|
| |
LoS VoToS LoS PoNGo SoLo
PoR HoNRoSoS
(¿son pocos los monos?... no los conozco) |
|
|
| |
ESCUCHO
A LOS POLÍTICOS, LEO SUS DECLARACIONES,
me meto en las noticias… ¿Estarán
diciendo la verdad? ¿Será posible
que todos mientan? Me encuentro frustrado.
Frustrado porque por más que busco
rutas para arrimarme a la verdad no la encuentro.
Lo que pasa es que he decidido no ser indiferente
ante los temas políticos, y muy a pesar
de mi inclinación a despegarme del
asunto trato de avanzar y entender. Pero yo
debo de ser muy bruto y también olvidadizo
porque en varios casos lo que dicen no coincide
con mi idea de lo que pasó. Además
todos parecen artistas de cine, se sonríen,
se pasean, se viajan. Y cuando hablan parecen
que están más estudiados que
el Martín Fierro. Estos políticos
se están convirtiendo en cáscara
de un producto que se hace cada vez más
difícil de descubrir y evaluar. Y al
final de todo me pregunto: este pibe…
¿qué me quiere vender?
¿Política? ¿Marketing?
¿Propaganda? ¿Publicidad?
Sólo en el terreno de las definiciones
técnicas las fronteras parecen claras
entre una cosa y la otra, porque en la vida
real la trama se hace muy densa, de manera
que me resulta bien difícil darme cuenta
de si son, si aparentan, si me influyen o
me están intentando vender, y yo lo
único que quiero es saber la verdad.
La influencia del marketing en la política
no es nueva: los políticos americanos
hace décadas que utilizan grandes despliegues
publicitarios, técnicas de investigación
de mercado y de marketing para influir sobre
los votantes. Y aquí en la Argentina
nuestro ilustre presidente (entre tantos otros
que lo pueden pagar) sondea la opinión
pública con obsesiva frecuencia desde
que fue gobernador de Buenos Aires. ¿Y
qué tiene eso de malo? Las técnicas
no son ni buenas ni malas, sí lo son
en cambio las intenciones, pero con esto entro
al típico terreno de la subjetividad
que tan vecino queda a lo relativo.
Y entonces me digo a mí mismo: basta
de hipocresía. Cuando hablo de marketing
y de publicidad de la manera en que lo hago
¿a qué me refiero, a la técnica
o al verso? No lo dudo: ¡a las mentiras!
Y según lo que leí hace poco,
en publicidad y en política hay tres
clases de ellas: lo que llaman supresiones
= hacer creer que una cosa que existe no existe;
adiciones = hacer creer que algo que en realidad
no existe, sí existe, y deformaciones
= hacer creer que algo que es de una manera
parezca que es de otra.
(Al revisar la carrera de algunos candidatos
no puedo menos que pensar que ellos leyeron
el libro hace rato)
La comunicación se ha convertido en
algo tan intrincado y enredado que la confusión
perjudica a votantes y políticos honestos,
haciendo que corruptos se mezclen con virtuosos,
de tal manera que permanezco convencido de
que estos últimos no existen, aunque
mi lógica me indique nuevamente que
esto no es posible y que algún honesto
debe haber.
No cabe duda de que el mejor remedio para
no caer bajo el engaño es estar informado,
pero esto supondría que la información
que poseo es veraz -no deformada- lo cual
parece bastante difícil de obtener.
Sobre todo si están entrenados para
“mentirme” de esa manera.
¿Entonces? Dado que los medios no necesariamente
son garantía, y los políticos
abusan de las “3 M”, lo que cabe
por analizar son los hechos. Y si bien son
factibles de ser inventados, ocultados o deformados,
no todo puede ser reescrito. Y para eso me
pregunté: ¿los políticos
actuarán como las marcas? ¿Tendrán
estrategias de marketing similares? Si fuera
así…
Tomarán posición respecto de
competidores
Buscarán asociarse a cosas creíbles
y atractivas
Apelarán a nuestras emociones más
que a la razón
Harán promesas de satisfacción
garantizada
Machacarán sobre una ventaja competitiva
Buscarán tener un packaging atractivo
Mencionarán que ya tienen clientes
satisfechos
Ahora bien, esto lo único que haría
es confirmar el uso de técnicas de
marketing, pero se me ocurre que quizás
una buena manera de evaluar a mi próximo
candidato sea a través de una matriz
de preguntas o especie de tabla de especificaciones
técnicas, algo muy parecido a lo que
haría si tuviera que comprar una heladera
o un microondas o cualquier aparato de marca
con potenciales vicios ocultos. ¿Cuál
es la promesa? ¿Es capaz de cumplirla?
¿Me sirve, lo necesito? ¿Vale
la pena el precio que debo pagar? ¿No
me estaré enganchando con el packaging?
¿Me estarán convenciendo con
la publicidad? ¿Qué dicen
los actuales usuarios? ¿Qué
pasa con la competencia? ¿Qué
compañía lo produce? ¿Quién
la maneja? ¿Son confiables?
¿Qué otros productos lanzaron
anteriormente? ¿Cómo anduvieron,
tenían fallas? ¿Es una compañía
argentina o fue comprada recientemente por
una extranjera?
Y si esto no alcanza habrá que volver
a lo básico: recurriré al cuestionario
que hizo la vieja para evaluar al novio de
mi hermana ¿Con quiénes
se junta? ¿Lo conocés?
¿Es un muchacho honesto? ¿Cuál
es su tema preferido? ¿Su situación
económica? ¿Dónde
vive? ¿Está recibido?
¿De qué trabaja? ¿Cómo
habla? ¿Come con la boca cerrada?
Quizás esta última técnica
indagatoria sea la más sensata, va
directo a la persona.«
|
|
|
|
|
|
|
 |
| LF05 pág. 04,
2002. |
|
|