« La Flecha 05 | Comunicación
   
Valeria Garay, info@diariolaflecha.org artículo 7 de 11
 
  …NO ME DICE NADA  
  SEGURO QUE VOS TAMBIÉN CURSASTE SEMIOLOGÍA y tendrás una idea de la complejidad que encierra el proceso comunicativo. De hecho, cuando nos ponemos a leer bibliografía al respecto, termina pareciéndonos un milagro que los seres humanos logremos de vez en cuando comunicarnos con éxito. ¿Te parece que exagero? Cuando hablamos usamos un montón de fórmulas para asegurarnos de que el mensaje llegue. Mirá algunos casos :
- Cuando queremos verificar que el receptor nos está entendiendo decimos cosas tales como "¿me seguís?"
o "¿captás?
- Si queremos confirmar que lo que estamos diciendo es en realidad lo que queremos decir intercalamos un:
"o sea..." o "quiero decir...",etc.
- Para aclarar que no nos hacemos muy responsables de lo que decimos, por las dudas, modalizamos con "capaz","onda que”,"por ahí”,"y un montón de etcéteras.
Muchas veces abusamos de estas fórmulas y las convertimos en sillas de ruedas que contribuyen a trasladar nuestra discapacidad expresiva. Esto es preocupante, porque nuestro pensamiento se organiza en palabras. De hecho, el lenguaje es la materia con la que se articulan las ideas y a través del lenguaje podemos comunicarlas. Entonces,¿qué pasa cuando hablamos rengueando? Ahora, tipo, o sea, si me seguís, es como que la forma en que nos expresamos refleja la calidad de nuestro pensamiento. Cuanto menor sea nuestro dominio del lenguaje, más difícil será orquestar un sistema de pensamiento coherente. Ta, digo, por ahí nada que ver, pero creo que cuando nos ponemos a pensar en serio tipo tenemos que tratar de, no sé como explicarte, comprometernos con nuestras propias ideas y expresarlas con firmeza y claridad.
¿Me entendés?
Últimamente circula por ahí una palabreja que abunda en nuestros diálogos: “Nada”. Con ánimo absolutamente suspicaz me pregunto qué hay detrás de esa insistencia en decir "nada" a cada rato. Esto ya me preocupa más, porque me lleva a pensar que tendemos a llenarnos de muletillas y palabras repetidas hasta el hartazgo, para rellenar un vacío intelectual. Y, sí, a veces hay un vacío. No hay ideas, ergo, no hay palabras que las expresen. En algunos casos, en realidad no sabemos qué decir porque no tenemos opinión formada, en otros casos lo que tenemos es fiaca. Te voy a dar un ejemplo: si frente a cualquier verdura que me dice mi interlocutor le respondo con un "todo bien".¿Qué es lo que está bien? Fijate que muchas veces decimos "todo bien" en situaciones en las que no está todo bien, ni ahí, por no querer dar explicaciones o no confrontar lo que pensamos con los demás. ¿Eso no será borrarse, no jugarse por nada? Hay una delgada línea entre no querer ir al choque y no tener nada que defender.
En fin, dicen los que saben que no hay discurso inocente, que todo lo que decimos y la forma en que lo decimos hablan de lo que pensamos, de lo que sentimos, de lo que somos. Y siempre es mejor un pensamiento humilde que una estupidez soberana.«

 
  arriba »  
ver todos los artículos »  
LF05 pág. 08, 2002.
 
 

» ver extras de esta edición