« La Flecha 04 | Tiempo... ¿Libre?
   
Ivana Lombroni, info@diariolaflecha.org artículo 6 de 6
 
  CENICIENTA NO ES SAMANTA  
  ERA UN COMPAÑERO DE LABURO. Digo, es. Interesante: serio, pero simpático, responsable, muy trabajador, y de pelo cortito, caballero, respetuoso y encima, para alegría de mis viejos, estudia... Desde que yo había entrado al trabajo era el que más me copaba. Así que no dudé ni un instante en responder cuando me preguntó:
- ¿Qué hacés esta noche?
- Nada... la verdad es que no planeé nada porque resulta que una de mis amigas...
- ¿Salís conmigo?
- ¡SI!
La emoción fue mucha y se notó, pero no me preocupé. Pensé: al final siempre se quejan porque no les demostramos nada. Así que reivindiqué al gremio.
Me arreglé como todos los viernes. Los fines de semana son ocasiones especiales, por lo cual puse todo mi esmero en no parecer la oficinista que soy de lunes a viernes.
A las 11 llegó. Tocó el portero. Tardé un poco para hacerme esperar (en realidad sólo fueron tres minutos. No era cuestión de que se cansara). Cuando llegué al hall del edificio e intenté meter la llave en la puerta no lo conseguí. No es que tenga mal pulso pero mis ojos no creían lo que tenían enfrente. El chico que siempre aparecía en la oficina de camisita y jean ahora estaba íntegramente de negro, con un buzo de ACDC y zapatillas todas sucias. Logré abrir. Seguía atónita y más cuando vi el cinturón con tachas. Lo saludé y casi caigo ahí mismo del olor a cerveza. Debe haber notado mi mareo porque se escudó diciendo: hice tiempo con unos amigos. Y atrás de esa frase agregó: Vamo ´a un lugar que te va a encantar.
No entendía nada, pero después de todo no me era tan dramático. Era extraño pero iba a ser una buena anécdota. Además, el que no arriesga no gana... Mientras pensaba eso lo miraba y le sonreía, y en una de esas levantadas de mi cabeza vi que tenía un aro. Un falso-aro. Me preguntaba por qué lo usaba esa noche. Seguimos caminando y terminamos en un bar. Oscuro, pero por esa noche zafaba. Cuando entramos me dijo: no, acá no, es abajo. Qué??? Fuimos al subsuelo en donde había una banda que tocaba todo de Green Day. Para qué contar lo bien que la pasé...
La experiencia fue algo traumática. Pero como un golpe no es caída acepté, al tiempo, una invitación de un compañero de la facu. Pensé: es estudiante de Derecho, lo veo casi todos los días en la facultad. Además como si fuera poco hemos hecho algunos trabajos en el bar, así que también lo conozco afuera del ambiente facultativo. Es tímido, calladito, siempre anda con algún amigo pero no más. Siempre de traje y hasta el último botón cerrado. Así que no me podía llevar una sorpresa.
Quedamos en encontrarnos en un boliche donde él iba a estar desde temprano. Yo me fui bien arreglada. Llegué. Lo busqué. Tardé en encontrarlo. Lo tenía parado enfrente pero no lo reconocía. Digamos que era pero no era. Peinado con gel, pelo bien parado, remera y jean ajustado. Una cadenita de oro. Rodeado de chicos y chicas que se reían todo el tiempo. Cuando me acerqué me presentó a los gritos y después nos fuimos a la pista; desde ya que a bailar cada uno por su lado porque bailaba marcha a 100 x hora y yo ni podía ni tenía intenciones de seguirlo. Y como para que la noche fuera redondita me llevó a casa en auto con la música a todo volumen (y obviamente, vidrios polarizados).
Cuando tiempo después recibí la invitación de un chico del barrio, pensé en probar qué se sentía al cambiar tanto para una salida; me imaginaba que podría tener algo de interesante, asi que lo decidí sin más análisis.

A las 20 empezó la producción. Para arrancar me di cuenta de que evidentemente tenía que sorprenderlo. Así que busqué la pollera más corta que tenía (y que debe existir en el mundo): el clásico "cinturón ancho". En invierno son necesarias las medias para abrigarse, así que me puse unas tramadas que en realidad no sé si abrigaban mucho debido a los agujeros que las caracterizan. Para ver qué ponerme arriba me había tomado el trabajo de recorrer unos cuantos negocios. Según lo que las vidrieras ofrecían esa remera bien ajustada y cortita (tanto de abajo como de arriba) no podían fallar. Mi pensamiento fue: "si está en todos lados por algo es". Así que sin dudarlo pagué y esa noche me la puse. Lo del pelo era sencillo, lo arreglé con una vincha (ancha como mi pollera) y un batido que me hizo mi hermana (a quien recordé con cariño a la hora de desenredarme la pelambre). Dejé para el final lo mejor: el maquillaje (revoque, como le dicen los que no entienden nada). Los ojos de celeste, purpurina por toda la cara, unas estrellitas pegadas en el final de los ojos, bastante rubor y para terminar los labios de rosa y con mucho brillo.
Me miré en el espejo. Vueltita. Costaba reconocerme, la verdad.
23.30. Portero. Nervios. Última mirada en el espejo. Salí caminando a paso rápido. Bajé del ascensor, caminé hacia la puerta. Giré la llave y lo miré.
Mis ojos no podían creer lo que veían. Él estaba igual. Igual que todos los días y Yo era la Otra. Completamente distinta. Bajé, caminé hasta la vereda y lo saludé. Todavía no podía creer que él fuera el mismo de siempre. Y creo que él tampoco entendió nada porque se acercó, me saludó, me comentó algo del escote y se fue.«

 
  arriba »  
ver todos los artículos »  
LF04 pág. 09, 2002.
 
 

» ver extras de esta edición