« La Flecha 05 | Comunicación
   
Facundo Montes, facundom@diariolaflecha.org artículo 11 de 11
 
  ¡INADAPTADOS!  
  Entre un antes y un después.

-“Hace unos años andábamos bien”.
-“Hoy estamos en crisis”.
-“El año que viene vamos a estar mejor”.
Muchas veces miramos las cosas como actos instantáneos e inconexos. Actuamos como si las cosas surgieran de la nada o se arreglaran en el acto.
Por ejemplo cuando una persona mayor se pone muy grave, parece que se da de repente, pero en realidad ya venía mal desde antes, en un momento se desencadena, pero la enfermedad ya la tenía hace rato. La vida de un pueblo también es un proceso, un movimiento que se desarrolla a lo largo del tiempo, donde una cosa lleva a la otra y de esta manera las cosas se van concatenando.
Si andamos mal es porque lentamente nos fuimos empeorando, suceden acontecimientos que agravan o mejoran la situación dentro de un proceso que ya se venía desarrollando.
Algunos dicen que hay que llegar al fondo para desde allí tomar conciencia y levantarse. No hay fondo, lo que hay es una historia y esta siempre va cambiando, para mal o para bien.

Todo tiene que ver con todo.

Algunos esperan algún caudillo salvador. No existen esos caudillos, se los inventa después, cuando hay que escribir la historia. Lo que existe es un pueblo que construye lo que quiere construir. Si ese pueblo camina, vive, crea, habrá líderes de movimientos, pero si no hay movimientos no habrá líderes.
Muchas veces miramos las cosas con demasiada simpleza, nos parece que cada uno hace lo suyo como si nada tuviera que ver con lo de los demás. La sociedad está constituida como un sistema, que funciona igual al que estudiamos en biología en la escuela, cada parte influye en las otras. ¿Te acordas del ecosistema? En una región, si llueve crecen las plantas, entonces hay humedad en el ambiente, entonces llueve más y hay más plantas, y así continúa desarrollándose. Si en cambio una plaga se come una parte considerable de plantas, entonces hay menos humedad, y llueve menos, como llueve menos hay menos plantas y así.
De la misma manera sucede con el comportamiento de la sociedad, lo que hacemos no son hechos aislados, todo lo contrario.
Por ejemplo, si unos participan activamente en el desarrollo del bien común, promueven la participación de otros, para lograr juntos sus objetivos. Si logran que cambien las cosas, entonces habrá más gente que tenga interés en participar, esto llevará a que se puedan lograr más cosas aún y que se una más gente. De esta manera se va desarrollando un sistema de crecimiento.

Generaciones 70-80-90

En la década del 70 había una gran efervescencia por participar para solucionar los problemas sociales, muchos se comprometieron en lo político, en lo público.
Las circunstancias de ese momento, por todos conocidas, fueron llevando a un proceso de violencia cada vez mayor hasta desencadenar en el absurdo de la tortura y la muerte.
Esto cortó todo intento de participación; la generación que vino después lo pensó dos veces antes de meterse. Y cuando nosotros estábamos naciendo, todavía había mucho miedo y no sin razón.
Nosotros aprendimos a ocuparnos de lo nuestro y nadie nos dijo otra cosa, porque meterse a cambiar las cosas era muy peligroso, más bien el mensaje, era: vos progresá, ocupate de lo tuyo, metele para adelante, pasala bien y tranquilo.

Si bien llegó la democracia, luego del primer momento de entusiasmo, durante muchos años, más allá del voto no participamos en lo público, se dio un proceso hacia la pasividad. Les fuimos dejando todo a los políticos profesionales y nosotros nos quedamos demasiado tranquilos.

Hoy nos quejamos, pero si esto funciona como un sistema, entonces nosotros somos parte porque nuestros actos influyen positiva o negativamente en la vida social. De esto se deduce por un lado que somos responsables de la situación actual, pero también que si queremos podemos cambiar la sociedad que hemos construido. ¿Qué tal si empezamos a revertir la cosa?

Inadaptados.

Mucha gente teme adoptar una postura que sea diferente u opuesta a la opinión de la mayoría, hay un cierto miedo de ser identificado con el pensamiento de unos pocos. Si pensamos distinto no lo decimos, buscamos tener un punto de vista bien amplio, no muy determinado, ni claro, que incluya todo…
Si queremos hacer algo quizá deberíamos ser más inadaptados. Personas inconformes, que no se adaptan a todo lo ya establecido.

¿Que no se adaptan a qué?
Inadaptados a que la mitad del país este pasando necesidad.
Inadaptados ante la desigualdad de oportunidades.
Inadaptados a los programas de televisión que tenemos.
Inadaptados a que los políticos afanen y a que haya que elegir entre los mismos.
Inadaptados a tener una justicia injusta.
Inadaptados a la costumbre de que "nos se puede hacer nada para cambiar las cosas"
Y a muchas cosas más que van en contra de la igualdad, la verdad y la justicia, a las que nunca deberíamos habernos acostumbrado.

El cambio –decía Martin Luther King- no llegará por la adaptación complaciente de la mayoría conformista sino por la inadaptación creadora de algunos inconformistas.

Desequilibrados.

Cuando uno se entusiasma con alguna actividad y se dedica por entero a eso enseguida vienen voces “amigas” que nos aconsejan frenar un poco nuestra pasión, sugieren que hay otras cosas que son importantes, que no seamos fanáticos y recomiendan mantener un equilibrio.
En algunos casos esto nos ubica y nos ayuda a relativizar cosas que no son tan importantes, pero hay un caso en que es bueno perder el equilibrio.
Me refiero al equilibrio entre lo mío y lo de “otros”. En este caso es recomendable que desequilibremos la balanza, descuidando el pensar en “mi” bien, para orientar el peso hacia la construcción de una sociedad distinta.

¿¡Qué!? ¿pensar primero en otros?.
“Pero si vos no estás bien no podes ayudar a otros”.

Es verdad. Pero no digo que tenemos que estar mal, no prepararnos bien intelectualmente, no tener lo necesario para vestirnos o comer. Lo que digo es que, si me alimento, si estudio o trabajo sea orientado al bien de los otros, al bien común.

Antes de hacer algo nos preguntamos: si yo me pongo a ayudar a estos ¿Cómo haré con mi carrera, con mi tiempo? ¿qué me pasará? ¿qué pensarán de mi mis amigos?
Quizá tendríamos que pensar primero: ¿qué será de estas personas que pasan necesidad si yo no los ayudo? Por este lado estaría desequilibrando la balanza.

Ser desequilibrados en este rubro, el del Ágape, del amor con mayúscula, consiste en pensar y actuar primero en beneficio del otro, sea este de mi grupo o totalmente desconocido, pobre o rico, de mi país o de otro.

Creativos.

Cuando no nos gusta algo, lo tiramos, lo dejamos de lado o nos alejamos, es la reacción más fácil, la primera que nos viene.
Pero hay otras maneras de reaccionar ante lo que no nos gusta que son más costosas, quizás en muchos casos la medida a tomar no sea tirar todo abajo, sino con paciencia arreglar lo que ya tengo. Si quiero arreglar algo, lo más probable es que sea necesario tirar una parte, pero también reparar mucho de lo que ya está, cambiar, renovar, mejorar quien sabe cuantas cosas. Esto implica dedicación, sacrificio e inteligencia.

Esto nos puede pasar con nuestro país, no nos gusta como está y reaccionamos, nos oponemos a todo, protestamos, criticamos, dejando en claro que estamos en contra. Es bueno manifestar nuestro desacuerdo, pero sabemos que con esto no alcanza.
Se necesita una actitud fundamental. Algo que ya se está gestando: la capacidad de creación.
Estamos caminando para ser un pueblo que busca alternativas con creatividad, y construye cosas distintas. Sin dejar de exigir a los dirigentes que cumplan sus obligaciones, conformar una sociedad de gente que desde abajo se une creando espacios de participación.
Hoy en día están surgiendo asociaciones de gente que crea instancias de ayuda mutua, de unión para pequeños y grandes objetivos barriales. En el campo laboral hay comunidades que se unen y elaboran sus productos para vender, hay programas de microcréditos para aquellos que menos tienen, hay gente que se une en el campo del arte, del teatro, el baile, la música y en la educación, ayudando a que los que no tienen oportunidades si las tengan.

Aunque esto sea algo de lo que no se habla tanto, aunque los medios de comunicación no lo transmitan o los políticos no lo tengan tan en cuenta, es algo que hoy está ocurriendo en nuestro país. El entramado social se está reconstruyendo con personas que trabajan, con gente que más allá de los grandes discursos aportan su vida en la construcción. Te presentamos algunos de estos “inadaptados”, para que los conozcas.«

 
  arriba »  
ver todos los artículos »  
LF05 suplemento, 2002.
 
 

» ver extras de esta edición