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SEGURO
QUE VOS TAMBIÉN CURSASTE SEMIOLOGÍA
y tendrás una idea de la complejidad que
encierra el proceso comunicativo. De hecho, cuando
nos ponemos a leer bibliografía al respecto,
termina pareciéndonos un milagro que los
seres humanos logremos de vez en cuando comunicarnos
con éxito. ¿Te parece que exagero?
Cuando hablamos usamos un montón de fórmulas
para asegurarnos de que el mensaje llegue. Mirá
algunos casos :
- Cuando queremos verificar que el receptor nos
está entendiendo decimos cosas tales como
"¿me seguís?"
o "¿captás?
- Si queremos confirmar que lo que estamos diciendo
es en realidad lo que queremos decir intercalamos
un: "o sea..." o "quiero decir...",etc.
- Para aclarar que no nos hacemos muy responsables
de lo que decimos, por las dudas, modalizamos con
"capaz","onda que”,"por
ahí”,"y un montón de etcéteras.
Muchas veces abusamos de estas fórmulas y
las convertimos en sillas de ruedas que contribuyen
a trasladar nuestra discapacidad expresiva. Esto
es preocupante, porque nuestro pensamiento se organiza
en palabras. De hecho, el lenguaje es la materia
con la que se articulan las ideas y a través
del lenguaje podemos comunicarlas. Entonces,¿qué
pasa cuando hablamos rengueando? Ahora, tipo, o
sea, si me seguís, es como que la forma en
que nos expresamos refleja la calidad de nuestro
pensamiento. Cuanto menor sea nuestro dominio del
lenguaje, más difícil será
orquestar un sistema de pensamiento coherente. Ta,
digo, por ahí nada que ver, pero creo que
cuando nos ponemos a pensar en serio tipo tenemos
que tratar de, no sé como explicarte, comprometernos
con nuestras propias ideas y expresarlas con firmeza
y claridad. ¿Me entendés?
Últimamente circula por ahí una palabreja
que abunda en nuestros diálogos: “Nada”.
Con ánimo absolutamente suspicaz me pregunto
qué hay detrás de esa insistencia
en decir "nada" a cada rato. Esto ya me
preocupa más, porque me lleva a pensar que
tendemos a llenarnos de muletillas y palabras repetidas
hasta el hartazgo, para rellenar un vacío
intelectual. Y, sí, a veces hay un vacío.
No hay ideas, ergo, no hay palabras que las expresen.
En algunos casos, en realidad no sabemos qué
decir porque no tenemos opinión formada,
en otros casos lo que tenemos es fiaca. Te voy a
dar un ejemplo: si frente a cualquier verdura que
me dice mi interlocutor le respondo con un "todo
bien".¿Qué es lo que está
bien? Fijate que muchas veces decimos "todo
bien" en situaciones en las que no está
todo bien, ni ahí, por no querer dar explicaciones
o no confrontar lo que pensamos con los demás.
¿Eso no será borrarse, no jugarse
por nada? Hay una delgada línea entre no
querer ir al choque y no tener nada que defender.
En fin, dicen los que saben que no hay discurso
inocente, que todo lo que decimos y la forma en
que lo decimos hablan de lo que pensamos, de lo
que sentimos, de lo que somos. Y siempre es mejor
un pensamiento humilde que una estupidez soberana.«
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| LF05 pág. 08, 2002. |
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