¿Por
qué empezaste a trabajar con los
chicos de la calle?
Con una amiga teníamos un par de
cosas para donar, entonces decidimos llevarlas
a un hogar de chicos que había cerca
de mi casa. Fui, conocí a los chicos
y eso me partió la cabeza. Ahí
nos propusieron hacer un taller de lectoescritura.
Yo ahí tenía 18 años
y estaba haciendo el CBC para medicina.
Desde ahí se me plantearon un montón
de cosas. El hecho de compartir ese espacio
en el que los chicos van predisgustos a
aprender fue espectacular. Iba viendo que
podía construir un montón
de cosas buenas, y me empecé a preguntar:
¿Qué quiero yo?
¿Como fue tu decisión
de estudiar medicina?
Mi viejo es médico. Desde chiquita
quería ser veterinaria porque me
gustaban los animales. En quinto año,
cuando tuve que decidir, mi viejo me sentó
y me dijo: Mira, para estudiar 6 años
algo que vas a terminar vendiendo comida
para perros, estudia medicina que tenes
mi consultorio, tenes todos los contactos,
tenes todo, y vas a tener una buena posición.
Me sentía capaz de hacerlo, así
que empecé medicina. Cuando conocí
a los chicos me di cuenta de que quería
otra cosa. Así que dejé medicina
y empecé a estudiar magisterio. Para
mi viejo fue medio una desilusión;
él esperaba la hija médica,
que siguiera sus caminos.
¿Como influyó en tu
manera de encarar el estudio?
Cambió totalmente. Las pilas que
pones son distintas, te vas planteando otras
cosas. El hecho de sentarte delante de los
libros a estudiar es otra cosa, porque pensas
“lo hago por Juan, lo hago por fulanito”.
Eso es impresionante. Una gran traba para
mi fue hablar con asistentes sociales, con
gente que ya estaba en estoy, y ver que
muchos ponía cero pila, onda “Estoy
trabajando en esto pero no veo la hora de
que mi horario termine”. Y esos me
lo cuestionaba: ¿yo voy a terminar
como ellos? ¡No, por favor! ¿Voy
a terminar acostumbrándome a ver
un pibe drogado? No. No quiero acostumbrarme.
¿Que implicó en tu
vida empezar a trabajar con los chicos de
la calle?
Una entrega total… amarlos. Ahora,
por ejemplo,, estoy trabajando en un hogar,
también estoy en la calle. Cuando
caen presos los visito, si están
enfermos o alguno se lastimó con
algo voy y lo llevo al hospital, los acompaño
a la casa cuando tienen ganas de ver a los
viejos y tienen miedo de llegar y que les
peguen una piña. Qué sé
yo… creo que se trata de estar. Estar.
Sabemos que lo que se les paga hoy
a los maestros no es mucho. ¿Cómo
te planteaste esto en relación con
tu nivel de vida futuro?
Desde el momento en que yo elijo estudiar
maestra o asistente social, mi opción
pasa por otro lado. No en hacer plata como
para vivir bien y comprarme una casa. Yo
voy a ser feliz realmente cuando vea que
esta realidad está cambiando. Ahí
está puesta mi felicidad, en el salario
mínimo que tenga.
¿Qué le dirías
a alguien de nuestra edad que no cree que
las cosas puedan cambiar?
Se me viene a la cabeza toda la gente que
está haciendo cola en los consulados
para irse…Les diría que piensen
en lucharla desde acá. Cuando planteen
sus objetivos que no sean solamente mirando
su ombligo. Traten de ver qué es
lo que pasa alrededor y recién hay
van a encontrar el camino para sentirse
mejor. Esto puede cambiar, pero de la crisis
se sale “poniendo el hombro”.
No llegando a mi casa, quejándome
y mirando las noticias diciendo “!Que
m… es esto!” o “¡Por
qué estos políticos hacen
esto?”. Y bueno, ¿y vos que
hiciste?¿y vos qué haces?.
O al ver a un pibe pidiendo, pensar “y
estos que se robaron todo!! Mi pregunta
es: ¿y vos que hiciste?, ¿y
vos que haces por ellos? «
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