamos o la ignoramos... "no sea que nos lleve por mal camino".
Pero ¡¡ojo!!, hay que distinguir "no vaya a ser que estemos tirando el bebé con la pelela", una cosa es ella y otra aquellos que se aprovechan y la usan.
¿No necesitará que alguien la conozca y la quiera de verdad?
Te propongo que admiremos su belleza, cualquier cosa después hablamos.

Ella
Es mundialmente reconocido que las mujeres argentinas son lindas, pero la argentina de la que estamos hablando hoy es de lo peorcito que tenemos. Uno que sabía de belleza, a la suya la llamaba "Polis", pero a la nuestra ni siquiera la calificaría de "política". Porque es de tipo paternalista, donde los que mandan consideran a los que obedecen sin la capacidad ni la responsabilidad suficientes para gobernarse por sí mismos. Los ciudadanos son libres, se les escucha en sus reclamos pero no se les permite deliberar, ni tomar decisiones, sino que deben obedecer las órdenes de los gobernantes "por su propio bien".

Si ésta es con la que andamos, mejor huir, pero no es bueno que el hombre esté solo.

La comunidad verdaderamente política es aquella que está formada por ciudadanos libres e iguales que deciden, mediante el diálogo, lo que les conviene a ellos y a su comunidad.
Escuchamos mil veces que la soberanía corresponde al pueblo en su totalidad. Más específicamente sería al "pueblo reunido en asamblea", es decir, que vos, yo, nosotros, dialoguemos para buscar lo mejor para todos. ¿No estaría bueno que nosotros podamos decidir qué es lo mejor para nuestro barrio, ciudad o país?
Estamos acostumbrados a que no se nos pregunte nada, a que nuestra participación sea simplemente depositar un voto cada cuatro años.
Pero podría ser distinto; una de las bellezas de la política es que el pueblo tiene la capacidad de elegir bien, colectivamente, reunido y en un proceso de debate.

Estuvimos bailando con la más fea
¿Por qué es tan fea la que tenemos?

Hay algunas personas que son muy lindas en su exterior, pero que dentro de la cabeza no hay nada, de sentimientos poco y en las cosas prácticas un cero a la izquierda; tienen una dimensión muy desarrollada, son lindas, pero nada más.
Una sociedad también puede tener una sola dimensión desarrollada. Por ejemplo, un conjunto de personas que dedican sus vidas a enriquecerse o a adquirir más poder. Las sociedades que toleran esto o, peor aún, que lo fomentan, son "sociedades unidimensionales" y así... van al muere.

Hoy estamos formando un tipo de sociedad que ve al bien común sólo como la suma de intereses individuales de los que buscan bienes externos, reconocimiento, placeres o simplemente el pasarla bien. Esto conduce a una competencia desaforada.
El hecho de que pocos tengan mucho a costa de que muchos se priven de lo elemental, naturalmente lleva a la competencia y al conflicto en la sociedad. Pero sería muy distinto si corriéramos tras bienes "no limitados", si corriéramos tras el desarrollo de nuestras capacidades, que al alcanzarlas beneficiarían a todos y generarían cooperación.

Era más linda
No es que al vivir con ella tenemos "marca personal" o que nuestra última palabra será "sí, querida", no es celosa, ni pretende atraparnos, todo lo contrario. Pero si hay alguna duda sobre la convivencia, no hay más que preguntarse sin miramientos:
¿para qué querría yo estar con ella?, es decir, ¿para qué integrar una comunidad política? ¿cuál es su fin?

El fin de la política no es sólo mantener el orden en el país, y menos, "aunque usted no lo crea", el enriquecimiento de los políticos, sino buscar el bien y la felicidad de todos los miembros de la comunidad. Este bien se obtiene concretamente con el mayor y mejor desarrollo de todas las potencialidades de cada uno de sus integrantes.
La finalidad superior de toda polis, su "megafinalidad", como la denomina Aristóteles, es obtener la eudaimonia para sí y para todos sus miembros. Con eudaimonia se refiere al pleno desarrollo, al despliegue de todas las posibilidades de las personas; tanto artísticas, como intelectuales, sentimentales o técnicas. Incluyendo las dimensiones de la sociabilidad y la amistad, la dimensión política y religiosa. Esta realización de sí mismo es lo que lleva a la felicidad de las personas.

¿Llamarla o seguir esperando?
En primer lugar no hay que esperar, hay que ir a encararla de una.

La búsqueda del bien común no les corresponde a los gobernantes, ni al Estado, sino a los ciudadanos que dentro de la comunidad política son los que están mejor capacitados para evaluar si las condiciones actuales afectan o no a su propio florecimiento y al crecimiento de todos.

En segundo lugar, como siempre lo importante en toda relación es el amor. ¡¿Amor?!, suena un poco anticuado, pero en definitiva es lo que hace funcionar todo. Tan antiguo que el mismo Aristóteles habla justamente de la "amistad política" como un elemento fundamental para la búsqueda del bien común: "Los hombres se reúnen en este caso como amigos verdaderos, mientras que en las otras formas de gobierno hay siempre una jerarquía de superior a inferior." El fin de la amistad en la comunidad política es buscar el bien común que se logra mediante el diálogo respetuoso entre los ciudadanos que forman parte de la comunidad política.

Viviendo en esta amistad estaríamos más informados para poder dialogar con responsabilidad. En algunos casos, el pueblo puede convocar y consultar a especialistas en los asuntos que tiene que decidir, incluso confiarles tareas técnicas bajo su supervisión, pero es el pueblo el que debe decidir en última instancia y no los técnicos.

En definitiva, como en muchas artes sus productos son mejor juzgados por aquellos que los usan que por los que los hicieron, aunque éstos conozcan las técnicas y aquellos no. ¿Quién puede apreciar mejor una casa: el que vive allí o el arquitecto que la construyó? ¿Quién puede juzgar mejor acerca de un timón: el que navega o el carpintero que lo hizo? ¿Quién juzga una comida, el que come o el cocinero? Del mismo modos sucede con los productos del arte político.
Si ella es así... ¿qué esperamos?
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Las citas pertenecen a "Desafío a la política neoliberal: comunitarismo y democracia en Aristóteles", Editorial El Ateneo, Buenos Aires, Argentina, 2001 de José E. Miguens cuya lectura recomendamos.«

 
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LF06 pág. 07, 2003.
Material de consulta:

» Miguens, José "Desafío a la política neoliberal: comunitarismo y democracia en Aristóteles", Ed El Ateneo, Bs As. 2001

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