« La Flecha 06 | Política
   
Valeria Vincent, info@diariolaflecha.org artículo 2 de 14
 
  OH, NO! Bajón de bandera  
  18.45. Ayacucho y Bartolomé Mitre. El sol está empezando a bajar, pero la atmósfera pesada y húmeda de este Buenos Aires caótico se siente en la piel pegoteada de unas pocas cuadras recorridas con prisa. Quería hacerle unas preguntas a un taxista.
- A Santa Fé y Scalabrini Ortiz.
- ¿Por dónde voy, sigo por esta o agarramos Arenales?
- Por el camino más corto –contesté, esperando no ser paseada.
El reloj empieza a correr, siempre tocan los eternos semáforos en rojo. La mirada del hombre por el espejito retrovisor me intimida y una cierta incomodidad me lleva a decir algo para llenar el silencio.
- ¿Tuvo muchos viajes hoy?
- Y... algo se trabaja... igual no es gran cosa, vos viste cómo está todo, ¿no?
Mientras me habla pasa a un Escort y le toca una bocina cortita al que está adelante, para que avance de una vez por todas.
- La gente no tiene un mango, viste, pero bueno, algo se hace, depende la cantidad de horas que le meta- dice girando la cabeza, mirándome de reojo- Yo no sé adonde vamos a terminar si seguimos así.
- Yo tampoco- pienso pero no lo digo.
Resultó ser Alberto. Casado, dos hijas, 53 años. Una vez más me mira por el espejito.
- ¿Y vos qué me decís? ¿Sabés a quién vas a votar o sos muy piba y todavía no podés votar?- pregunta. Pero no siento que espere una respuesta. Creo que me pregunta por preguntar, bah, para seguir hablando él.
- Porque yo te digo algo, la mayoría de los que suben acá no quiere votar más, porque es más de lo mismo, ¿viste? El mismo perro con diferente collar, lo que sabemos todos, porque eso es la realidad, la realidad pura. El tema de la política siempre sale en los viajes porque siempre sale el factor económico. Que están cansados, que están cansados de trabajar, que están cansados de correr, que están cansados de que la plata no les alcance. De repente de los temores que tiene la gente de perder el trabajo, ¿viste? Como todo se achica, entonces te comentan “si, yo estoy acá pero están echando personal”.
Un rosario blanco junto con una cintita roja cuelgan del espejo. Alberto usa un anillo plateado en el dedo chiquito y aparenta saber de lo que habla. De las 24 horas que tiene el día, 14 las pasa sentado ahí arriba.
- Yo a los políticos los prendería fuego a todos, te puedo asegurar. Tiene que haber gente nueva. ¿Viste el famoso “que se vayan todos”? Bueno, la gente que sube al taxi piensa realmente así: que se vayan todos. No quieren ver más a los políticos y desde que tengo uso de razón veo las mismas caras en distinto lugar. Cuando no están de gobernador de las provincia de Buenos Aires, están de senadores, si no son senadores están de diputados.

El tráfico de automóviles se hace denso. Alberto gana un par de metros haciendo unas maniobras con el volante.
-¿Sabés lo que pasa? Vos encontrás una gama de políticos y de repente no son todos iguales... hay políticos buenos y políticos malos. Pero los políticos buenos, llegado el momento , suponete que lleguen a postularse y a tener un nivel determinado en el que pueden manejar algo, tampoco hacen nada, tampoco dicen nada. Y si no dice nadan y no hacen nada, son tan cómplices como el que lo hace. O sea que a toda la gama política, hay que quemarlos a todos.
19:10. Lo miro sin decir palabra.
- Bueno, son 4 con 96.
Aprieta el botoncito del reloj y se da vuelta, pasando el brazo por la cabecera del asiento del acompañante. Le pago con 10 y mientras prepara el vuelto, comenta:
- Qué se le va hacer. Acá te enseñan que el único que trabaja, que es el pueblo, es el que se jode. Acá si sos bueno, decente y trabajador sos un pobre boludo – se guarda mis 4 centavos y me devuelve 5 pesos.«

 
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LF06 pág. 04, 2003.
 
 

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