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¿QUÉ VES…
qué hacés cuando no ves? |
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EL
OTRO DÍA ESTABA CON UNOS amigos discutiendo
de política (¡qué originales!).
¡Que se vayan todos! ¡Son todos
chorros! ¡Hay que hacer m… la
lista sábana!… y de repente uno
tiró: hay que hacer como los griegos
que no tenían políticos profesionales…
El comentario me dio por las orejas, justo
me arruinaba un argumento que venía
amasando. Me quedé con la vena por
el comentario y decidí verificar el
dato. Rasqué un cachito los libros
y tuve que darle la razón a mi amigo:
los griegos (atenienses para ser más
precisos) utilizaban gran parte de su tiempo
libre para dedicarse a las cosas importantes.
Esto me sorprendió pero recordé
otros episodios históricos y comprobé
que la historia de la humanidad está
repleta de casos donde el ocio ha sido productivo:
Arquímedes tuvo un relámpago
de creatividad mientras rebalsaba su bañadera,
Leonardo bosquejó el primer aladelta
mirando a los pajaritos, a Newton le salió
el chichón de la gravedad mientras
cabeceaba debajo de un árbol. ¡Y
todo esto mientras “hacían huevo”!
En cambio hoy, en el tercer milenio, tiempo
libre se parece más a parálisis
cerebral que a tarea extra-programática.
Analizando velozmente en qué invertimos
nuestro huevo me mandé una lista y
encontré que hoy tenemos una oferta
increíble de posibilidades para no
pensar. Y en mi lista apareció un ítem
que en principio consideré inofensivo
comparado con otros bastante letales como
el alcohol y la droga: los entretenimientos
mediáticos. ¿Cuántas
veces me desparramé en un sillón
y traté de poner la mente en blanco
disparando el control remoto? ¿…
u hojeando alguna revista? Eso: poner la mente
en blanco. Después de tanto libro,
tanto laburo…
Pero… ¿es posible esto de poner
la mente en blanco?
Para muchos, los noticieros y programas periodísticos
son una necesidad diaria, otros no pueden
vivir sin leer la sección deportes,
otros se cuelgan años en internet y
miles quedan enredados con el cholulaje de
las revistas de actualidad. Estudios realizados
demuestran que la mayoría de los televidentes
no recuerdan las noticias del día anterior,
que la exposición mental a datos, imágenes
y cifras es tan alta que en lugar de impactar
adormece. Y con un altísimo porcentaje
de información que no sirve para nada,
salvo el pronóstico meteorológico
que por lo menos sirve para decidir si se
sale o no con paraguas. A pesar de eso, la
cantidad de televisores y radios encendidos
en tiempo de huevo es abrumador.
Cuando pongo mi mente en blanco… después
de haber visto tres horas de TV o de haber
deglutido cualquier revista, ¿con qué
la llené?.
El proceso de recepción y comunicación
de mensajes es algo simple: input > procesamiento
> output. Si aplico esto a la información
que emite la mayoría de los medios
de comunicación las consecuencias pueden
ser fatales: entra una estupidez > proceso
la estupidez > digo estupideces. Obvio
que somos capaces de “filtrar”,
pero esta capacidad está muy relacionada
a porcentajes de probabilidad: si a todas
horas me rodeo de estúpidos es muy
probable que algo me quede pegado. Si los
medios me llenan de info basura pasará
algo muy parecido. La calidad de la información
que reciba afectará la manera en que
vea al mundo y, a la larga, mi manera de pensar.
Si te parece exagerado sentáte en un
bar un par de horas y escuchá las conversaciones,
fijáte los temas que se tratan.
Otra vez los griegos…
Estos tipos cambiaron la historia de la política,
de la filosofía, de las artes, iniciaron
el pensamiento científico. Hicieron
de su tiempo libre un tiempo de libertad,
de protagonismo, de cambio y novedad. Se preguntaron
de todo y buscaron las respuestas. Pero claro,
no tenían TV ni leían revista
Gente. Quizás la clave sea no tanto
“poner la mente en blanco” sino
más bien “cambiar de tema”.
No creo que se trate de adormecer el cerebro
sino más bien ponerlo a trabajar en
otra cosa.
Tengo una propuesta: no veas televisión,
no leas ningún diario, no wevees por
internet (salvo info super necesaria) y tratá
de ser conciente de lo que pasa a tu alrededor
en tus ratos libres. Mirá, analizá,
procesá y después mandame un
mail. Me interesa mucho saber en qué
invertiste el tiempo libre que te quedó.«
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| LF04 pág. 05,
2002. |
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