« La Flecha 05 | Comunicación
   
Mario Margulis*, info@diariolaflecha.org artículo 6 de 11
 
  ¡LA PANTALLA ACHICA!  
  JUVENTUD, TELEVISION Y CULTURA. PARA QUIENES HOY SON jóvenes, la televisión ya existía cuando vinieron al mundo. La televisión, como otras innovaciones técnicas, se les presentó como algo natural. Se socializaron en un mundo en el cual la TV ocupaba un lugar importante.
En cambio, quienes hoy somos mayores -a veces sus profesores, o bien sus padres- crecimos en un mundo en el que no había televisión. Esta circunstancia permite algunas reflexiones que tienen que ver con las diferencias culturales entre generaciones y también sobre aspectos de la influencia de los medios de comunicación, en especial la TV, en los códigos de la cultura.
Para aquellos que nacieron entre 1975 y 1985, la televisión fue un fenómeno significativo desde la temprana infancia. La TV estaba entonces ya bastante desarrollada en la Argentina, aunque recién con el Mundial de Fútbol se instaló en nuestro país la televisión color. La TV era y es una presencia constante en el hogar, estaba encendida durante muchas horas y los niños y adolescentes vivían expuestos a sus mensajes e influencia cotidiana.
Una primera observación, la televisión forma sus televidentes. Sobre todo cuando su presencia es importante desde la primera infancia. La TV tiene una influencia socializadora e induce competencias televisivas: o sea, no solamente inculca pericias técnicas -los niños y jóvenes dominan el control remoto, son hábiles con los videojuegos, rápidos para apreciar elementos de la imagen y para reconocer figuras del espectáculo-, también va induciendo códigos culturales que tienen que ver con la estética televisiva, con los modos de apreciar y valorar, con los lenguajes y el mundo simbólico, con las formas de procesar el tiempo y el espacio.
Prácticas corrientes en la televisión: discursos sencillos, la necesidad de entretener, la conversión de todo en espectáculo, el tiempo mínimo que concede para expresar ideas, tienen su contraparte en los espectadores constituidos por la propia televisión y adaptados desde su infancia a los códigos predominantes. Se iría configurando de este modo la "audiencia perezosa" de la que habla Bourdieu.
La TV es una innovación técnica extraordinaria. Nos trae al hogar infinidad de posibilidades: información, entretenimientos, noticias, saberes. Sobre todo incorpora el acceso al mundo de la imagen desde el propio hogar. Antes la imagen era accesible con el cine, y anteriormente, en el siglo pasado, sólo con el dibujo o la pintura, la incipiente fotografía y las precarias reproducciones podíamos acceder a representaciones de la realidad.
En este plano, traigo a colación una reflexión de Paul Virilio, la que apunta a señalar que cada progreso técnico, cada nueva herramienta nos brinda avances en algún sentido, pero también la pérdida de alguna habilidad. Virilio plantea que en el pasado, ante un relato leído o escuchado, cada uno construía sus propias imágenes correspondientes a lo que era narrado, la gente "hacía el cine en sus cabezas". Ahora, con la televisión tan accesible, eso ya no es necesario: hay especialistas que fabrican las imágenes por nosotros y una capacidad de nuestra imaginación va claudicando.
La TV se ha convertido para muchos, y sobre todo para los muy jóvenes, en una necesidad. Me permito aquí traer un recuerdo personal. En 1986 retornamos, mi familia y yo, de un prolongado exilio en México. En el complicado proceso de reinstalación en Buenos Aires, la TV tuvo que demorar un poco su llegada al hogar. Esto causó desazón en los más pequeños, entonces de 12 y 13 años. El desexilio era para ellos muy costoso, sin recuerdos personales de Buenos Aires, retornaban a un planeta extraño. Conservo la imagen de una ocasión en que, un poco en broma, un poco en serio, se sentaron frente al visor de la máquina de lavar jugando a que estaban viendo televisión.
Quienes nacimos y crecimos cuando la televisión no existía, desarrollamos otras prácticas. Había que buscar entretenimiento, fuga o ensueño en la lectura o, cuando se podía, en el cine. La época propiciaba otras experiencias y formas de interacción.
Cada generación surge y se desarrolla en una cultura diferente. Hay distancias infranqueables entre las generaciones, aunque se hable el mismo idioma y se viva con los mismos objetos. La cultura cambia constantemente, y cada generación incorpora con naturalidad los códigos del momento en que se socializa: condiciona así sus percepciones, sus afectos, sus gustos, sus modos de ver el mundo.
Participamos de la misma época, espacios y problemas, pero en muchos aspectos circulamos paralelos por la misma ciudad, compartiendo los signos, distanciados en los significados.«

 
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LF05 pág. 08, 2002.

*Mario Margulis es Lic. en Sociología. Profesor Consulto de la Facultad de Ciencias Sociales(UBA) a cargo de la cátedra Sociología de la cultura.
 
 

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