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  ERIKA  
 

¿Por qué empezaste a trabajar con los chicos de la calle?
Con una amiga teníamos un par de cosas para donar, entonces decidimos llevarlas a un hogar de chicos que había cerca de mi casa. Fui, conocí a los chicos y eso me partió la cabeza. Ahí nos propusieron hacer un taller de lectoescritura. Yo ahí tenía 18 años y estaba haciendo el CBC para medicina. Desde ahí se me plantearon un montón de cosas. El hecho de compartir ese espacio en el que los chicos van predisgustos a aprender fue espectacular. Iba viendo que podía construir un montón de cosas buenas, y me empecé a preguntar: ¿Qué quiero yo?

¿Como fue tu decisión de estudiar medicina?
Mi viejo es médico. Desde chiquita quería ser veterinaria porque me gustaban los animales. En quinto año, cuando tuve que decidir, mi viejo me sentó y me dijo: Mira, para estudiar 6 años algo que vas a terminar vendiendo comida para perros, estudia medicina que tenes mi consultorio, tenes todos los contactos, tenes todo, y vas a tener una buena posición. Me sentía capaz de hacerlo, así que empecé medicina. Cuando conocí a los chicos me di cuenta de que quería otra cosa. Así que dejé medicina y empecé a estudiar magisterio. Para mi viejo fue medio una desilusión; él esperaba la hija médica, que siguiera sus caminos.

¿Como influyó en tu manera de encarar el estudio?
Cambió totalmente. Las pilas que pones son distintas, te vas planteando otras cosas. El hecho de sentarte delante de los libros a estudiar es otra cosa, porque pensas “lo hago por Juan, lo hago por fulanito”. Eso es impresionante. Una gran traba para mi fue hablar con asistentes sociales, con gente que ya estaba en estoy, y ver que muchos ponía cero pila, onda “Estoy trabajando en esto pero no veo la hora de que mi horario termine”. Y esos me lo cuestionaba: ¿yo voy a terminar como ellos? ¡No, por favor! ¿Voy a terminar acostumbrándome a ver un pibe drogado? No. No quiero acostumbrarme.

¿Que implicó en tu vida empezar a trabajar con los chicos de la calle?
Una entrega total… amarlos. Ahora, por ejemplo,, estoy trabajando en un hogar, también estoy en la calle. Cuando caen presos los visito, si están enfermos o alguno se lastimó con algo voy y lo llevo al hospital, los acompaño a la casa cuando tienen ganas de ver a los viejos y tienen miedo de llegar y que les peguen una piña. Qué sé yo… creo que se trata de estar. Estar.

Sabemos que lo que se les paga hoy a los maestros no es mucho. ¿Cómo te planteaste esto en relación con tu nivel de vida futuro?
Desde el momento en que yo elijo estudiar maestra o asistente social, mi opción pasa por otro lado. No en hacer plata como para vivir bien y comprarme una casa. Yo voy a ser feliz realmente cuando vea que esta realidad está cambiando. Ahí está puesta mi felicidad, en el salario mínimo que tenga.

¿Qué le dirías a alguien de nuestra edad que no cree que las cosas puedan cambiar?
Se me viene a la cabeza toda la gente que está haciendo cola en los consulados para irse…Les diría que piensen en lucharla desde acá. Cuando planteen sus objetivos que no sean solamente mirando su ombligo. Traten de ver qué es lo que pasa alrededor y recién hay van a encontrar el camino para sentirse mejor. Esto puede cambiar, pero de la crisis se sale “poniendo el hombro”. No llegando a mi casa, quejándome y mirando las noticias diciendo “!Que m… es esto!” o “¡Por qué estos políticos hacen esto?”. Y bueno, ¿y vos que hiciste?¿y vos qué haces?. O al ver a un pibe pidiendo, pensar “y estos que se robaron todo!! Mi pregunta es: ¿y vos que hiciste?, ¿y vos que haces por ellos? «

 
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LF02 pág. 08, 2002.
 
 

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