|
| |
| |
"LLEGARON
DE FUERA Y DE DENTRO, SU PERMANENCIA FUE ILUSIÓN."
Tardó en ponerse en movimiento, le
costó decidirse. Una esperanza mínima
lo acompañó la mayor parte del
trayecto. Llegó de noche con los pies
sucios y gruesos. Se paró frente a
la puerta. Esperó quieto. Esperó
más… y otro tanto aún.
Con un ruido la puerta se abrió y por
detrás apareció. Era un poco
más bajo de lo que imaginaba, pero
igual de prolijo. Parecía limpio y
nuevo, lo reconoció elegante (típico
de ellos). Sus manos eran blancas y los dedos
alargados y lisos; instintivamente miró
las suyas y se sorprendió de verlas
por primera vez groseras y básicas.
Él lo miró neutro y preguntó
porqué había venido (se suponía
que nunca vendrían, que nunca dialogarían).
- Es que… alguno tiene que hacer algo,
¿vió?.
- ¿Ahora? …nos estamos yendo.
- …¿se las toman?
- Volvemos de donde alguna vez vinimos, …o
vamos adonde podamos estar bien.
¿Volverse? ¡Irse! ¿Cómo
podían desentenderse así? ¡Qué
locura! ¿Y quién se quedaba?
Esto era una irresponsabilidad atroz. Su gente
sola no podría (nunca habían
podido). Siempre confiaron en que ellos reaccionarían
tarde o temprano, siempre pensaron que cuando
pararan de jugar la cosa marcharía
en serio. Entonces, comenzó a crecer
en él la noción de que ellos,
quizás, nunca habían pensado
en hacer otra cosa. Su confusión poco
a poco se convirtió en impotente indignación,
como herida a traición.
- ¡Pero si acá estaban bien!
- le disparó a la cara.
- Sí… pero cada vez somos menos…
y no es divertido ver tanta miseria.
- ¿Miseria? Y vos que c… sabés
de eso! ¡Lo que quieren es zafar!
Sin embargo tieso de rabia recordó
que los suyos a veces entonaban melodías
de regreso, que también hablaban de
estar sólo de paso. Recordó
haber escuchado eso de "volver al pago".
De lugares propios, con mas espacio y menos
ruido. Lento, preguntó:
- y… ¿quién queda? …¿quién
se hace cargo?
- Nunca hubo nadie a cargo.«
|
|
|
|
|
|
|
 |
| LF02 pág. 10,
2002. |
|
|