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Ricardo Dempsey, info@diariolaflecha.org artículo 3 de 11
 
  LoS VoToS LoS PoNGo SoLo PoR HoNRoSoS
(¿son pocos los monos?... no los conozco)
 
  ESCUCHO A LOS POLÍTICOS, LEO SUS DECLARACIONES,
me meto en las noticias… ¿Estarán diciendo la verdad? ¿Será posible que todos mientan? Me encuentro frustrado. Frustrado porque por más que busco rutas para arrimarme a la verdad no la encuentro. Lo que pasa es que he decidido no ser indiferente ante los temas políticos, y muy a pesar de mi inclinación a despegarme del asunto trato de avanzar y entender. Pero yo debo de ser muy bruto y también olvidadizo porque en varios casos lo que dicen no coincide con mi idea de lo que pasó. Además todos parecen artistas de cine, se sonríen, se pasean, se viajan. Y cuando hablan parecen que están más estudiados que el Martín Fierro. Estos políticos se están convirtiendo en cáscara de un producto que se hace cada vez más difícil de descubrir y evaluar. Y al final de todo me pregunto: este pibe… ¿qué me quiere vender?

¿Política? ¿Marketing? ¿Propaganda? ¿Publicidad?
Sólo en el terreno de las definiciones técnicas las fronteras parecen claras entre una cosa y la otra, porque en la vida real la trama se hace muy densa, de manera que me resulta bien difícil darme cuenta de si son, si aparentan, si me influyen o me están intentando vender, y yo lo único que quiero es saber la verdad.

La influencia del marketing en la política no es nueva: los políticos americanos hace décadas que utilizan grandes despliegues publicitarios, técnicas de investigación de mercado y de marketing para influir sobre los votantes. Y aquí en la Argentina nuestro ilustre presidente (entre tantos otros que lo pueden pagar) sondea la opinión pública con obsesiva frecuencia desde que fue gobernador de Buenos Aires. ¿Y qué tiene eso de malo? Las técnicas no son ni buenas ni malas, sí lo son en cambio las intenciones, pero con esto entro al típico terreno de la subjetividad que tan vecino queda a lo relativo.
Y entonces me digo a mí mismo: basta de hipocresía. Cuando hablo de marketing y de publicidad de la manera en que lo hago ¿a qué me refiero, a la técnica o al verso? No lo dudo: ¡a las mentiras! Y según lo que leí hace poco, en publicidad y en política hay tres clases de ellas: lo que llaman supresiones = hacer creer que una cosa que existe no existe; adiciones = hacer creer que algo que en realidad no existe, sí existe, y deformaciones = hacer creer que algo que es de una manera parezca que es de otra.
(Al revisar la carrera de algunos candidatos no puedo menos que pensar que ellos leyeron el libro hace rato)
La comunicación se ha convertido en algo tan intrincado y enredado que la confusión perjudica a votantes y políticos honestos, haciendo que corruptos se mezclen con virtuosos, de tal manera que permanezco convencido de que estos últimos no existen, aunque mi lógica me indique nuevamente que esto no es posible y que algún honesto debe haber.
No cabe duda de que el mejor remedio para no caer bajo el engaño es estar informado, pero esto supondría que la información que poseo es veraz -no deformada- lo cual parece bastante difícil de obtener. Sobre todo si están entrenados para “mentirme” de esa manera.
¿Entonces? Dado que los medios no necesariamente son garantía, y los políticos abusan de las “3 M”, lo que cabe por analizar son los hechos. Y si bien son factibles de ser inventados, ocultados o deformados, no todo puede ser reescrito. Y para eso me pregunté: ¿los políticos actuarán como las marcas? ¿Tendrán estrategias de marketing similares? Si fuera así…
Tomarán posición respecto de competidores
Buscarán asociarse a cosas creíbles y atractivas
Apelarán a nuestras emociones más que a la razón
Harán promesas de satisfacción garantizada
Machacarán sobre una ventaja competitiva
Buscarán tener un packaging atractivo
Mencionarán que ya tienen clientes satisfechos

Ahora bien, esto lo único que haría es confirmar el uso de técnicas de marketing, pero se me ocurre que quizás una buena manera de evaluar a mi próximo candidato sea a través de una matriz de preguntas o especie de tabla de especificaciones técnicas, algo muy parecido a lo que haría si tuviera que comprar una heladera o un microondas o cualquier aparato de marca con potenciales vicios ocultos.
¿Cuál es la promesa?
¿Es capaz de cumplirla?
¿Me sirve, lo necesito?
¿Vale la pena el precio que debo pagar?
¿No me estaré enganchando con el packaging?
¿Me estarán convenciendo con la publicidad?
¿Qué dicen los actuales usuarios?
¿Qué pasa con la competencia?
¿Qué compañía lo produce?
¿Quién la maneja?
¿Son confiables?
¿Qué otros productos lanzaron anteriormente?
¿Cómo anduvieron, tenían fallas?
¿Es una compañía argentina o fue comprada recientemente por una extranjera?

Y si esto no alcanza habrá que volver a lo básico: recurriré al cuestionario que hizo la vieja para evaluar al novio de mi hermana
¿Con quiénes se junta?
¿Lo conocés?
¿Es un muchacho honesto?
¿Cuál es su tema preferido?
¿Su situación económica?
¿Dónde vive?
¿Está recibido?
¿De qué trabaja?
¿Cómo habla?
¿Come con la boca cerrada?

Quizás esta última técnica indagatoria sea la más sensata, va directo a la persona.«

 
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LF05 pág. 04, 2002.
 
 

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